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Edición N° 31 - primavera 2003

El desarrollo humano esencia de la democracia, una contracción desde lo local a lo global

Por:
Luz Patricia Pardo Martínez
*
(Datos sobre la autora)


¿Cuál puede ser la esencia de la democracia? Si no el desarrollo de lo humano.

El Mayor anhelo del individuo desde que es consciente de su humanidad, es poder ser reconocido, aceptado, tener la opción de ocupar un lugar en un tiempo y hacerlo con dignidad, sin afán, sin angustia y ante todo sin temor, en donde la palabra sea expresión de acción e interacción que permita dibujar los trazos que llevan a construir un interés común.

Permitiéndole tener la posibilidad de un espacio vital social y cultural en donde cada ser sea en si mismo. Con identidad construyendo su vida y la de los suyos, poseedores de voluntad y capacidad de decisión para cambiar y transformar la realidad en pro de su colectivo social.

Hoy el concepto de democracia y de humanidad construido en lo micro se ve abocado a lo macro.

Una globalización que desafiante boga por ensanchar la geografía continental; con una democracia que aun no tiene claro su acción desde las unidades nacionales en el contexto de lo global. Con poderes e industrias globales y una informática que revoluciona la base social.

Lo anterior para plantear la procuración fundamental de este escrito. ¿Es posible obtener un desarrollo humano global con expresión y participación democrática?

Podría a caso afirmarse, que con la globalización el conjunto de los seres humanos, encontraran extensión de las opciones, expansión de capacidades, realizaciones elegibles, nuevas manifestaciones en el ejercicio de las libertades y mejoramiento de su calidad de vida y por tanto ampliación de la expresión democrática local, nacional y mundial.

O por el contrario de una parte asistimos al nacimiento de un mundo en donde se reconfiguran poderosas sociedades globalmente desarrolladas; con una larga longevidad, ingreso y nivel de vida decoroso, poseedoras de un conocimiento que desde la cuna cimienta el desarrollo futuro con alcances y proyecciones que transcienden el hoy. Y de otro lado sociedades sumidas en un marginamiento global, conducidas a altos niveles de deterioro, exclusión y agudización del confitó social.

Todo indica que estamos asistiendo al nacimiento de sociedades complejas en las cuales unas tendrán avances significativos y otras retrocesos angustiosos.

Este discurrir hacia la globalización llama al trabajo social, a revisar su acción desde lo provincial y lo macro a concebir y pensar la sociedad en torno a un proyecto de reconfiguración de la humanidad, a un nuevo proyecto de profesión en el abordaje de la problemática social.

Es una sociedad como dice Maria José Aguilar en donde “la comunicación y el

Conocimiento son actualmente el verdadero capital de cualquier organización. Estamos en una nueva era, la era de la información, y estamos asistiendo a una transformación social equivalente a lo que supuso en el siglo XIX la revolución industrial. Estamos viviendo en una sociedad- red….. En este contexto es urgente e imprescindible plantearse los nuevos roles y papeles porque el trabajo social esta en una nueva estructura social.” 1

Asumir y entender estos nuevos paradigmas que hoy rigen los ámbitos de la vida cotidiana como espacios de realización humana, que adquieren referentes en los que establecen, nexos o relaciones configurados en las redes sociales; redes como un aspecto inherentes a la condición humana, lo conduce en el diario vivir a una conjugación de saberes y posibilidades, pues la red funciona desde un tipo de intercambio interpersonal, desarrollando actividades conjuntas, disposición para el dialogo; compartiendo información personal y social. En este sentido Enrique Di Carlo señala que una sociedad -red se establece:

“A Partir de redes primarias (familia, vecinos, amigos).Las redes secundarias (Instituciones, organizaciones o empresas). El espacio dinámico de intersección de ambos tipos de redes configuran un espacio vital donde los satisfactores se expresan y particularizan”: 2

Entones la red se manifiesta en una interconexión del colectivo social, potenciando un espacio de participación democrática en nuevos escenarios para la acción transformadora como eje de cambio social, fuente generadora de un proceso que permita unir sinérgicamente voluntades y nuevas formas de expresión organizativa.

Quiere esto decir que en la acción y reacción los individuos se construyen una extensa red de relaciones en las que se crea y recrea la cultura de los seres humanos en cada sociedad, esto es algo que se ha hecho por siempre, tan solo que ahora con la interconexión mundial, dichas redes adquieren una dinámica que dimensiona los procesos sociales que se presentan tanto en los ámbitos particulares como los generales.

Para trabajo social esta mirada a lo global resulta de especial interés máxime si tenemos en cuenta que hablamos de una profesión disciplinar la cual atraviesa transversalmente la sociedad, lo cual implica que en su proceso de intervención e investigación social lo hace abordando los diversos sectores que componen los colectivos humanos, los cuales se ven abocados a nuevas necesidades y problemáticas, con nuevos paradigmas en el ejercicio de la democracia.

NOTAS

1 AGUILAR MARIA JOSE. Prologo “La formación en las organizaciones una función social.” Pardo Martínez Luz Patricia y Karen Beatriz López Hernández. Inédito.

2 Di CARLO ENRRIQUE. Redes naturales. Un modelo de trabajo. Universidad Nacional Mar del Plata Humanitas Buenos Aires Argentina. 2000.



* Datos sobre la autora:
* Luz Patricia Pardo Martínez
Trabajadora Social
Magíster Plantación socio- económica.
Candidata a doctor Educación comparada
Docente universitaria (Universidad colegio mayor de Cundinamarca)
Coautora de los libros (Gestión social del talento humano – la formación en las organizaciones una función social)

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