Logo de Margen   Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales
Edición digital

Edición N° 50 - invierno 2008

El cansancio moral en el “arte de enseñar” Trabajo Social

Por:
Silvana Rodríguez
* (Datos sobre la autora)


“No creas lo que tus ojos te dicen.
Sólo muestran limitaciones.
Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes,
y hallarás la forma de volar”.
Richard Bach


En este escenario actual, donde la desocupación, la pobreza y la indigencia se hacen presentes a pesar de todo intento oficial de simular su número real; donde la inequidad y la desigualdad social son características intrínsecas a esta realidad; donde las problemáticas sociales se complejizan cada día más; donde se observan y vivencian desde los distintos espacios socio- ocupacionales constantes limitaciones; donde se escucha a la persona con la que intervenimos manifestar su padecimiento, expresión permanente de la vulneración e injusticia social; en este contexto actual donde ejercemos el Trabajo Social Real 1, es casi inevitable sentir el cansancio moral.

Y si entendemos, como dijera Freire, que la educación en cuanto práctica liberadora, halla su esencia en la dialogicidad y ésta, se desarrolla desde la desesperanza que implica “el cansancio y tedio de todos los que se cansaron de creer2 , entendemos que merece una reflexión particular la presencia del cansancio moral en el “arte de enseñar” el Trabajo Social .

A l hablar de arte en relación con el proceso de enseñanza- aprendizaje del Trabajo Social, partimos del supuesto que, “ el educador es, antes que nada un artista. Porque para ser un buen coordinador, lo importante no es solamente procurarse las reglas necesarias, sino explorar nuevos caminos que nos conduzcan al mismo objetivo ” (Caputo: 1997: 278)

En este sentido, consideramos que adquiere gran relevancia dicha reflexión, en tanto que en esta formación en particular, se pretende trasmitir un “modus operandi” que aporte a constituir y construir un “habitus profesional”, de una profesión que se desarrolla con la participación plena de los sujetos con los que intervenimos, con intención de aportar a la transformación de las situaciones de padecimiento vinculadas a problemas sociales, o bien, intervenir en situaciones que impliquen la posibilidad de daño, en miras a un proyecto societal que garantice igualdad, equidad y justicia.

De este modo , entendemos que esta desesperanza que mencionábamos anteriormente en relación al cansancio moral, puede ser trasmitida por el docente a los estudiantes desde el discurso, desde la acción, o peor aún, desde la incoherencia entre lo que se dice, hace y piensa, teniendo ello terribles implicancias no sólo en quiénes están en su proceso de formación profesional, en tanto aprendizajes afectivos del rol, sino y esencialmente, en las personas con las que van a trabajar.

Cabe señalar que la desesperanza de que la que hablamos, trasciende únicamente al sentir, ya que, generalmente esta actitud se vincula estrechamente con las débiles aptitudes respecto a insumos teóricos- metodológicos, o bien, a las dificultades para construir mediaciones conceptuales, impidiendo ello, que estos docentes puedan visualizar más allá de lo inmediato-aparente, no pudiendo así, identificar brechas, espacios estratégicos para la acción. Apelando así, a la mirada fatalista sobre el ejercicio profesional, constituyendo al “nada puede hacerse” como principio directriz de la (de) formación profesional.

De este modo, frente a la inestabilidad que genera la fragilidad e inconsistencia profesional puesta en acto en el desarrollo del rol docente, se recurre como único modo de imponer (“enseñar” para ellos) a la arbitrariedad, soberbia y autoritarismo, evitando así todo tipo de intercambio con los estudiantes, que ponga en riesgo su “seguridad”, su “saber”, su “verdad”, reproduciendo así el supuesto que concibe, que la función de la educación es “simplemente la de “impartir conocimientos”” (Pac; 1997: 226)

Por ello, nos proponemos en estas líneas, reflexionar sobre como nos atraviesa ese cansancio a la hora de trasmitir el oficio de ser Trabajador Social, más aún cuando ejercemos en diferentes ámbitos socio-ocupacionales el Trabajo Social real, y nos enfrentamos a diario a este escenario del desencanto. Siendo, a nuestro criterio, más expuesto aún, el rol del docente que acompaña, supervisa y evalúa al estudiante, en sus prácticas de formación profesional.

A partir de ello, nos proponemos poder identificar algunos elementos que nos permitan desarrollar la docencia desde la vigilancia ética y competencia profesional, y no “únicamente” desde el sentir moral.

