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Edición electrónica

Edición N° 22 - invierno 2001

Ponencia:

FAMILIAS Y CIUDADANIA

Por:
Prof. María Felicitas Elías
*
(Datos sobre la autora)


El presente artículo ha sido producido en el contexto de la Investigación UBACyT IS06 “Justicia, Trabajo y Educación en la Sociedad Global”


El pedido que me hicieron los responsables del evento es que trabaje sobre Nuevas Formas de Familia y Ciudadanía. Y es precisamente Edipo Rey 1 el que me permite iniciar la exposición, refiriendo el Estado Ausente, para colocar la cuestión en debate: visibilizar a la\s familia\s argentinas en el contexto donde transcurren, cambian, son sujetos de ciudadanía y/o sobreviven de diversas maneras. Elaboré los argumentos que presento preguntándome ¿cuál es el discurso de ciudadanía y que acontece con él?¿Qué cuestiones atraviesan a la familia en Argentina? ¿Qué sucede con la ciudadanía hoy en Argentina? ¿Qué cambios y características impactan las condiciones de vida de las ciudadanas y ciudadanos como integrantes de familias? Y finalmente ¿Qué papel juega el Trabajo Social en esta relación?

Intentaré dar respuesta empleando debates teóricos en torno a modelos de ciudadanía; tomaré también reelaboraciones y opiniones de la Encuesta Permanente de Hogares para describir cambios en la relación mercado laboral- trabajadores- trabajadoras e indagaciones sobre las familias durante la última dictadura militar para fundamentar reflexiones respecto del impacto social cultural y cotidiano que reciben y emiten las familias ciudadanizadas, en el contexto de las actuales relaciones sociales. En este sentido cabe señalar que tanto el impacto como relaciones y cambios los concibo de ida y vuelta, flujo de intercambios que impactan y son impactados en forma mutua y dialéctica.

A modo de cierre aspiro a establecer conclusiones que reúnan al Trabajo Social con los ejes citados, ya que desde él desarrollo mi actividad con familias, en el Poder Judicial de la Prov. De Bs. As.

Reconocimiento de atributos de ciudadanía en Argentina

Para responder este interrogante digo que se ha retomado la cuestión conceptual, en una realidad impuesta por el neoliberalismo y recesión con la finalidad de traducir nuevas aspiraciones, nuevas voluntades y deseos e instaurar nuevas prácticas. Modernos derechos sociales y nuevas obligaciones, que no resultan inéditos ya que se constituyen en tales, vinculados a derechos civiles y políticos: a ciudadanías civiles y políticas. Plasmadas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en 1948 - luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial –argumentaron acerca de la transformación liberal y la voluntad internacional: Todos los hombres son iguales ante la Ley, (pero no ante la administración de justicia...) tienen derecho a la vida, la libertad, la integridad de la persona...

En la década de 1960 se alentó una segunda generación2 de arrogaciones reconocidas en el Pacto de San José de Costa Rica: Los derechos sociales: vivienda digna, atención de la salud, goce de condiciones equitativas de trabajo, consulta popular, protección contra el hambre y la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado3..... En Argentina fueron reconocidos para 19864 - pasados más de 20 años de celebrado este Pacto - para finalmente adquirir rango constitucional en 1994, momento en que al incorporar estas declaraciones, se sumaron otras muy caras a pueblo y al Trabajo Social como son la Convención contra la Tortura, eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, Prevención del Genocidio, Derechos Humanos y Derechos de Niños y Adolescentes por citar algunas. Conviene rescatar que estos reconocimientos y compromisos, son letra constitucional. Son derechos reconocidos.


Las ciudadanías

Seguimos a E. Bustelo y T.H. Marshall para presentar dos modelos predominantes de ciudadanías, vinculadas a los derechos reconocidos que mencionamos más arriba: Ciudadanías emancipadas (CE) y Ciudadanías Asistidas (CA), a las que se puede estudiar en más de diez dimensiones. A la Ciudadanía Emancipada se la titulariza con objetivos de igualdad, las políticas públicas orientan el proceso de acumulación, la solidaridad social no es competitiva, la movilidad social es fuerte, por lo tanto las posibilidades y oportunidades en educación, salud y ante la ley es igualitaria. La sociedad es vista como un “nosotros”, la inclusión social es fundamental y realizada a través del trabajo productivo, la participación es amplia: social, política y económica, dando lugar a ciudadanías emancipadas y democracias activas en que la política económica es instrumental y no un fin, está sujeta a la regulación democrática. Luego, habilita y prioriza derechos sociales: vivienda digna, a la educación para todos, a la salud integral para el pueblo, al trabajo con salario digno.

