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Edición N° 40 - diciembre 2005

NOTAS PARA UNA REFLEXION
Trabajo social y propuestas alternativas de sociedad

Por:
César Barrantes
* (Datos sobre el autor)


Se trata del fragmento relativamente autónomo de un texto que tiene como pre-texto el tema general del Primer Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social, realizado del 5 al 8 de octubre de 2005 en la Sede Bogotá de la Universidad Autónoma de Colombia: “El Trabajo Social Crítico en el Contexto Latinoamericano. Propuestas Alternativas para la Construcción de una Nueva Sociedad” (Barrantes 2005c).

Este comentario tiene el semblante de una aporía que tomó vida cuando -en un ejercicio del comentario del texto como disciplina (Esperanza 2003; Márquez 2005)- decidí tomar como punto de partida al significante que pudiera parecer el menos significativo del Primer Encuentro. Se trata del signo que en castellano llamamos punto y que media las dos oraciones que integran el tema arriba enunciado.
Como es sabido, el punto ostenta una amplia gama de significados en casi todos los órdenes que tienen que ver con los más acá y los más allá de la vida, la agonía y la muerte.

De los diccionarios consultados hemos tomado dos. Me refiero al sentido gramatical de separación (de palabras, frases, ideas, oraciones) y al que se le da en las denominadas ciencias duras o exactas: elemento del espacio al que sólo se le puede asignar una sola posición.

Primer acto
En un primer escenario, el punto que nos ocupa ostenta una sola posición inconmovible, es decir, sólo posible de ser no-movible.
Simplemente allí está en el centro mismo de la Convocatoria: persistentemente sosteniendo la única posición que le ha sido asignada: la que separa, divide, escinde. Es así que las prácticas de los dos campos problemáticos –el del trabajo social y el de las propuestas societales- resultan ser independientes, es decir, una no se deriva de la otra, ambas no están relacionadas de manera necesaria pudiendo no tener nada en común; en términos dialécticos y sicoanalíticos, al no contener una el deseo de la otra no hay reciprocidad, antagonismo ni contradicción, sólo indiferencia entre ambas.
Por lo tanto no hay caminos ni puentes, temporalidades ni espacialidades que transitar ni rebasar; no hay deseo ni necesidad de movilizarse de las propuestas societales al singular campo del trabajo social ni desde éste al de aquellas que, en este escenario, se configuran como un ámbito no propio del trabajador social en virtud de que éste no ha constituido a aquél en objeto de su deseo.
En sicoanálisis, cuyo referente es el vínculo social, quien no desea no siente malestar en la cultura ni en la barbarie ni en nada y no puede soñar ni dormido ni despierto. Sin deseo no hay ética, política ni derecho, entendiendo zpinosianamente que la ética (Lacan 1959, Savater 1988) trata de lo que deseamos o queremos a partir de lo que somos dentro de las circunstancias que nos son dadas; no se refiere, en modo alguno, a lo que se debe o puede ser o hacer. Sin deseo no hay libertad de apropiación, potenciación, totalización, universalización ni de rebasamiento de lo real 1, que es el habitáculo donde nos constituimos en sujetos y nos movemos. El sujeto sin deseo no quiere hacer historia ni tener futuro compartido. En consecuencia, el acto termina en el momento mismo de su inauguración. Se baja el telón sin que haya cantos ni sinfonías pues no hay nada qué discutir ni celebrar.

Segundo acto
En un segundo escenario no menos evanescente que el anterior, el deseo de vincular una práctica con otra existe pero el punto que separa y divide es inconmovible; se resiste absolutamente a ser removido de la única posición que le ha sido asignada; no puede ser vencido. Por lo tanto el deseo de quienes quieren rebasar sus propios límites y explorar el campo de las propuestas societales se encuentra bloqueado, irrealizado, imposibilitado. El punto que obtura, divide, separa y aleja no puede ser suturado. La herida narcisista persiste en seguir conmoviendo a amplios grupos de trabajadores sociales.

El acto se cierra dando lugar a un canto coral -invisible pero perfectamente audible- sobre el malestar y el lamento, la frustración y la queja.

Tercer acto

En un tercer escenario, el mismo punto que separa y divide y que en el segundo escenario aparece como inconmovible, en éste ha sido vencido por el deseo dando lugar a la posibilidad de suturar, unir, construir y apropiarse del vínculo significante entre las dos prácticas que, en el primer escenario, se nos presentan como independientes y recíprocamente indiferentes y, en el segundo, como imposibles.
En otras palabras, lo que en los dos escenarios anteriores aparece como campo indiferente y externo al trabajo social, en éste las propuestas para la construcción de una nueva sociedad advienen como objeto de deseo, de apropiación y potenciación para los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales que, en virtud de su deseo, han sido constituidos en propositólogos y propositólogas societales.

En consecuencia, la obra termina –en un despliegue creador de maravilloso eclecticismo- con una polifonía apoteósica escrita por Los Juanes con ritmo del Ballenato, inspirada en la Marcha de Aída de Verdi, el Mesías de Haendel y el Himno a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven y bajo la dirección magistral de Carlos Vives.

