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Edición N° 30 - invierno 2003

"La categoría de necesidad en las intervenciones de los profesionales del Trabajo Social

Por:
Fernando Ferreira
*
(Datos sobre el autor)


Efectuando una aproximación a la temática de las necesidades sociales puede decirse que su importancia en el campo del Trabajo Social tiene un carácter constitutivo, dado el acercamiento histórico de la profesión a su objeto clásico de intervención: la vida cotidiana de los sectores populares.

Sin embargo la cuestión de la necesidad/es remite a un complejo debate donde la categoría es fundante del pensamiento social moderno. Se la ubica en las teorías de la economía política que identifican las necesidades con su correlato de un mundo de escasez. Es un eje explicativo en el marxismo, desde la conceptualización en necesidades verdaderas que llevan al hombre a crear sus propios medios de producción y que denotan su ser genérico, y en falsas determinadas por la superestructura social bajo el estatuto de fetiches.
Asímismo se manifiesta en las teorías del Contrato Social ligada a la necesidad de seguridad y autoconservación. Es observada hoy en pensadores como Sen y su enfoque de las capacidades, como en Agnes Heller quien hace una revisión de la teoría marxista de las necesidades.
Forma parte de la retórica de los derechos humanos y tras el despliegue del Estado de Bienestar es objeto de lucha de los diferentes sectores sociales en el proceso de “atribución y autoatribución” 1 de necesidades asociadas la ciudadanía social, que conecta conflictivamente la necesidad con la arena de la política

Son comunes planteamientos del tipo: necesidades ¿verdaderas o falsas?, necesidades ¿de qué?, ¿necesidad del sistema social o de los sujetos?, ¿necesidades básicas o integrales?, ¿cómo se definen? Y dilemas de este estilo donde convergen posiciones espistemológicas, tradiciones teóricas e intereses de diversa índole, surgiendo vinculadas a otras nociones fundamentales como “justicia”, “bienestar”, “naturaleza humana”, etc. Pero en todos los casos se parte de un debate que es típicamente moderno, como toda caracterización que favorece la puesta en escena de razonamientos dicotómicos.

El Trabajo Social es una disciplina que carga en sus espaldas una convención emblemática del contrato social moderno, que refiere a intervenir sobre los problemas de integración que devienen de la lógica de la igualdad y libertad postuladas que tienen como contrapartida la desigualdad de sus contratantes. Desde esta perspectiva, el Trabajo Social presenta una ambigüedad constitutiva y constituyente. 2

Dado este acercamiento inherente de la disciplina a las manifestaciones de la desigualdad estructural capitalista, a partir de su intervención sobre los problemas sociales que recorta como objeto, se vuelve interesante analizar el uso que los profesionales hacen de la categoría de necesidad en su actividad cotidiana (que se expresa en sus discursos).

Resultados parciales

Lo que sigue es una primera aproximación a la temática, a partir del trabajo de campo y del marco teórico en elaboración, al promediar el primer año de la beca 3. Se busca rastrear los supuestos que acompañan al uso de la categoría en el ejercicio profesional, con el fin de propiciar su discusión. Para ello me centraré en la forma en que se refieren los entrevistados a la categoría necesidad, a partir de tres cuestiones (que se ordenan de acuerdo a la reiteración en las entrevistas efectuadas hasta el momento):

1.    Se identifica a las necesidades sociales en una perspectiva integral asociada a la “esencia humana”.

2.    Se las identifica a partir del discurso de los “derechos sociales”, tales como “derecho a la alimentación , la vivienda, etc.” con dificultad para conceptualizarlas sin referencia a algún ámbito de actuación práctica.

3.       Se las asocia a la “igualdad de oportunidades”.

En la mayoría de las respuestas resulta dificultoso realizar una abstracción acerca del concepto, pues inmediatamente surgen categorías de apoyo, como justicia, bienestar, pobreza, etc. Parecería ser en este sentido que el concepto tiene un carácter polisémico.

Es preciso considerar que sólo en dos (2) de las instituciones que se incluyen en el estudio, cuentan los trabajadores sociales con espacio de reflexión sobre la propia práctica. Allí hubo menos dificultades para conceptualizar las necesidades, presentando los profesionales sólidos argumentos de su posición en la entrevista.