A las segundas - Ciudadanías Asistidas - se les reconocen restricciones en su ejercicio: puesto que la desigualdad social es concebida como “natural”, las políticas gubernamentales son distributivamente neutras, la estratificación social es fuerte¸ caracterizándose por solidaridades dentro de cada estrato social, alta competitividad, individualismo posesivo, para los pobres: asistencia. La movilidad social se maneja en términos de competencia: los mejores triunfan, los individuos “ascienden” por canales de movilidad “reconocidos”, uno de ellos: La educación. Con participación restringida, sólo dirigida a resolver problemas específicos, los excluidos son ciudadanos subsidiados bajo una concepción tutelar y en calidad de población “objeto” de intervención de políticas gubernamentales focalizadas. Las políticas sociales son marginales y posteriores a la económica, puesto que la economía es un fin en sí mismo. A los ciudadanos asistidos se les reconocen derechos civiles y políticos, los derechos sociales “no son demandables”. El Estado es mínimo y es el mercado quien determina lo social y lo político. (Bustelo; 1998:246, 247)

Nuestra Carta Magna al atribuir derechos arroga posibilidades. Colegimos que propone para todas y todos ser de ciudadanos emancipados, que tienen derecho al salario digno, a ser atendidos en su enfermedad, a niños y adolescentes a los que se les preserve la identidad social y cultural del origen, con derecho a instruirse, a educarse, a vivir en condiciones dignas, en familia. (Elías;a. 2000:3). A condiciones de igualdad.

Estos reconocimientos son atribuidos a todas y todos, pero en realidad no son ejercidos por el conjunto del pueblo. Hablo de ciudadanas y ciudadanos, hablo de familias titulares de derechos y también de sujetos mujeres, hombres, viejos, niños5 expuestos a la vulnerabilidad y labilidad sociales. La realidad, da cuenta de ciudadanos asistidos. Ciudadanías asistidas, asistencia social, asistentes sociales, asociaciones de ideas que tienen identidad real. Nos preguntamos ¿Qué pasa con este tipo de ciudadanía? Relacionadas con lazos sociales débiles-inexistentes, stock bajo o nulo de capital social humano- social-cultural, falta de acceso a servicios básicos de educación y salud, no-cobertura, ingresos familiares bajos. (Minujin;1998:186) . Rondan en déficits, circunstancias de vida desigual.

Vislumbramos ciudadanos emancipados cuando políticas sociales y económicas son articuladas para resolver la pobreza -o sea - se proponen reducir, disminuir, evitar la suspensión o conculcación de derechos puesto que esta es la característica central de la CE. Esta propuesta en nuestro país se expresaría con un escenario nacional dispuesto a estrategias y políticas por un mismo objetivo: superar la indigencia en la que viven 744.000 familias6 (el 8% de las familias de todo el país). ¿Cómo? Mediante el desarrollo de un proceso de expansión social y económico que reduzca la recesión, la falta de empleo, el salario precarizado, aumente la distribución del producto bruto y redunde en un proceso de expansión de la ciudadanía, en la cual partiendo de los derechos civiles, sean incorporados los políticos y finalmente los sociales. De esto habla nuestra Constitución.

Ciudadanías emancipadas, ciudadanías asistidas7. Ciudadanos emancipados y ciudadanos asistidos, dos caras de una misma moneda. En un caso, aquellos que pueden acceder a educación, trabajo, vivienda, por otro los asistidos sujetos de políticas públicas focalizadas, aquellos que no pueden, y carecen de conductos, de capital social, oportunidades para conformarlo e integran una sociedad atomizada donde se prioriza el mercado que es quien habilita o no la inclusión.

