La república que ¿perdió? el tren. Análisis y proyecto para refundar los ferrocarriles en la Argentina

Crítica del libro de Jorge Rubén Constesti Por: Elido Veschi La república que ¿perdió? el tren. Análisis y proyecto para refundar los ferrocarriles en la Argentina Grupo Editor del Encuentro, Buenos Aires, 2005, 264 págs.  No resulta difícil realizar los comentarios de introducción a esta obra de Jorge Contestí. Casi cuarenta años de conocernos, de compartir proyectos y realizaciones esperanzadoras, y derrotas, siempre parciales, me permite ver al ser humano mas allá de su extraordinaria experiencia y capacidad técnica para desarrollar, y sobre todo, explicar con claridad proyectos ferroviarios. Las primeras páginas de su relato nos recuerdan su vinculación infantil con la que iba a ser la pasión de su vida: el ferrocarril. Bucear en esa pasión tal vez requiera algún tipo de iniciación en las profundidades de los procesos históricos que rescaté de los archivos de la memoria, la conciencia sobre cuáles son los instrumentos de reproducción social, cultural y económica. El transporte y, dentro de él el ferrocarril, es una herramienta estratégica condicionante del modelo geoeconómico. Se puede utilizar tanto para desarrollar regiones como para vaciarlas. Por otro lado, el potencial industrializador e innovador que posee, trasciende su mera utilización como medio de transporte. La pasión que mencionaba tiene que ver, primero, con la percepción de las características formuladas y luego con la comprensión inteligente de tales potencialidades. Como toda pasión, se acrecienta cuando el objeto deseado se distancia. Entonces a algunos , y éste es el caso de Jorge Contestí, no les alcanza con sentirse personalmente seguros y convencidos de sus ideas, y contribuyen a través de la palabra oral y escrita a plasmar su conocimiento y experiencia, en este caso para contradecir el “genocida discurso neoliberal” que se armó con verdades a medias y mentiras completas para desarticular el Sistema Ferroviario Nacional. Hacía muchos años, tal vez desde los setenta, que no aparecía un trabajo que desde la pasión por la patria y el respeto hacia los conciudadanos, con rigurosidad metodológica y científica, demostrase una más de las falacias del neoliberalismo como aquella que pontificaba que no se podía tener un servicio de pasajeros interurbanos con parámetros de calidad razonables. En este punto hay que recordar los trabajos del Ing. Enrique Porta respecto de la renta social exigible al ferrocarril. Sucintamente proveyó de un método contable que permite poner de manifiesto cuánto gana un país por el transporte ferroviario aunque la contabilidad tradicional indique déficit de explotación. Lamentablemente las políticas gubernamentales desde Menem en adelante han profundizado el deterioro del sistema. El monto de los subsidios explícitos e implícitos que el Estado destina a las concesiones ferroviarias, en su mayor parte, son apropiados por los grupos empresarios concesionarios y no significan mejoras en los servicios. El Ferrocarril, como otras actividades estratégicas, ha sido utilizado como herramienta de saqueo de la economía transfiriendo recursos de los sectores más débiles de la sociedad a los más concentrados económicamente. No se trata entonces de intentar regular el saqueo, sino generar la construcción política que recupere la capacidad del Estado en administrar los recursos a favor de la sociedad toda. Creo que el presente trabajo de Jorge Contestí va en esa dirección y muestra que la sociedad actual tiene la capacidad de empezar a generar, en forma concreta y no sólo en los discursos, la direccionalidad necesaria para el proceso de transformaciones que nuestro país demanda. Un párrafo aparte merece el apéndice metodológico. Jorge Contestí no sólo es un gran especialista en transporte, sino que desarrolla una excelente capacidad didáctica para transmitir su conocimiento con una sencillez que permite a cualquier persona, con comprensiones elementales, adentrarse en la intimidad del cálculo de los distintos parámetros que sustentan el proyecto. Elido Veschi