En relación con ello, comenzaremos por preguntarnos cuál debería ser el rol del docente en la formación de los trabajadores sociales, para luego adentrarnos en el papel que juega el docente en el aprendizaje de los estudiantes del rol profesional, no sólo en cuanto a contenidos teóricos, conceptuales, sino también y fundamentalmente, a la transmisión de los aprendizajes afectivos del rol, para así, por ultimo, analizar como incide en ellos la desesperanza de la que hablamos anteriormente.

El rol del docente, trabajador social, en la formación de los trabajadores sociales

En primer lugar entendemos que “ejercer la docencia universitaria implica asumir una responsabilidad y un desafío frente a la sociedad que no sólo involucra a los que tienen la tarea de conducir el proceso de enseñanza- aprendizaje en las aulas. Enseñar y aprender vincula en primera instancia a docentes y alumnos en una relación que se inscribe en contextos socio-históricos y políticos determinados, desde donde emergen condiciones y posibilidades que delimitan y sustentan las prácticas educativas” (Gonzalez-Nucci; 2005:21)

En este sentido, y siguiendo a Kisnerman, entendemos que, el trabajador social docente es el que anima, facilita el proceso de enseñanza –aprendizaje; quien con sus conocimientos, habilidades y desde un pensamiento crítico, propicia el diálogo, la apertura entre estudiantes - docente, de modo que se pueda construir conjuntamente el aprendizaje.

“Es aquel que moviliza para “la decisión y la responsabilidad social y política”, como decía Paulo Freire, “el que predispone a constantes revisiones al análisis critico de sus descubrimientos, a una cierta rebeldía, en el sentido más humano de la expresión””. (Kisnerman, 1997: 221)

En concordancia con ello, entendemos que este proceso de formación debe posibilitar que los estudiantes se reconozcan como agentes profesionales con capacidad para establecer relaciones e interacciones en las que se deconstruyan, construyan e intercambien saberes y produzcan colectivamente nuevos conocimientos. (Gonzalez-Nucci: 2005: 23)

Recordemos que, “acompañar al estudiante consiste en poder manejar adecuadamente la propia exigencia y la comprensión, poder vincularse adecuadamente, a la vez que respetar las posibilidades del estudiante y las del tutor. Aceptar que el proceso de aprendizaje, guía y orientación están sujetos a procesos vitales y humanos (del estudiante y del tutor) llenos de contradicciones, limites e incertidumbres3 (Puig; s/d: 10)

De acuerdo con ello, señalamos y coincidimos en “la importancia y la responsabilidad que le compete al docente tanto en lo que respecta al “cuidado” necesario de las personas involucradas en dichos procesos como en lo referente al seguimiento y acompañamiento del proceso de aprendizaje, con el fin de reconstruir la situación y hacer una devolución desde una mirada, desde un rol profesional, que permita una reflexión sobre el propio hacer de cada estudiante.” (Travi-Giribuela; 2006:9) Y agregaríamos a ello, una autorreflexión por parte del docente a cargo, que contribuya al autoconocimiento el cual permita identificar debilidades y fortalezas para y en el desarrollo del rol.

Tengamos en cuenta, y no es un detalle menor que, los docentes, trabajadores sociales generalmente “son la primera imagen del mundo profesional que recibe el estudiante” a partir de ello, “conocerán un talante personal, un estilo y un modelo profesional”.

En este sentido, remarcamos de la importancia del rol del docente, trabajador social, en la formación de los trabajadores sociales, no sólo en lo que respecta a los contenidos teóricos-conceptuales, y con ellos los metodológicos, sino y particularmente, en relación con los aprendizajes afectivos del rol. Concepto en el que nos detendremos a continuación.

Aprendizajes afectivos en la formación profesional de los trabajadores sociales

Entonces, y siguiendo a Medaura, cuando hablamos de aprendizajes afectivos, nos estamos refiriendo “al mundo de las apreciaciones, de los intereses, de los ideales, en definitiva de las actitudes”

Asimismo señalará que “estos aprendizajes son difíciles de alcanzar, no son las exposiciones, las charlas, los sermones, las lecturas sobre los distintos temas, los medios más apropiados. Sólo se logran a través de vivencias y de experiencias significativas 4 para los alumnos”, concluyendo en que “No es una conducta propiamente sino una preparación para actuar”. (Medaura; 1987: 13)

También, esta autora planteará, que existen dos modos de adquirir estas actitudes:

  • Directo: a través de la propia experiencia. La satisfacción que me produce la experiencia de algo me lleva a elegirlo;

  • Indirecto: a través de la identificación con personas que el alumno quiere y admira. En este sentido, ella resaltará la importancia que reviste el docente como generador de actitudes.