Algunas Cuestiones que atraviesan a la Familia
Mencionamos al Estado que en Argentina parece haberse retirado de aquellas obligaciones que procesos democráticos, Welfare y optimismo desarrollista de los ´60 promovieron desde 1940 en adelante. Por otra parte, una Argentina que para el 2000 muestra serias desigualdades regionales, incertidumbre, desocupación y subocupación, flexibilización y corrupción evidencia en el área metropolitana8 de Buenos Aires (AMBA) que la tasa de actividad y desocupación femenina registró un crecimiento notable en los últimos diez años, lo que implica -a nuestro entender - cambios importante al interior de la familia. Veamos:

  1. Mientras que en 1980, la tasa de actividad femenina era del 38.4% y la tasa de desocupación del 3.4%, en 1993 pasó al 48.5% y 12.4% respectivamente, para en 1997 mostrarnos una tasa del 52.7% de mujeres trabajando y una desocupación del 17.2 %.

  1. Para el caso de hombres y para los mismos años, la tasa de ocupación se mantuvo entre el 84.4%, 84.1% y 83.9% (1980,1993 y 1997 respectivamente) pero en el caso de la desocupación, creció del 1.8% al 7.9 y luego al 12.4%.

Estos indicadores a la par de mostrarnos la realidad ocupacional de los últimos 20 años en el área metropolitana de Buenos Aires nos dicen que:

  • Por un lado creció de modo importante el ingreso de mujeres al mercado de trabajo (madres, cónyuges e hijas) pero también salieron del mercado laboral de modo progresivo, registrando un crecimiento en 10 puntos entre 1980 y 1993.
  • Por otro lado, y en el caso de los hombres, si bien se mantuvieron dentro del mercado laboral en proporciones estables, fueron expulsados en forma paulatina entrando en la categoría de desempleados.
  • Particularmente a partir de 1993 estos fenómenos crecieron para ambos sexos, acentuándose a partir de ese momento.

Creemos junto con Wainerman que la inestabilidad en el empleo masculino llevó a las mujeres a insertarse en el mercado de trabajo de modo estable, pero esta decisión no fue acompañada por mayor oferta de trabajo y estabilidad en el mismo, como lo evidencia la tasa de desocupación que se arraigó y luego aumentó a partir de 1995. Ello en razón de un mercado laboral donde flexibilización y precariedad forman parte de un horizonte económico y político que parece inamovible, proclive a constituir ciudadanos asistidos que no accederán a la calidad de ciudadanos emancipados, porque estas políticas priorizan el proceso de acumulación y no a la gente. (Bustello; 1999:241)

Analicemos las variaciones en hogares nucleares completos según la participación económica de ambos (AMBA 1980- 1997), siguiendo a la autora citada:

  1. Entre 1980 y 1997 los hogares con único proveedor varón (trabajando o buscando trabajo) decrecieron del 67.3% al 47.6 %, siendo que para 1993 eran el 52 % de los hogares.

  1. Para el mismo período los hogares con doble proveedor crecieron casi al doble del 22.6% (1980) al 40.2% (1997), dándose el mayor crecimiento entre los años 1980 y 1993 año para el cual la tasa indica un ascenso al 37.1%.

  1. En el caso de hogares con único proveedor de sexo femenino (ella trabajando, él desocupado) en 1980 representaban el 0.3% de hogares en tanto que para principio de los ´90 la cifra era del 1.9% de los hogares crecimiento que casi se duplicó para 1997 (3.2%), alcanzando su máximo exponente en 1995 (3.5%)

Es muy claro entonces que:

    • El descenso en casi veinte puntos de los hogares con único jefe varón fue acompañado la salida a laborar de la cónyuge del jefe.
    • Similar crecimiento presentaron los hogares con los dos miembros de la pareja trabajando
    • Los hogares con únicas proveedoras mujeres crecieron diez veces.

Podemos concluir entonces que es evidente la inserción y permanencia de las mujeres en el mercado de trabajo. La salida a trabajar de las mujeres casadas y unidas, con cargas de familia, ha significado un cambio radical del que aún la sociedad no ha tomado conciencia. De una fuerza de trabajo formada predominantemente por hijas trabajadoras (com fue hasta los 60)viramos a otra formada por hijas y madres trabajadoras. (Wainerman; 1999:15).

