Ensayando para repensar el desarrollo local en pequeñas localidades de la llanura

Por Juan Manuel Diez Tetamanti y Eleonora Verón
En el presente ensayo se propone repensar la noción de desarrollo tomando como punto de partida las experiencias del trabajo de campo realizado en localidades del área rural de la provincia de Buenos Aires y lo expresado por autores que vinculan al desarrollo con el ser social, la pampa y la América.

¿Qué es la Ciencia? No es más que el invento de los débiles que siempre necesitan de una dura realidad ante sí, llena de fórmulas matemáticas y deberes impuestos, sólo porque tienen miedo de que un árbol los salude a la mañana cuando van al trabajo. Un árbol árbol que dialoga sería la puerta abierta al espanto y nosotros queremos estar tranquilos, y dialogar con nuestros prójimos y nadie más. Evidentemente no creemos en la magia, no solo porque tengamos una firme convicción de la dureza de la realidad, sino ante todo porque necesitamos llevarnos bien con 6 millones de prójimos encerrados en la ciudad de Buenos Aires. Y para ello es preciso poner en la vereda a los árboles, con su lenguaje monstruoso y creer en la dura, inflexible y lógica realidad.
Rodolfo Kusch. Obras completas. Indios porteños y dioses.

El término desarrollo según la Real Academia Española indica una acción y efecto de desarrollar o desarrollarse, en el sentido de progresar, crecer económica, social, cultural o políticamente. Y este crecimiento se da a partir de recibir aumento por añadidura de nueva materia (RAE 2009). Y el desarrollo local es definido como la posibilidad de las comunidades de desarrollarse, en el sentido explicitado anteriormente, aprovechando sus recursos y potencialidades endógenos, esto es, sus factores económicos y no económicos.

Rodolfo Kusch, filósofo argentino y latinoamericano lamentablemente pocas veces rescatado por la academia nacional, alude al desarrollo impulsado por el desarrollismo eufórico de la década de 1960 como lo que está arrollado o enroscado y que debe desarrollarse en el sentido de desenroscarse. Esta idea de desarrollo desde arriba, como parte de un “plan” que implica que una cosa se desarrolla y es “más desarrollada” que la anterior, advierte al desarrollo en sus aspectos exteriores, por lo que Kusch afirma que para los impulsores del desarrollismo y sus teóricos, es natural pensar en “mutar el ethos” del pueblo (R. Kusch, 2007).

Osvaldo Soriano y Ezequiel Martínez Estrada encuentran en la llanura argentina un vértigo que caracteriza al habitante de la pampa. Para Soriano, su novela Una sombra ya pronto serás transcurre por caminos polvorientos como reflexión sobre la soledad argentina, sobre el ir y el venir, especialmente sobre el quedarse o el irse (O. Soriano entrevista con Carlos Algeri. Cronista Comercial. Mayo 1990. En O. Soriano. 2003). Ezequiel Martínez Estrada en 1942 describe que al transitar por la llanura (pampeana), “el viajero nunca mira hacia atrás...” “… lo que lo atrae es algo que está más adelante del horizonte: el punto de llegada (el proyecto constante), lo que recuerda: el punto de partida. Todo hombre de llanura es oriundo de otro lugar. El árbol de esta llanura, el ombú, tampoco es oriundo de ella” (Martínez Estrada, 2007). Lo interesante de este pasaje lo constituye la importancia de “lo importado”, “lo forzado como propio” tomado luego como auténtico ante lo horizontal de la llanura. El ombú, oriundo del noreste argentino, es una metáfora de la necesidad de hitos, aunque ni siquiera sean reales, pasan a serlo.

No es inocente que Soriano haya tomado a la llanura como metáfora de la Argentina, como modo de escenificar el vértigo horizontal del habitante ante el futuro (Soriano, O. 2003). La novela de Soriano nos introduce en un espacio abandonado, repleto de plagas y con personajes perdidos en una geografía plana, triste y angustiante. Lugares que parecen idénticos unos a otros o bien, que alguna vez fueron lo que hoy ya no son. En Una sombra ya pronto serás se huele la pampa, el despojo, el olvido; se siente una sensación de despedida constante. El permanente rodar de los personajes asumen una búsqueda de saber quiénes son y hacia donde van en medio de la llanura sin más declives ni tensiones que las humanas. Aquí, la búsqueda de “salvarse” del encontrar un “proyecto” para salir del pozo es recurrente como parte de la descripción del sentirse perdido. No hay árboles ni carteles, todas las referencias de progreso y desarrollo se referencian en el extranjero, afuera: Cleveland, Roma, Río de Janeiro, Bolivia...
Esos espacios son los buscados pero jamás encontrados en un espacio constante de retorno al mismo punto de partida: alguna parte de la llanura. Referente a la forma, a la geografía, Kusch se pregunta si “el pensamiento sufre la gravidez del suelo, o si es posible lograr un pensamiento que escape a toda gravidez”. Para Kusch, la Geografía hace al hábitat y éste al domicilio. “La Geografía comprende las rugosidades reales como los accidentes de la tierra.
Por este modo apunta a un modo de ser-ahí, al “para vivir”, o sea al hábitat, al molde simbólico en el cual se instala el ser.”