En este sentido, es que identificamos la relevancia del rol docente en los aprendizajes afectivos del rol profesional, en tanto que constituyen la dimensión axiológica de la formación profesional. La cual se constituye como imprescindible en cualquier formación profesional, pero más aún, en una profesión como el trabajo social, que desarrolla su ejercicio profesional con la participación plena de los sujetos con los que intervenimos, siendo la construcción del vínculo profesiona,l el medio por excelencia, para desarrollar dicha intervención.

Asimismo fundamentamos la importancia de estos aprendizajes, y del papel central del docente, trabajador social en ellos, a partir de sostener que el ejercicio del trabajado social es algo más que la mera aplicación de conocimientos, que implica y requiere un aprender a saber hacer critico, como parte de su proceso de formación profesional. Y que, como dijéramos anteriormente, éste se aprehende de manera significativa, en relación con la representación que simbolice el docente, más aún si su profesión es la que se aspira alcanzar.

Entonces, si sostenemos, retomando a Freire que el diálogo se constituye como elemento esencial de la educación, en cuanta liberadora y no opresora, coincidiremos en que el diálogo es el encuentro de los hombres para ser más, y éste no puede realizarse en la desesperanza. Si los sujetos del diálogo nada esperan de su quehacer, ya no puede haber diálogo. Su encuentro allí es vacío y estéril. Es burocrático y fastidioso.

En relación con ello, y entendiendo que “el papel del educador problematizador es el de proporcionar, conjuntamente con los educandos, las condiciones para que se dé la superación del conocimiento al nivel de la “doxa” por el conocimiento verdadero, el que se da al nivel del “logos” . Consideramos que merece una reflexión particular la presencia del cansancio moral , como manifestación del malestar- inestabilidad general, que caracteriza al escenario actual, en el ejercicio del rol docente del trabajador social .

El cansancio moral en el arte de enseñar el Trabajo Social

Como dijéramos anteriormente el rol docente, más aún de quienes están a cargo de las prácticas profesionales de los estudiantes, ( en tanto “modelo profesional” desde el ejercicio en terreno ), tienen una gran responsabilidad respecto al “cuidado” 5de las personas con las que intervienen los estudiantes, los estudiantes, los referentes institucionales, el equipo en el que se enmarca su ejercicio ( incluso a veces trabajando para revertir inconsistencias ) y la Universidad; descuidando generalmente, el autocuidado , olvidando que, como señalará Puig, el profesional se constituye él mismo como recurso .

En este sentido, teniendo en cuenta las condiciones laborales en las que se ejerce el Trabajo Social real, siendo la docencia universitaria no excluyente a las mismas ( las cuales merecen otro análisis ), los profesionales a cargo de esta tarea, habitualmente ( lo cuál no significa que sea lo natural ) cuentan con uno, dos y hasta tres trabajos adicionales, para poder cubrir sus necesidades básicas. Lo cual implica estar casi la totalidad de la jornada diaria, en permanente contacto con situaciones de padecimiento, enfrentando las diferentes limitaciones institucionales, vinculadas generalmente con las aspiraciones profesionales, en cuanto deber ser , lo esperable y lo que efectivamente se puede hacer, implicando ello, malestar, desgaste profesional, conllevando al cansancio moral.

De esta forma, e ste cansancio se constituye como una de las manifestaciones del síndrome de agotamiento , siendo otras de sus características las siguientes:

  • El aislamiento, el aumento de conflictos con otras personas y la tendencia a la irritabilidad. La excesiva dependencia de los compañeros y la disminución de las relaciones con otras personas fuera del lugar trabajo también están presentes;


  • El agotamiento emocional, que se muestra con sentimientos de fatiga, de tristeza y de aburrimiento, o bien de sentirse atrapado y prisionero del trabajo, con una disminución de la autoestima profesional que repercute negativamente en la autoimagen y que va acompañada de deseos de cambiar de trabajo, de distanciarse de los compañeros y de los usuarios. También pueden aparecer alteraciones físicas o del comportamiento: el cansancio, el insomnio, dolores de cabeza persistentes o aumentos de consumo de tabaco, café o fármacos.