Esta inclusión que va de la mano de la obligatoriedad (o cuasi) de doble jornada para éstas últimas (actividad laboral externa+atención del hogar, hijos, etc.) en condiciones que no son acompañadas muchas veces por mayor distribución de tecnologías y mucho menos por arreglos salariales y de empleo que promuevan igualdad de oportunidades y reconocimientos ciudadanos, ecualicen derechos y condiciones de género para ambos integrantes de la pareja y la familia y entre mujeres de diferentes sectores sociales. La distribución de tareas domésticas, enfrentamiento de responsabilidades y roles, crianza y cuidado de los hijos, son relaciones que al interior de la familia nuclear, familia extensa y comunidad no parecen haber sufrido mayores variaciones, pese a las transformaciones habidas en lo que hace a sostén económico del hogar.

Estos cambios - aunque visibles- tampoco son sopesados debidamente en su impacto a la hora de las ciudadanías. El caso de hogares donde jóvenes de sexo masculino (de 20 años y más) – que pese a buscarlo -no ingresaron todavía al mercado laboral con salarios en blanco y estables con beneficios sociales o; jóvenes madres solas\en pareja que desde la adolescencia se emplean en condiciones flexibilizadas; o familias donde el trabajo infantil es sostén familiar, u hogares con madres ocupadas en jornadas de 8 a 10 horas diarias y padres\cónyuges responsables del cuidado de los hijos (llevarlos a la escuela, cocinar para la familia, etc.); preadolescentes o casi niños encargados del hogar y hermanos menores, durante la jornada laboral materna son testimonio de transformaciones e impactos sociales, culturales en las relaciones y vínculos intra y extra- familiares.

Son familias nucleares ampliadas, extensas, merecedoras de ser reconocidas como ... el elemento natural y fundamental de la sociedad, la más antigua protección y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo9. Reproducen relaciones sociales, estrategias para vivir y sobrevivir.

Familia Relaciones Sociales y la Sociedad Actual

La familia es un ámbito, una construcción, un lugar de vínculos y relaciones, donde posibilidades, valores, correspondencias, juegos de fuerza e intereses van y vienen en su interior con el contexto inmediato y la sociedad. Las Ciencias Sociales estudian a la familia desde el siglo XIX, pero en los años ´60 y ´70, comenzó ser investigada en términos de lo público lo privado puesto que no es ni más ni menos que eso aquello que sucede en el núcleo básico de la sociedad. Aquello que – con lenguaje de época - acaecía en la constelación familiar. Para el Estado ha sido y es eje de los más grandes esfuerzos en varios sentidos. Señalo como ejemplos el principio de siglo con el control ejercido sobre la familia migrante e industriosa, los ´40 con el Justicialismo, los ´50 con el Desarrollismo y los 70 con el Terrorismo.

a.
En 1910 la familia pobre, migrante o de la tierra, era el lugar donde los chicos – al decir de los positivistas – aprenden a delinquir, donde se originan todos los males sociales (Elías; 2000, b) . Por ello había que indagar en la familia, obtener datos y controlar aquellas de dudosa moral. A los niños sólo les cabía –luego de ser estudiados – ser aislados, asilados y expósitos para – a posteriori - ser entregados a familias de bien.

b.
No abundaré aquí en la relación familia – desarrollismo, puesto que la doy por conocida, sólo señalaré que fue una época de retorno hacia ella: La familia como célula básica de la sociedad. El lugar al que el niño debía retornar, ser criado, formado, amamantado, pero eso sí, en medio de un proceso de educación de los marginales por parte de técnicos y profesionales especializados.

c.
La dictadura que vivimos entre 1976 y 1983 instauró no sólo un nuevo proceso político que impactó al Estado, las instituciones, las formas de hacer política y la ciudadanía. Además de leyes, decretos, Doctrina de la Seguridad Nacional, represión pública e indiscriminada, tal como dice Filc El discurso de la dictadura acerca de la familia contribuyó a que se creara la ilusión de una sociedad despolitizada, a la vez que se legitimaba la represión, ayudando así a abrir el espacio privado a la intervención estatal. La metáfora de la nación como una “buena familia cristiana10” permitió la naturalización del orden social, generando la apariencia de una sociedad formada por una serie de células-familias cerradas, unidas por el parentesco, en la cual las relaciones Estado-ciudadanía se definían en tanto relaciones familiares naturales y no relaciones políticas fundadas en negociaciones a través de instituciones intermedias. (1997:199).