1.
Con respecto a la esencia humana se parte del supuesto que las necesidades del ser humano son las mismas (pocas y clasificables) en todas las sociedades y lo que varía son las respuestas otorgadas, esto es, los satisfactores utilizados. Tal planteamiento remite a un punto candente del debate en las ciencias sociales. Contrariamente, otros autores, como Giddens y Walzer 4, sostienen que las necesidades cambian inevitablemente de acuerdo con el momento histórico y la sociedad, ya que las mismas son procesadas a través de los significados que los hombres atribuyen a los hechos y donde es clave la dimensión cultural.

Sin embargo, surge una contradicción en este punto en el discurso de los entrevistados, ya que al momento de explicitar los métodos más usuales para identificar las necesidades, la totalidad de los entrevistados señalaron los métodos de LP (Línea de Pobreza) y NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) que son indicadores cuantitativos con notables limitaciones de tipo teórico. Ninguno de estos profesionales señala esta situación, la cual coincide con el actual estado de cosas de la temática. Existen avances teóricos como el de Agnes Heller y A. Sen sin un específico correlato en los métodos.

Las implicancias más notorias de este uso de los métodos habituales de medición de la pobreza, radica en la asociación casi mecánica de la pobreza con un atributo que se describe con prescindencia de otro tipo de relaciones. Esto permite asociarla a un “estado” y reificarla, como sinónimo de carencias materiales y de insatisfacción.

En esta perspectiva, se puede señalar que en casi todas las instituciones relevadas se efectúan actividades predominantemente asistenciales, lo cual reforzaría el sentido de las necesidades como carencias materiales. Sólo en dos de las instituciones se realizan actividades de promoción –entendidas como “actividades que tienden a la búsqueda de alternativas democráticas a partir de los intereses de los actores involucrados en un marco de negociación conjunta” 5 – y actividades de tipo comunitaria, en el ámbito judicial y en el educativo ( que son las mismas instituciones en las que existe el espacio de reflexión referido anteriormente)

2.
En cuanto a las necesidades como derecho se vuelve interesante el discurso de un entrevistado que representa al conjunto de las respuestas de este ítem:
los derechos a la salud no tienen hoy una vigencia práctica”

Se observaría en este punto, como emerge la crisis de sentido del Estado del Bienestar, el desdibujamiento de “lo universal” y la resurrección de la práctica particularista en las políticas sociales, lo cual tiene fuertes repercusiones en el modo de entender las necesidades ligadas a una cuestión individual, casi volátil. Consecuencia de las disputas en el campo político cultural 6 , logra imponerse como legítima una visión del mundo donde el sujeto depende de sus destrezas y habilidades individuales, conforme a la propuesta del Estado Neoliberal Asistencialista 7. En todo caso, su reproducción queda a cargo de su propia persona o su grupo primario. Aquí se observa que el ejercicio profesional se vincula aùn hoy y mayoritariamente, al ámbito público estatal (aunque las ONG’s crecen como campo incipiente) lo cual suscita la dificultad para revisar “los sentidos” que construyen las políticas sociales que desde allí se ejecutan, y donde son los procesos reflexivos los que permiten desentrañarlos en la propia práctica profesional.

3.
En cuanto a la igualdad de oportunidades, se puede rastrear este discurso en las bases del liberalismo político y en la teoría de la Justicia de Rawls 8.
Para este pensador, los principios de la justicia pueden brindar a los sujetos un mínimo de bienes primarios e igualdades básicas en un pasaje de la “posición original” al Contrato Social. La justicia es concebida como equidad e imparcialidad, estableciéndose criterios para orientar la distribución de los bienes y libertades básicas. No se cuestiona la desigualdad estructural generada en el capitalismo, sino que ésta debe ser subsanada a favor de los menos favorecidos, mediante el accionar del Estado, ente re-distribuidor por excelencia. Esta argumentación ha sido uno de los fundamentos ético-filosóficos para el despliegue del Estado de Bienestar.