De este modo, si se hacen presentes algunas de estas características en el docente, se dificulta la posibilidad de vislumbrar oportunidades reales que aporten a la transformación de las situaciones problemáticas, ( en tanto que el mismo profesional está inmerso en una situación de padecimiento ), razón por la cuál, pensar en el aporte de la disciplina, desde lo particular a un proyecto societal que contribuya a la integración, igualdad, equidad, justicia, se constituye en un “ideal absurdo”, en un “imposible”, en una “fantasía”.

Desde esta perspectiva, que siguiendo a Freire, y salvando las distancias, hemos dado en denominar desesperanza , muchas veces se ejerce el rol docente, y desde ella se construye el diálogo con los estudiantes, aportando muy poco, en cuanto a plantear convincentemente, e identificar posibilidades reales, de construir, recrear, rehacer como parte del proceso de formación y ejercicio profesional, constituyéndose así, el “ nada puede hacerse ” como principio directriz de los futuros profesionales.

Entonces y en relación con este aspecto en particular , sin desconocer por ello que hay condiciones objetivas y unos tantos condicionantes que exceden al ejercicio docente, pero que no se constituyen como objeto de esta reflexión , plantearemos algunos interrogantes que inferimos pueden hacerse los estudiantes durante su proceso de formación, desde esta perspectiva de desesperanza, ¿Cómo “creer” qué es posible una práctica transformadora?, ¿qué sentido adquiere la formación si nada puede hacerse? ¿para qué comprometerse con la formación desde la lectura, la asistencia a clases y/o el desarrollo de las prácticas de formación profesional, sino se hará ningún aporte, a un cambio social? ¿tiene sentido, es válido, estudiar Trabajo Social?

En este sentido, y desde la plena convicción de que esta profesión tiene un valor fundamental para la sociedad, en tanto profesión reconocida y legitimada socialmente, que cuenta con un conjunto de saberes y metodología propios y una ley que regula su ejercicio; y que desde la docencia del Trabajo Social “ aspiramos a que la enseñanza se constituya en la orientación de un proceso de aprendizajes significativos, aportando lineamientos ético- políticos, teórico- referenciales, y metodológicos, así como oportunidades de ejercitar prácticas que permitan la incorporación de modos de ver y de obrar en una concepción de respeto por el otro, reconocimiento de las diferencias y horizontalidad en las relaciones ” ( Gonzalez-Nucci: 2005: 26); nos proponemos poder identificar, en primer lugar, la presencia de este cansancio moral en el docente, para luego, visualizar aquellos elementos que nos permitan desarrollar la docencia desde la vigilancia ética y competencia profesional, y no “únicamente” desde el sentir moral.

Por un lado entonces, y ante todo, partir de que el profesional que atiende y trabaja con personas que presentan y padecen situaciones problemáticas, debe, como sostiene Puig, integrar su dimensión profesional con la personal. (Recordemos lo que señalaba Kisnerman, en cuanto a que nuestra propia personalidad es una herramienta de trabajo), teniendo en cuenta ello, como punto de partida, entonces debemos comenzar por autoevaluarnos, autoobservarnos, autocuidarnos. Y si visualizáramos que ello es sumamente complejo y difícil de llevar a cabo, deberíamos solicitar ayuda para favorecer ello. (No olvidemos que esto es inherente al rol y ética profesional)

De esta manera identificar nuestros supuestos, nuestras dificultades, nuestras limitaciones, sentires, (como también habilidades, capacidades y potencialidades) y evaluar así, si se presenta en nuestro accionar, si se evidencia, alguna de las características del síndrome de agotamiento enunciadas anteriormente. 6

Por otro lado, consideramos que algunos elementos que pueden contribuir a “evitar” ese cansancio moral, trasmitido en el accionar docente desde la desesperanza que referíamos anteriormente, podrían ser, a nuestro criterio, los siguientes 7:

  • La supervisión: la incorporación de la mirada, orientación y sugerencia de otro profesional, con experiencia, habilidad, conocimiento, debería favorecer la gama de posibilidades del actuar docente en sus diferentes funciones. Lo recomendable es un docente, profesional del propio grupo, como un profesional externo que pueda aportar otra mirada, incluso y tan importante como la individual, la supervisión del grupo (equipo docente);

  • Consolidación teórica: mayor incorporación de lectura, análisis y estudio de material bibliográfico, que debería permitir la ampliación de la mirada, la lectura y análisis de las situaciones que junto con las personas abordamos, desde la relación de lo particular con lo general, construyendo mediaciones conceptuales, evitando así reproducir la falsa dicotomía teoría- práctica.