Porque la familia reproduce relaciones sociales, estrategias de sobrevivencia, conlleva tragedias, ausencias, divorcios, recuerdos desapariciones. La sociedad y la historia reciente nos muestran nuevas formas de familia: No sólo familia residual, monoparental, la de doble proveedor, un proveedor, con jefa de familia mujer. Además familias crecidas durante los años de plomo, invisibles/subversivas, anormales11 perduraron no sólo en la resistencia, sino que crecieron y se multiplicaron en los organismos de derechos humanos con familiares de desaparecidos, niños nacidos en cautiverio, niños recuperados. Son nuevas familias, nuevas formas de relación que exponen reacomodamientos en la ideología, el quehacer cotidiano, nuevos roles y tareas. Seguimos aquí la tesis que prolija y detalladamente Judith FILC construye al proponer que surgieron como reacción y metamorfosis a:

La naturalización de las relaciones políticas implicaba que había sólo un tipo de conducta ciudadana “normal”, y que ése era la obediencia al Estado-padre. Las funciones del padre, a su vez, se definían según la doctrina católica. Así lo explicaba Blas Barisani en su texto para escuela secundaria, “Formación Moral y Cívica II":

El Hombre es el jefe de la familia y en él reside la autoridad del hogar, a cuyo régimen deben someterse la esposa y los hijos... El ejercicio de la autoridad es imprescindible en la misión educadora de la familia. Cuando se registra una falta de autoridad en la familia, la vida social entra en crisis. La familia rectamente gobernada se convierte en una escuela ejemplar donde la educación, también la educación social, ocupa un lugar primordial. (Barisani, 1980:24).

Era el deber de los hijos obedecer al padre, pues éste estaba mejor calificado “psicológica y físicamente” para asumir la “primacia de la razón y de la dirección” (Barisani 1980:33). Asimismo, la “autoridad” – atributo “natural”- era el factor constituyente de los vínculos familiares. Lo “natural”, entonces, en el vínculo Estado –ciudadanía, era la obediencia a esa “autoridad” del Estado- padre. (Filc; 1997: 199)

¿Se arrogaba la autoridad al padre a la par que por el proceso político y económico dejaba de ser en muchas familias el único proveedor? ¿Quén era ciudadana y ciudadano?

Digo nuevamente: ¿qué pasa con la familia? La familia es nuclear, es unipersonal, ampliada, ensamblada, extensa, tiene miles de fidelidades e infidelidades. La familia ya no es únicamente heterosexual, es también homosexual, cuestión que no es fácilmente aceptada por las instituciones al momento de la intervención social, el subsidio, los beneficios sociales, al momento del programa social. Los cambios y procesos señalados en lo político institucional y económico acaecen y se estampan en el seno de la familia la que reacciona, cambia, reordena escenarios, responde.


Decíamos que 744.000 familias argentinas viven en la indigencia12: El 25% de las mujeres argentinas están al frente de una familia y tienen niños menores de 6 años13. El 60% de estos hogares tiene hijos menores de seis años. Es decir que 460.000 familias tienen hijos de esta edad14 ... Depositarias de ciudadanías asistidas. En general, estas personas (adultas/os viejos/as, niños/as) integrantes de una familia viven en lugares alejados de los centros de poder, donde las carencias son demasiadas. Con bajo stock humano-cultural, escolar y sanitario, escasa o nula formación profesional, el centro de salud tiene escasas posibilidades de atención, el personal especializado es limitado, el edificio paupérrimo, la población usuaria mucha, a veces excesiva para la capacidad instalada..., luego, ¿cómo garantizar el derecho a la salud? O porque la escuela tiene tres turnos, está saturada de niños y niñas, del edificio mejor no hablar...¿cómo instruirlos? No hay oferta de beneficios sociales a futuro, ni obra social, ni aportes jubilatorios

Cuando se hace una declaración se habla de la utopía, de un ideal de proyecto, no puedo más que pensar en esos otros que contabilizaba antes ¿Son ciudadanos asistidos, asistibles?¿Cómo, con qué lograr sujetos habilitados en conocimientos y códigos para ascender socialmente, integrarse a una labor calificada adecuadamente remunerada, protegidos por el estado, ser ampliamente solidarios es decir integrar ciudadanos emancipados?