Según los cronistas de la época fue tal el impacto que la obra causó entre los colegas asistentes, que éstos quedaron crecidos en su pundonor, gratificados en su afán de reconocimiento social, profesional y académico y con una sensación de inmortalidad tal que salieron de dicho evento levitados, cada uno susurrándose en comunión consigo mismo: tengo un nuevo trabajo: soy propositólogo societal; tengo un nuevo trabajo: soy propositóloga societal. Sin embargo, de manera insólita, al día siguiente los noticieros reseñaron que, por una extraña razón, nuestros colegas no pudieron encontrar el camino al habitáculo de su pertenencia.
En consecuencia, varios días después aún se encontraban deambulando por los no lugares de la Ciudad: autopistas, aeropuertos, supermercados, centros de telefonía, tele­visión y redes de cable y centros comerciales, preguntándole ansiosamente a cada transeúnte por el lugar del Imperio donde se estaban fabricando propuestas para una nueva sociedad: ¿latinoamericana, local, global, de trabajadores sociales, de poetas muertos, de científicos, de filósofos, de estados, de pueblos y naciones?
Poco importaba ya. Extraviados de su propia identidad habían perdido la facultad de reconocer sus propias obras.
El punto que divide y separa se había impuesto. La queja había desaparecido.

(…)

La trama fabulada ha puesto en escena la alienación de quienes, confundiendo perspectiva de futuro con prospectiva, visión de mundo con modelística y todo ello con propuestas alternativas de sociedad, se han perdido en el entramado confuso de objetivos, intereses, prácticas y discursos para los que no han sido formados aún.

¿Existe en el ser-en-el-mundo del trabajo social que está queriendo llegar a ser (consigo mismo, con otras disciplinas, con la sociedad), algún punto de obturación o flujo de vacío que esté subsumiendo el ritmo de sus experiencias y esté escindiendo a los trabajadores sociales de su capacidad de comprender, aprehender, explicar y potenciar el mundo –la trama social de la cual somos arte y parte- en su propia realidad y, por ello, esté siendo fuente de malestar y queja entre ellos?, ¿qué y cómo hacer para que el trabajo social y sus agentes puedan colocarse en situación de contribuir efectivamente a la erradicación de las causas del malestar y la barbarie y liberar de éstas a quienes las sufren? ¿Desde dónde se trataría de hacer propuestas de sociedad: desde la diferencia poscolonial, desde la colonialidad del poder, desde el poder neocolonial, desde la diferencia imperial, desde el saber del trabajo social y sus agentes o desde el saber del Otro?

Se trata de preguntas que abren la posibilidad de que, más allá de las dobles rupturas epistemológicas (de contenidos, de métodos, de paradigmas) podamos retomar las continuidades temáticas 2, interparadigmáticas y apuntar, por diversas vías, a la resignificación metaepistemológica de los presupuestos fundamentales, las nociones, los términos y conceptos, los juicios metodológicos y las decisiones que no se derivan ni son reductibles a la observación de lo dado ni al razonamiento analítico formal.

Lo anterior implica remirar los objetos del pasado, retomar las teorías de los clásicos de las diversas épocas y, a partir de las nuevas plataformas epocales actuales, resemantizar aquéllos y rescribir éstas para saber qué se puede hacer con todo ello.
Por la mediación de una recuperación histórico-crítica de los grandes y pequeños temas que les conciernen a los trabajadores sociales se puede llegar a reformular, enriquecer, redimensionar, resignificar y otorgar nuevas funciones a las ­teorías, métodos, técnicas, sujetos y objetos de conocimiento y, por lo tanto, a la memoria singular-colectiva de los trabajadores sociales pero no sólo de cara al pasado –cercano o lejano- sino fundamentalmente a la del rebasamiento de lo real, a la construcción de un nuevo punto de partida para la producción, circulación y consumo de conocimientos y saberes que nos conciernen en tanto agentes-actores-sujetos del trabajo social.

Se trata en fin, de un paso necesario -hasta de simple rigor metodológico- para poder iluminar inéditas exploraciones de estrategias discursivas tendientes a abrir la específica práctica social que es el trabajo social, al multidimensional proceso de constitución de nuevos agentes-actores-sujetos históricos que le agreguen valor (plusvalía según Marx, plus de goce según Lacan) al vínculo social, es decir, a la reproducción ampliada del conjunto de relaciones sociales de producción de valores (tangibles, intangibles de cambio y de uso) dentro de los que incluimos las imágenes alternativas de sociedad, objeto de estas notas.

Es a propósito de lo anterior y de la problematización del malestar y la queja, de la alienación y la barbarie como experiencias del trabajo social, que podemos parafrasear a Mires (1998:253) diciendo –en consonancia con Freud (1975)- que esta fuerza histórica que es el malestar en tanto miedo y deseo al mismo tiempo, tienen los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales que asumirla, concientizarla, compartirla, organizarla y epistemologizarla; asimismo, alimentar dicho malestar con la pasión subversiva de saber que son hablados, si bien por la trans-historicidad fundamentalmente por la historicidad de nuestra propia existencia.