De esta manera, la consolidación teórica permitiría propiciar la pregunta y repregunta hacia los estudiantes, elemento fundamental para propiciar la curiosidad, la actitud investigativa, problematización, elementos imprescindibles para desarrollar una sólida formación y ejercicio profesional, y asimismo desarrollar la capacitación permanente por parte del docente (y trasmisión a los estudiantes), como deber ético profesional.

En este sentido, la lectura, debate y análisis grupal, permiten nuevos y enriquecedores aprendizajes, propician la construcción conjunta de nuevos saberes;

  • Fortalecimiento de sentido de pertenencia al equipo docente: replantearse los supuestos teóricos, éticos, políticos que sustentan al equipo en el marco de una asignatura, y analizar su coherencia entre lo enunciado y la efectiva puesta en acto de los mismos, en cuanto al grupo como tal y de cada integrante en particular;

En base a ello, rever los supuestos propios, los intereses y motivaciones que condujeron al ejercicio docente, y a la participación en esa asignatura, y así reforzar el sentido pertenencia (o por el contrario, evaluar si es pertinente en relación con lo dicho la presencia del docente en esa asignatura), de modo que la participación en ese equipo y en esa asignatura sea desde la plena convicción y en concordancia con ello, sea lo que se trasmita en el ejercicio docente.

  • Socialización de las experiencias: poder compartir con los otros docentes, en principio del mismo equipo 8, las experiencias vivenciadas como docentes, trabajadores sociales, con el fin de poder conjuntamente analizar y pensar estrategias que aporten a mejorar la calidad de la formación. De esta manera poder visualizar también que las dificultades no son siempre un problema individual, sino que generalmente son compartidos por otros, lo cual podría desarrollarse, si se quiere, con una intencionalidad de componente terapéutico;

  • Revalorización del trabajo realizado: a partir de establecer metas a corto, mediano y a largo plazo, evaluar el cumplimiento de las mismas, en relación con el aporte individual a ello. Asimismo sería importante que esta revalorización también sea ejercicio habitual de quien esté a cargo de ese equipo, en tanto que el cuidado y valoración permiten fortalecer al docente en su dimensión profesional y personal, y consecuentemente mejorar su desempeño;

  • Momentos de dispersión, ocio: al interior de cada equipo, poder generar espacios, aunque sean mínimos de tiempo, de dispersión, ocio. Los cuales permitirían nuevas formas de encuentro y reencuentro, que aportarían a la solidificación de la dimensión personal del grupo, y profesional del equipo, aportando así, a potenciar el sentido de pertenencia y pertinencia con el mismo, pudiendo contribuir así a evitar, entre otras cosas y de algún modo, la deshumanización, tan presente en estos tiempos;

  • Construcción desde la horizontalidad del vinculo docente-estudiante: si bien los roles son y deben ser diferenciados, sostenemos que la construcción del vinculo debe realizarse desde la horizontalidad para favorecer el proceso de enseñanza- aprendizaje, recordemos que “el docente no puede enseñar si él mismo no está aprendiendo: para que pueda enseñar, es necesario que tenga que aprender. La única ventaja que tiene el docente por sobre el alumno es que es consciente de la infinitud de su aprender” (Pac, 1997:277).

Asimismo la incorporación de la evaluación por parte de los estudiantes hacia el docente, es un aspecto más que importante e interesante para rever, evaluar y reorientar el ejercicio docente;

  • Elegir el Trabajo Social: elegir con plena convicción el Trabajo Social como profesión, como forma de mirar y leer la realidad, como aporte desde sus fines últimos al desarrollo pleno de ciudadanía, como aporte a un proyecto societal que implique el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, desde la justicia, igualdad, equidad, con la certeza de que es posible, de que siempre hay una brecha para la acción, para la intervención transformadora.

Desde allí, desarrollar y elegir la docencia, pensando en colaborar en la formación de futuros colegas, críticos, creativos, consolidados teóricamente y convencidos de que tiene sentido ser Trabajadores Sociales. Y de esta manera, que la docencia se constituya desde la responsabilidad que implica, en la vivencia de una instancia privilegiada y placentera, al ser parte del proceso de formación de futuros trabajadores sociales.

Como diria Galeano “Son cosas chiquitas, no acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Baba, pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Y que esa alegría de hacer , y fundamentalmente la de poder formar parte de ese aprender a saber hacer , sea la que impulse el arte de enseñar el trabajo social , y al actuar, al hacer conjuntamente podamos ver y convencernos, que esta realidad es transformable, que en ello radica la esencia de esta profesión, la esperanza de que es posible, de que se puede y podemos aportar a construir otra realidad “mejor y más feliz”.