El Trabajo Social
¿Estas cuestiones interpelan al Trabajo Social? Sí, claro y me parece que los trabajadores sociales, y aquellos que desde otra disciplina acompañan el campo, como en el caso de Mario Robirosa aquí presente, somos y nos semtimos interpelados. Podemos – como lo venimos haciendo – pensar, opinar, decir y hacer aunque la distancia entre unos y otros ciudadanos es grande, aunque a veces los recursos nos opaquen el horizonte. Hablo del recurso que es el Trabajo Social, del protagonismo ampliado que le es implícito, aunque las políticas se nos presenten focalizadas, troqueladas y nos muestren de modo permanente la brecha entre política social y económica. Quiero decir estamos lejos de los ciudadanos emancipados, pero también que la utopía está presente en todo momento.

¿Qué sucede con la disciplina en su ejercicio y la familia en este contexto de tensión?

La familia ha sido y es, para nosotros un escenario a la vez trascendente e iniciático para la proyección de cada uno como profesional. Para muchos es la historia en la que intervenimos – en ocasiones – con poca o nula conciencia del ejercicio del control social, la normatización, la adaptación. Es cierto, el Trabajo Social y los Trabajadores Sociales estamos muy penetrados por discursos positivos y paradigmas atravesados por el discurso dominante (antaño la medicina y el derecho y en el presente el neoliberalismo y sus consecuencias: la focalización, la asistencia,la prédica del ajuste) pero felizmente la disciplina y nosotros hemos podido nutrirnos y encontrar un lugar, un espacio de reflexión y aportes mutuos en las Ciencias Sociales, aunque también sé que Trabajo Social no tiene un modelo único, no es uniforme, coexisten propuestas y prácticas ligadas a diferentes formas de pensamiento e ideologías.

Hemos crecido, delineado modelos de intervención social, ensayado reflexiones que superan el mero activismo, el hacer cuestionando la identidad, abandonando debates bipolares y vacuos15. Estos cambio, este escenario, estos actores, estos paradigmas que varían, coexisten, se permean permiten posicionarnos de un modo distinto y por distinto – tal vez -más cercano al discurso de emancipación de ciudadanías, de minorías. En fin, de emancipación como derecho para familias, para sujetos que tejen sus estrategias en el andar de la historia y las relaciones sociales y no como concesión de funcionarios.

Convengamos en que el Trabajador Social es un especialista, un conocedor de la familia que no ha sabido quizás, privilegiar suficientemente ese lugar intelectual, ese lugar real de aprendizaje y conocimiento.

Quizás ha sido escaso el conocer sistematizado, el registro de esas formas de relación crecimiento y cambio que la familia tiene entre sí, dentro de sí y para con la comunidad inmediata. Para con la sociedad y el escenario de la política y los políticos.

Considero posible y necesario seguir trabajando con actores, sujetos de derechos y ciudadanías. Recibamos el discurso, usémoslo como herramienta pero con la condición de no ser nuevamente transmisores de normatización definida en la globalización, de orden social injusto, de disciplinamiento; busquemos formas de anticiparnos en la cuestión social de la que tanto sabemos a la hora de los diagnósticos y los proyectos.


Quiero señalar y retomar la relación hecha con el lenguaje por el ponente que me precedió. La retomo a riesgo de la disgresión que implica, pero lo hago porque me permite formular una exhortación: El lenguaje supone una intrusión en el cuerpo del otro16. Es cierto, cuando nos introducimos en el otro, en cierto sentido nos apropiamos del otro nos estamos apropiando también de lo que siente ese otro y estamos escribiendo en él ciertas cuestiones, ciertos objetivos, planteos y utopías que creo son política y disciplinariamente (me refiero a la disciplina del Trabajo Social) saludables.

