Fábrica de pobres

Por Sebastián Giménez El día 21 de junio se ha incendiado el lugar denominado La Fábrica, ubicado en el barrio de Villa Soldati, a pocos metros del Barrio Ramón Carrillo. El Gobierno Porteño reaccionó afirmando que fue intencional, “para sacarle subsidios a la Ciudad”, en palabras del ingeniero Macri. Conocía el lugar incendiado por mi labor de Trabajador Social y puedo asegurar que era un lugar no pobre, sino miserable. Lo que quedaba de la construcción de lo que había sido una fábrica de otros tiempos de trabajo en el país, estaba en un estado totalmente ruinoso, derrumbándose prácticamente. Adentro, el hacinamiento no era sólo hacia dentro de una misma vivienda precaria sino por la proximidad de los vecinos hasta confundirse con la casilla propia. Cualquier lluvia, luego de hacer breve escala en los cartones o chapas que funcionaban como techo, iba a parar a los niños y adultos que ocupaban estas viviendas indignas de una sociedad moderna, máxime tratándose de una ciudad como Buenos Aires, que cuenta con recursos para paliar esto. El lugar era de una pobreza tal que describirla parece imposible. Sólo hay que verla para sentirla y conocerla. Superaba por lejos lo que es un barrio o villa de emergencia. No había casi material concreto en las casillas. El barrio Ramón Carrillo, pobrísimo también, y situado cruzando el puente de Avenida Lacarra, es en comparación un lugar de privilegio. La Fábrica llevaba años de abandono, de desidia estatal. La brillante excepción son los médicos y otros profesionales del Centro de Salud n° 24, que visitaban el lugar semanalmente y atendían a la gente. Lo que indigna realmente es que se vuelva victimarios a las víctimas de una exclusión social aberrante, infamante, lo que se busca con declaraciones como las del señor Jefe de Gobierno. El mismo gobierno que no siente que le “sacan” nada a la Ciudad cuando otorga subsidios y facilidades a sus contratistas amigos. ¡Cierren que vienen los pobres! Luego del incendio que acabó con el lugar donde vivían en la miseria, los vecinos se dirigieron a Pavón y Entre Ríos, donde funcionan los planes de acción social del Gobierno Porteño. Increíblemente esta dependencia cerró sus puertas hasta el lunes 29 de junio, ante la avalancha de demandas. Es algo tan pavoroso como imaginarse que ante el brote de la gripe “A” cierren los hospitales al haber muchos vecinos que necesitan atención. Este abandono es inexplicable e imperdonable. En ese edificio funcionan programas que atienden distintas necesidades de los sectores vulnerables, como subsidios habitacionales, el plan nuestras familias, atención de la tercera edad, atención de discapacitados, etc. ¿Para qué está la Subsecretaría de Desarrollo Social del Gobierno porteño si no es para atender a los pobres, a los necesitados, a los que ya vivían mal y se quedaron sin absolutamente nada? ¿Se puede abandonar a la gente en la calle impunemente? Los vecinos víctimas del incendio se limitaron a incendiar papeles en la intersección de Pavón y Entre Ríos. Tuvieron buenos modales ante tanto abandono y desidia. El Gobierno les otorgará un subsidio de $8000 para que se instalen en un lugar más miserable que en el que vivían. Así, el edificio que tiene a su cargo la política social del Gobierno porteño volverá a abrir, atendiendo a los pobres de a uno, separados, dándoles número, para que no se les ocurra organizarse para “sacarle subsidios a la Ciudad”. Pero los pobres, que son cada día más, que viven en fábricas que cerraron abandonadas por tantos gobiernos de desidia y entrega nacionales, un día quizás se cansen y perdiendo o no los buenos modales no se conformen sólo con subsidios miserables sino con una vivienda digna, trabajo y educación, que después de todo son derechos constitucionales que les corresponden y que desde hace mucho les vienen siendo negados. Sebastián Giménez es Trabajador Social

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