La idea de esta introducción se vincula estrictamente con el área de trabajo donde se basa este ensayo. La llanura es un espacio particular y único en donde es imposible cosificar al lugar como sólo un emplazamiento. La llanura plantea un desafío a la categoría de desarrollo porque casi no hay más elementos que rompan la monotonía y el vacío, que la diversidad de suelos y el propio habitante, como agente de acción y creación. Ante esto, el desarrollo, la idea de progreso y el cambio se vinculan estrechamente con el suelo, la actividad, lo que se produce y el cotidiano.

El trabajo de campo que da pie a estas páginas fue realizado en cinco localidades rurales del centro y sudeste bonaerense, sumando a ello entrevistas realizadas a funcionarios públicos vinculados a políticas de desarrollo “local” rural. En este marco, las palabras Desarrollo y Local se oyen reiteradas veces -en algunas oportunidades casi causando el hartazgo- en los pasillos de ministerios, dependencias públicas vinculadas al sector, ONG’s y en boca los denominados “referentes sociales [locales]”. Decenas de modelos, métodos, manuales, informes, diagnósticos y técnicas se emplean a diario en las localidades rurales para “animar”, “promover”, “alentar”, “generar”, “propiciar” el desarrollo, la sustentabilidad, la sostenibilidad, la competencia, el autogerenciamiento, la auto gestión... El listado de términos, palabras y conceptos podría ser demasiado extenso y cada vez más dificultoso de desentrañar en sus acomplejados significados. Al recorrer la llanura, sin embargo, es complejo distinguir en el paisaje social estas categorías como elementos propios del habitante.

A partir del trabajo de entrevistas se advierte que el desarrollo es vivido por algunos habitantes de las localidades rurales como una experiencia del pasado o bien dependiente de la técnica aplicada al suelo, el trabajo y el movimiento de objetos entre un punto y otro.
Usualmente (a partir de lo analizado en el trabajo de campo) se asocia el término, en base a la experiencia vivida, a acciones a realizar cuyo fin no es más que paliar crisis económicas coyunturales o cuestiones asociados a lo laboral, a la subsistencia, a estrategias de acción que muchas veces no pasan de simples enunciados a los que no hay posibilidades materiales de concretar mediante herramientas importadas de la ciudad o la academia. Pero también se lo asocia a cuestiones tangibles, materiales, visibles, que los ayuden a mejorar en ciertos aspectos de su cotidiano, en general como obras de infraestructura. Es decir, de un modo o del otro, se entiende en lo cotidiano que la base del desarrollo local es económica.

Desde lo académico, José Carpio Martín redefine a desarrollo refiriéndolo a las personas y no a los objetos, a la construcción de relaciones horizontales entre lugares (Martín, 2000). Desde la teoría del desarrollo económico Celso Furtado dice que se busca “explicar las causas y el continuado aumento de la continuidad del factor del trabajo y sus repercusiones en la organización y en la producción y por ende, como se distribuye y se utiliza el producto social” (Furtado, 1970). Esta definición mucha más dura incluye lo social y el objeto, las cosas y la dinámica.

Para Alburquerque, (1997) hay varias concepciones de desarrollo local: hay veces que se entiende exclusivamente el desarrollo de un nivel territorial inferior, como puede ser el desarrollo de un municipio. Otras se utilizan para resaltar el tipo de desarrollo endógeno que es resultado del aprovechamiento de los recursos locales de un determinado territorio.
En otras ocasiones, como una forma alternativa al tipo de desarrollo concentrador que se basa en un enfoque vertical de “arriba-abajo” en la toma de decisiones. Pero en líneas generales se coincide en que el desarrollo local debe orientarse a asegurar mejores condiciones de vida de la población local, tratando de centrarse en la mejor utilización de los recursos locales para promover nuevas oportunidades. Oportunidades en materia económica y organizacional, que se corresponderán con mejoras en las condiciones de vida generales, venga el crecimiento desde arriba o abajo, por parte de los gobiernos / administradores o las corporaciones / empresas privadas. Pero no hay que perder de vista que gracias a estas ideas, en los países como los latinoamericanos y más aún en las áreas con más urgencias dentro de ellos, esta idea ha servido como justificación del traspaso hacia los estamentos menores de ciertas responsabilidades, a partir de la descentralización, justificándose la responsabilidad absoluta de los mismos para “salir” de múltiples padecimientos sociales.

