El desierto de la guerra

Por Carlos Solero Vale la pena recordar la sentencia de Tácito “Los romanos hacen un desierto y lo llaman paz.” En efecto, las legiones imperiales de la antigüedad destruían aldeas, humillaban al extremo a sus pobladores, los sometían de modos diversos y a esos castigos aberrantes les llamaban pax. Además, los jerarcas de los legionarios eran condecorados por sus méritos belicosos, pues claro sus acciones acrecentaban las arcas del Imperio y garantizaban la continuidad de los privilegios de la elite gobernante. Las acciones destructoras desplegadas por EE.UU. en Irak, en alianza con Gran Bretaña, España, Italia y otros Estados, dejaron al desnudo una vez más la funcionalidad entre el capital financiero, los complejos industriales-militares y la maquinaria de propaganda ideológica a nivel global. La campaña iraquí deja un cuantioso saldo de muertes, un territorio devastado. Y a todo esto cabe añadir las morbosas imágenes de la prisión de Abu Graib, exhibiendo la tortura como modo de desmoralización y demostración de poderío tanático. Barack Obama anuncia la retirada y sólo quedarán cincuenta mil soldados en territorio iraquí, con lo cual no hay tal retirada y el simulacro pacificador es -como siempre- una mascarada siniestra. Los pueblos de todo el Planeta debemos observar con la atención que merecen estas carnicerías desplegadas en otras latitudes, pues forman parte de la lógica destructiva del capital que se manifiesta bajo diversos ropajes.

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