A Modo de Cierre

Consideremos a la ciudadanía como derecho social, como patrimonio de las familias, como estatuto demandable y como tal poder en vez de considerarlo como mera ley escrita, como mero acto administrativo, porque participación y ciudadanía significan potencialidad para tomar la palabra, para ser político, construir el espacio público. Cedamos la palabra en cuestiones que le tocan al ciudadano, demos razones del hacer, de la autonomía que es también solidaridad pese a la incongruencia de los discursos de ciudadanía tensionados por condiciones de desigualdad. Cuando en esta sociedad le surja esto de “dicen... me dicen... dicen que tenemos derechos...” no dejemos estos discursos, estas utopías, estas obligaciones del Estado de lado. Tomémoslo, usémoslo, transfirámoslo, compartámoslo con aquellos que son los sujetos de nuestra intervención, porque esta intervención es intercambio, es también crear un escenario de iguales ante la ley, la constitución y la vida cotidiana.

Con relación a las condiciones de empleo, subempleo y desocupación, condicionantes de la indigencia, la pobreza y la necesidad, apostamos a la consulta popular en pro del otorgamiento de beneficios a esas familias tal como es propuesto por centrales y agrupaciones de trabajadores.17

Argumentemos a favor de los derechos de los ciudadanos, con competencia dialógica, con responsabilidad crítica, teniendo en cuenta que ... se observa en América Latina, mucho más que en otras regiones del mundo, un patrón de desigualdades acumulativas: diferentes criterios de desigualdad – de clase, de género, racial, étnica, regional... (que) - tienden a superponerse, engendrando estructuras sociales de gran rigidez. (VILAS; 1999:121)

Visualicemos la constante interacción familia-Estado en ambos sentidos, y tengamos en cuenta que la legislación no contiene, que la desigualdad es un producto social en cuanto diferentes sociedades generan patrones distintos de desigualdad, tanto en magnitud como en sus modalidades de expresión. (VILAS;1999:121)


El ejercicio de reconocimiento de nuevos derechos conlleva también al Trabajo Social a nuevas formas de encarar sus acciones, puesto que cuando digo reconocimiento de derechos obviamente me refiero a derechos sociales. Efectivamente el Trabajo Social opera con nuevas herramientas, actúa en la capacitación de actores, brinda y recibe conocimientos recíprocos, pero también es muy necesario que en esa transferencia de herramientas transfiramos como una herramienta más - metodologías que tengan en cuenta escenarios sociales y políticos y también sus formas de interpretación. De no ser así creo que volveríamos en una nueva vuelta más modernizada, más aggiornada al Trabajo Social de cepa más conservadora. De no ser así, hablamos de participación pero no generamos escenarios reales de participación informada y donde transcurra tanto la reflexión como el vivir de las ciudadanías y familias.


Para abrir el debate señalo que la intervención del Trabajador Social necesariamente contiene y es contenida por éticas que no deberían sólo figurar en regulaciones administrativas y librescas a las que se apela por cuestiones de mercadeo y exclusión, entendiendo que éste es aún un debate pendiente18 del conjunto de los que hacemos diariamente esta profesión.

Bibliografía

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  • Borgiani, E.; Montaño, Carlos: Metodología de Servicio Social Hoy en Debate. Cortéz Editora, S. Pablo, Br. 1999

  • Bustelo, E. Minujin, A.(comp): Artículo: Expansión de la ciudadanía y construcción democrática. En: Todos Entran. Colección Cuadernos de Debate. Editorial Unicef – Santillana. Buenos Aires, 1998.

  • Cichelli - Pugeault, Catherine; Cichelli, Vicenzo: Las Teorías Sociológicas de la Familia. Editorial Claves-Dominios, Nueva Visión, Bs. As. 1999.

  • Constitución Nacional Argentina.

  • Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Naciones Unidas.

  • a. Elías, M. Felicitas: Artículo: Del Camino de la Desigualdad al de la Identidad. En: Revista Margen Edición Electrónica N 16, verano 2000. http://www.margen.org

  • b.-------------------------: Artículo: Positivismo e Infancia. Impacto y Persistencia Política. En: Revista Margen, Edición Electrónica N 18, Bs. As. Invierno 2000.

  • C. ----------------------- Artículo: Peritos, Peritados y Genocidas. En: Revista Confluencias Año 8 N 36, diciembre 2000.