Sólo así, nos parece, podremos estar en condiciones de darle rienda suelta a nuestros poderes creadores y asumir –cada uno al nivel y espesor que le corresponde y de acuerdo con sus propias circunstancias- la misión de contribuir a cambiar el curso de las cosas que tanto nos molesta y que tanto malestar causa a billones de seres humanos en el mundo.

Bibliografía

  • Barrantes, César (2005a), Trabajo social en el contexto actual ¿Reinvención o repetición?, Conferencia Inaugural del Quincuagésimo Tercer Congreso de la Asociación Mexicana de Escuelas de Trabajo Social, León, Guanajuato., México, 5-7 de mayo de 2005.

  • Barrantes, César (2005b), “Pensar el trabajo social en la construcción de un nuevo paradigma”, ponencia magistral de cierre al V Congreso Ordinario de la Federación Mexicana de Escuelas de Trabajo Social, celebrado en la UNAM, México D.F. del 17 al 19 de noviembre de 2004. En Revista Margen, No. Nº 36/37, 2005, Buenos Aires, en línea: www.margen.org/

  • Barrantes, César (2005c), “¿Es el sur el norte del trabajo social? Entre el angloeurocentrismo y la geopolítica de la producción de conocimientos y saberes en la alborada latinoamericana (un texto cualquiera que apenas desea ser escrito)”, ponencia central del Primer Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social, realizado del 5 al 8 de octubre en la Universidad Autónoma de Colombia, Bogotá.

  • Esperanza, Graciela (2003), “Contar con la ye”, En Varios (2003), Apuntes para una epistemología del psicoanálisis, Cuadernos del ICBA, No. 7, págs. 23-26, Instituto Clínico de Buenos Aires, Miembro de la Red Internacional del Instituto del Campo Freudiano, 1° edición, septiembre, Buenos Aires.

  • Freud, Sigmund (1975), El malestar en la cultura, Alianza Editorial, Madrid.

  • Lacan, Jacques (1959-1960), “Seminario 17: El reverso del psicoanálisis”, en Lacan. Seminarios del 1 al 27 sin textos establecidos, Escuela Freudiana de Buenos Aires, Paidós. Versión CDRoom.

  • Márquez, Carlos (2005), La disciplina del comentario de textos: una lectura sin estándares, pero no sin principios, trabajo de ascenso, Escuela de Administración, Universidad Central de Venezuela, Caracas.

  • Piscitelli, Alejandro (1988), “Sur, modernidad y después. Un debate a partir de la metamorfosis de la ciencia”, en Varios (1988), Imágenes Desconocidas. La Modernidad en la En­cru­cijada Posmoderna, Clacso, Buenos Aires.

  • Mires, Fernando (1998) El malestar en la barbarie, Editorial Nueva Sociedad, Caracas.

  • Savater, Fernando (1988), Ética como amor propio, Grijalbo Mondadori, Barcelona, España.

NOTAS

1 Lo real en nuestro enfoque y a diferencia del sicoanálisis, se entiende como la realidad socialmente construida, intersubjetivada, objetivada, acotada, es decir, en proceso de (re)con­cep­tualiza­ción, simboli­zación y so­ciali­za­ci­ón.
Es el momento de mayor cuali­ficación de la praxis consti­tuida como tal en tanto produc­tora de sentido (significado y direcciona­lidad). Es el todo-posible, la racio­nali­dad total mas no absolu­ta, de la siem­pre inconclusa aproximación del suje­to al conoci­miento y apro­pia­ción del saber de lo real. El funda­mento de lo real es la unidad in­terna entre sujeto y objeto, conciencia y reali­dad, pensamien­to y ser, teoría y práctica, poder y cono­cimiento; so­ciedad, estado y na­ción; entre lo real y lo ide­al; y entre lo económico, lo político, lo espiritual, lo ideológico, lo históri­co y lo cultu­ral.

2 “…La continuidad que existe entre la cosmogonía [judeo-cristiana] y la cosmología evolucionista actual es una continuidad ‘themática’ y no de contenido o de método. Así como existe una ruptura paradigmática entre ambas perspectivas, existe una no menos fuerte continuidad ‘themática’. Prolongando la analogía sostenemos que la com­posición/complementación entre las categorías de la modernidad/posmodernidad es otra de estas alternancias meta-e­pistemológicas que exhiben continuidad o ruptura según se privilegie una lectura themática o paradigmática” (Piscitelli 1988:69, cita No. 1).

 


* Datos sobre el autor:
* César Barrantes
Profesor investigador de la Universidad Central de Venezuela. Presidente de RELATS (Red Latinoiberoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales); http://listas.reacciun.ve/mailman/listinfo/relats-l;

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