En las entrevistas que analizamos puede agregarse además que la categoría aparece ligada a la noción de justicia social, con una carga semántica que se construye desde el Justicialismo de mediados de siglo hasta nuestros días, donde se vincula las necesidades con la política ( con la ciudadanía social hoy en creciente repliegue) y a su satisfacción se la concibe como un derecho.

Necesidades ¿ de quién?

La tríada propuesta por el Celats 9 “Usuario/Trabajador Social/Institución” resulta interesante para pensar las necesidades. Este esquema permite dar cuenta de la imposibilidad de pensar aisladamente a cada uno de sus elementos. Por ello, propongo hacer el ejercicio de imaginar las lógicas de estas instancias funcionando por separado en vinculación con las necesidades:

Si atribuyésemos que la necesidad la define la Institución, debemos reconocer que eliminamos toda posibilidad de los otros actores implicados, los cuales serían meros receptores y ejecutores pasivos del accionar institucional. Pero las instituciones son “prácticas rutinizadas” por lo cual no podrían imponerse en ausencia de actores que la reproducen y la dotan de significado.

Si atribuyésemos que la necesidad se define del lado del Usuario, una primera cuestión a observar es que éste se encuentra en una situación de poder asimétrica con respecto al profesional.

En este sentido, una entrevistada remarcaba:

“una vez un hombre me vino a pedir beca y él resulta que tenía celular”

La entrevistada también tenía celular y sonó recurrentemente durante el desarrollo de la entrevista. En todo caso habría que indagar la significación del celular en la vida del sujeto y no juzgar acríticamente su uso, quizás por ser “pobre”. Esto me impulsa a tematizar sobre el poder diferencial de los sujetos “asistidos” y los profesionales siendo estos los puntos de acceso (siguiendo a Giddens) entre los actores profanos y los sistemas expertos, y el dilema ético que esto suscita ya que se jerarquizan y deciden las necesidades del otro desde una lógica heterónoma.
Y en el contexto actual de crisis parecería ser que la lógica de la focalización (la cual supone que se asignan los recursos a lo más pobres entre los pobres) se instala cómodamente en la profesión, arrinconando el ejercicio profesional en una compulsión a la acción casi dadivosa, en una especie de administración de la pobreza. Es válido preguntarse entonces: ¿Es posible jerarquizar las necesidades de los sujetos con quienes intervenimos, sin caer en la omnipotencia? Y si fuera posible ¿cuál es el criterio?, ¿qué tiene más peso: lo básico?, ¿es aceptable como umbral lo básico? Cuestiones que merecen una profunda reflexión.

Pero además surge aquí, un nudo representacional, el del Usuario. ¿Qué hace que un Usuario se acerque a una institución: percibir que allí se le puede dar respuesta a su demanda o no vislumbrar otro camino para la resolución de un problema? Pero el esquema en ambos casos sería del tipo X necesita Y para obtener Z, que tambalea ráudamente debido a la complejidad que inmiscuye la interacción cara a cara, donde lo que se ve no es lo que parece.
En este espacio de encuentro con el otro confluyen diferentes formas de percibir y ser en el mundo, otras lógicas, no siempre racionales, subjetividades, sentimientos que no son neutralizados, dinámicas “desviadas”, “contrahegemónicas”, que permiten posibilidades distintas a la profesión y son la clave para entender las necesidades articuladas en los procesos sociales.

Si, por último, atribuyéramos que la necesidad la define el Trabajador Social se observaría que el lugar más conflictivo en la tríada le toca a él, debido a las mediaciones que adquiere el carácter de su accionar que lo ubica en medio de intereses en disputa, pero también es cierto que desde allí y desde una índole reflexiva es posible resignificar los contenidos y las prácticas de la intervención. Es aquí donde es preciso atender al proceso de constitución de las necesidades, que puede expresarse en tres momentos (inmanentes a la intervención en Trabajo Social):

  1. Atender a las demandas y la lucha por establecer el estatuto público de una necesidad ( el cual no acepta en principio que las necesidades establecidas en el discurso público hegemónico sean adecuadas ya que no podrían serlo, dado que niegan las necesidades de los sectores más postergados).