  • Filc, Judith: Entre el Parentesco y la política. Familia y Dictadura, 1976-1983. Editorial Biblos, Bs. As. 1977.

  • IIDH (Instituto Interamericano de Derechos Humanos) Cuadernos de Estudio Serie Educación y Derechos Humanos, 1. Temas Introductorios. IIDH, S. José de Consta Rica, 1988.

  • Plan Social De La Alianza. Publicación Diario Pagina 12, Bs. As. 16.11.99.

  • Rofman, Alejandro, Romero, Luis A.: Sistema socio económico y estructura regional en la Argentina. Amorrortu Editores, Bs. As. 1997.

  • Soler, Ricaurte. El Positivismo en la Argentina. Pensamiento Filosófico y Sociológico. Editorial Paidós. Bs. As. 1968.

  • Vilas, Carlos M.: Deconstruyendo la Ciudadanía: Fragmentación Social, Globalización económica y Política de identidades. En: Revista Estudios Sociales. Año IX, n 17, Santa Fe, Argentina, págs. 11-132.

  • Wainerman, Catalina Hogares con dos Jefes. Publicación Diario Clarín, Sección Tribuna Abierta, Bs. As. 8.7.99.


NOTAS

1 Por referencia a dichos del expositor precedente Master Alfredo Carballeda.

2 Seguimos la clasificación propuesta por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (San José de Costa Rica), que asocia las “generaciones” de derechos vinculadas al proceso histórico de cobertura de ellos: a.) Primera Generación: los derechos civiles y políticos cuya característica es imponer un deber de abstención al Estado; son individuales y son reclamables en todo momento. b) Segunda Generación: los derechos económicos, sociales y culturales, cuyas características prescriben un “deber-hacer”, son de carácter colectivo; dependen de las posibilidades reales del Estado y c.) Tercera Generación: los derechos de los pueblos o “derecho de solidaridad”. Pueden ser reclamados por los Estados; requieren de la acción de la comunidad internacional y están estrechamente vinculados a la paz. Agregamos a esta clasificación los de cuarta generación que corresponden al desarrollo sustentable y equilibrio en el medio ambiente.

3 Capítulo II, Art. 17, 1 del Pacto de Derechos Económicos y Sociales y art. 16, 2 de la Delcaración Universal de los Derechos del Humanos del 10.12.1948

4 Por Ley 23313, durante el gobierno alfonsinista fue reconocido este compromiso, en el mes de octubre de 1986.

5 Aquellos y éstos que supieron en la Argentina del ´50 ser los privilegiados, son hoy objeto del ajuste y las políticas de mercado que los obligan a emplearse: a ser productivos.

6 Fuente: Plan Social de la Alianza, citado en Elías, M.F., 1999.

7 Diferentes versiones sobre la cuestión de ciudadanías ofrecen L. Andrenacci, C. Vilas, C. Filgueiras y entre otros.

8 Apelamos a ella dadas las características breves de esta presentación, pero entendemos que es necesario revisar similares indicadores a nivel nacional.

9 Constitución de la Nación Argentina, Cáp. X, Parte III, Art. 10 y sigs.

10 Encomillado de la autora citada

11 Denominación dada por el Proceso de Reorganización nacional, recuperada por J. Filc en el trabajo que mencionamos.

12 Según la conceptualización que seguimos son quienes no logran comprar una canasta de alimentos valuada en $ 70 por adulto del hogar.

13 En cifras representa a 104.000 hogares indigentes. Fuente: Plan Social de la Alianza.

14 ibídem

15 Me refiero a cuestiones tales como: asistencia- asistencialismo, teoría –práctica, etc.

16 Retomando la frase de uno de los expositores.

17 Nos referimos a la propuesta que inicialmente formulara la CTA (Central de Trabajadores Argentinos).

18 Ver Artículo: Peritos, Peritados y Genocidas citado en el acápite de bibiografía.



* Datos sobre la autora:
* Prof. María Felicitas Elías
Trabajadora Social, Especialista en Administración y Gestión de Políticas Sociales (UBA), Investigadora y profesora regular de la Fac. de Ciencias Sociales, UBA. Tesista del Programa de Maestría y Doctorado PUC-UNLP.
E-mail: mfelicitas@ciudad.com.ar

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