Bibliografía :

  • BERNHARST, Florencia- NATALE, Lucia (2007): Leer en la adversidad. Manual de lectura en los barrios. Ministerio de Educación, ciencia y tecnología de la Nación, Secretaria de Políticas Universitarias – UNLu, Departamento de Cs. Sociales.

  • CARBALLEDA, Alfredo (2002): La intervención en lo social. Exclusión e Integración en los nuevos escenarios sociales. Ed. Paidós. Bs. As.

  • DI CARLO, Enrique y AAVV (2004): La profesión de Trabajo Social. Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social. Universidad Nacional de Mar del Plata – PAIDEIA.

  • FREIRE, Paulo (): pedagogía del oprimido

  • GONZALEZ, Cristina- NUCCI, Nelly (2005): Enseñar a intervenir con familias. Algunas reflexiones del Trabajo Social. En: Rev. Escenario Nº 9, UNLP.

  • KISNERMAN, Natalio (1998): Pensar el Trabajo Social. Una introducción desde el construccionismo. Ed. Lumen Humanitas, Bs. As

  • ____________________ (1984): El Método: Intervención transformadora. Tomo III, Colección Teoría y práctica del Trabajo Social. Ed. Humanitas. Bs. As . Págs. 13 a 28

  • KOHAN, Walter- WAKSMAN, Vera (Comp.)(1997): ¿Qué es la filosofía para niños?. Ed, UBA, Bs. As.

  • MALIANDI, Ricardo (2004): Ética: conceptos y problemas. Ed. Biblos, Bs. As.

  • PUIG, Carmina (s/d): La profesionalización del estudiante y el espacio práctico de calidad. Plan de practicum de intervención e innovación docente. El rol docente del tutor de prácticas. El acoplamiento del estudiante. Formación y supervisión. Versión electrónica.

  • __________________: El malestar de los profesionales, el agotamiento y la importancia de la supervisión. Versión electrónica.

  • TRAVI, Bibiana. - GIRIBUELA, Walter (2006): El proceso de enseñanza/aprendizaje de los contenidos procedimentales en la asignatura Trabajo Social II – UNLu. Ponencia presentada en: VI Congreso de Escuelas Universitarias de Trabajo Social. Trabajo Social en la Europa del siglo XXI. 17,18 y 19 de mayo – Zaragoza.


NOTAS

1 Según Di Carlo:Entendemos por trabajo social real en parte al que se ejerce bien en la realidad actual que no debemos subestimarlo y junto con éste, al que es posible ejercer, diferenciándonos de las construcciones puramente teóricas que aspiran a definir un servicio social por naturaleza irrealizable” (2004; 13)

2Llegamos a esto, amigo. He aquí nuestra desgracia. Desgracia de todos nosotros, porque todos la sentimos pesar sobre nosotros, sobre nuestro espíritu, sobre nuestra alma desolada y triste, como una atmósfera de pesadilla, depresiva y mala. Nuestro mal es una especie de cansancio moral, de tedio moral; el cansancio y el tedio de todos los que se hartaron de creer”. Miguel de Unamuno, en “Un pueblo suicida”.

3 Negrita nuestra.

4 Negrita nuestra.

5 Cuidado en términos de conocimientos y habilidades profesionales.

6 Si des-cubriéramos alguna de esas características, deberíamos desde nuestro propio cuidado, solicitar ayuda a quien corresponda. Asimismo la mirada externa, (compañeros, supervisor, responsable del equipo) debe poder aportar a identificar ello.

7 Si bien estos elementos están pensados en relación a la docencia en particular, creeríamos, que podrían ser útiles para otros espacios socio-ocupacionales, si se adecuaran en función de las características y funciones específicas en relación a los mismos.

8 Siendo “lo ideal”, que sea extensivo a otras asignaturas con similares características, en tanto que si se pretende aportar al mejoramiento de la formación profesional, desde la consolidación docente, no debemos olvidar que el proyecto educativo no es “único de una asignatura” sino del conjunto de las mismas.



* Datos sobre la autora:
* Silvana Rodríguez
Lic. en Trabajo Social, Técnica Universitaria en Minoridad y Familia

Volver al inicio de la Nota


Volver al sumario Avanzar a la nota siguiente Volver a la portada para suscriptores