  2. La lucha por poder interpretarlas.

  3. Recién ahí asignar los recursos tal como señala Nancy Fraser, 10


Como hemos tratado de mostrar, resulta dificultoso pensar las lógicas de la tríada por separado. La cuestión de las necesidades confluye en este espacio tridimensional con la complejidad propia de los procesos sociales. Procesos sociales a los que el profesional del Trabajo Social tiene un privilegiado acceso, debido a su acercamiento a las prácticas sociales que convergen en el espacio de la intervención.

 

Reflexiones finales

Una primera reflexión general con respecto a los supuestos utilizados sobre las necesidades en el campo, indicaría que en los discursos de los profesionales se filtran representaciones construidas en torno a las necesidades que no siempre son desentrañadas. Poco se sabe del complejo debate en el que se inscribe la temática a pesar de ser constitutiva, tal como señalaron los entrevistados y admitir que es “necesario” seguir elucidando los motivos. En este sentido resulta vital la construcción de los espacios reflexivos para el ejercicio profesional. Este es el camino que surge como desafío.

Mi apreciación personal con respecto a la profesión es que la posición de la disciplina en el punto neurálgico del conflicto y la legitimidad de las relaciones sociales, abre nuevos canales, debido a su acercamiento privilegiado a las prácticas sociales y los universos simbólicos donde es posible reconstruir las voces del conflicto junto a los sectores más postergados, en un camino de construcción conjunta. Labor esencialmente interpretativa que reafirmaría su calidad de sujetos políticos, sujetos socioculturales y no ya, la de objeto no participante. Se genera la paradoja de que las condiciones que posibilitan el desarrollo profesional en la vida cotidiana de los otros, asociadas en principio al control social, son las mismas que permiten un ejercicio profesional diferente: un ejercicio crítico. Este es el camino que he tratado de seguir en esta reflexión.

NOTAS

1 KRMPOTIC, Claudia. El concepto de necesidad y políticas de Bienestar. Espacio Ed. Bs. As. 2000.

2 “ Se trata de una ambigüedad múltiple, posicional y funcional, ya que el trabajo social nació en una especie de tierra de nadie, en un espacio neutro, entre la economía y la política, es decir, en el denominado espacio social. La intervención social tenía por objeto reparar las fracturas sociales ¾ fracturas asignadas a individuos de determinadas clases y grupos socialmente relegados ¾ pero sin alterar en profundidad la lógica de fondo que las generaba.” ÁLVAREZ-URÍA, Fernando, “En torno a la crisis de los modelos de intervención social”, en VVAA, Desigualdad y pobreza hoy, Madrid, Talasa, 1995.

3 La base de información empírica de la presente indagación la conforman una muestra compuesta de diez unidades de análisis, siendo cinco instituciones públicas estatales y cinco del ámbito no gubernamental dedicadas a la acción social. Se realizaron entrevistas semi-estructuradas a los trabajadores sociales y observaciones directas en los lugares de trabajo.

4 GIDDENS, Anthony. La constitución de la Sociedad. FCE. , Mexico, 1992. WALZER, Michael. Las esferas de la justicia. FCE, Mexico, 1993.

5 JUAREZ, Sandra. Consolidación de los procesos participativos en las organizaciones populares. Tesina del Posgrado en Políticas Sociales. Facultad de Ciencias Sociales UBA. 1999.

6 BOURDIEU, Pierre. El sentido práctico. Ed.Taurus. Madrid, 1991.

7 GRASSI, Estela y otros. Políticas sociales, crisis y ajuste estructural. Espacio Ed. Bs. As., 1995.

8 RAWLS, J. Teoría de la Justicia. FCE, Mexico 1971.

9 TOBON, María Cecilia y otros. La práctica profesional del Trabajador Social. Celats-Humanitas, Buenos Aires 1995.

10 Citada por Nora Aquín en: Mesa de concertación sobre Políticas Sociales: ¿Modelo para replicar?. Espacio Ed. Bs. As. 1998.



* Datos sobre el autor:
* Fernando Ferreira
Lic. Trabajo Social, UBA. Becario de la categoría Estímulo en el proyecto UBACYT S031 (Programación Bienal 2001-2002) “Análisis crítico del uso de la categoría de necesidad en las investigaciones e Intervenciones sociales”, bajo la dirección del Dr. Mario Heler.

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