Las ciencias sociales, la literatura y la poesía poseen una diversidad importante de herramientas para repensar el concepto de desarrollo local, hoy dominado por las corporaciones académicas y los organismos de financiación de proyectos.

Cuando Walt Withman en “Canto de mi mismo” dice “..antes del amanecer, subí una colina y contemplé el estrellado cielo, Y dije a mi espíritu: -Cuando hayamos abarcado todos los orbes y saboreado el placer y la ciencia de todas las cosas que contienen, ¿nos sentiremos colmados y satisfechos? - Y mi espíritu contestó: -No, habremos alcanzado esas alturas para sobrepujarlas y continuar nuestra marcha“ refleja la idea del retorno; una categoría que podría aportar al desarrollo en el sentido de romper con su estructura de avance y crecimiento absoluto (en relación a logros, progreso, aumento, de desenroscar lo enroscado...)
La idea del retorno permitiría poder caminar en el proyecto mirando el pasado y el futuro como una entidad única constituida en la propia acción social. Sin querer complicar el análisis, consideramos que la revisión de la literatura en su diversidad, nos permite avanzar sobre nuevas estrategias para pensar el desarrollo, fuera de los esquemas importados que a veces hacen de dañinas prótesis a lo autóctono. Los conceptos y las ideas constituyen la parte simbólica que se hace concreta en la acción del desarrollo.
Repensar el territorio como un Todo, al modo que lo invoca Milton Santos en su literatura, realzando los aspectos propios (no solo los útiles y mercantilizables) sino también los que parten de la vida cotidiana, lo banal, la filosofía local popular, lo oculto y lo visible, las historia de luchas ganadas por mejorar las condiciones de vida, como también aquellas batallas perdidas.

Podríamos pensar también el concepto de desarrollo local a partir de la gravidez del suelo” así como Kusch lo postula para el pensamiento. Desarrollo desde el suelo nos acercaría a un espacio en donde lo palpable es lo cotidiano y lo “lograble” es inmediato a donde se pisa, trabaja y vive, donde suceden los problemas y donde está el conflicto.

Durante el trabajo de campo hemos podido analizar casos de importación de esquemas y otros en donde el esquema es propio o apropiado y reescrito. En estos últimos casos, el desarrollo se vincula con lo banal, con lo diario. El desarrollo es vivido a cada paso en el conflicto de su propia creación. No como un un aspecto del pasado -casi nostálgico- derivado de las utilidades de un territorio que es servil y construido al son del modelo agroexportador; que hoy excluye manos de obra suplantándola por el capital financiero.

Los nuevos espacios de acción y los múltiples emergentes sociales -en todos los sectores y actividades- nos obligan a repensar estos conceptos para apropiarnos no solo de ellos, sino del propio desarrollo vivido, del bienestar y la equidad y del problema como autóctono. Por empezar, para ser partes del conflicto de acciones y de este modo, intervenir en el proyecto común innovando en el camino.

Insistiendo, creemos que resulta casi imprescindible recurrir a lecturas y reflexiones vinculadas con el arte, la poesía, la literatura además de nuestras ciencias y métodos para continuar enriqueciendo categorías. Permitirnos recurrir a territorios situados al límite de nuestra ciencia podría permitirnos aventurar en nuevas ideas y campos de acción , porqué no más factibles en nuestra geografía.

Quizás en nuestra ciencia también sea momento de atrevernos a dialogar con nuestro pasado, nuestro suelo, nuestro conflicto, nuestros árboles; para pensarnos.

Bibliografía:
Alburquerque, F: Desarrollo económico local y distribución del progreso técnico. Cuadernos ILPES Nº 43, CEPAL, Naciones Unidas, Santiago de Chile, 1997.

Kusch, Rodolfo. Obras Completas (Tomo III) Geocultura del Hombre Americano. Ed. Fundación Ross. Rosario. 2007.

Martín, José Carpio. Desarrollo local para un nuevo desarrollo rural. En: Anales de Geografía de la Universidad Complutense. 2000.

Martínez Estada, Ezequiel. Radriografía de la pampa. Ed. Losada. Buenos Aires. 2007.

Santos, Milton. La Naturaleza del Espacio. Ed. Ariel. Barcelona. 2000.

Soriano, Osvaldo. Una sombra ya pronto serás. Ed. Seix Barral. Barcelona. 2003.

AUTORES:

Juan Manuel Diez Tetamanti: Licenciado en Geografía. Profesor en Geografía. Becario Conicet. UNMDP. UNLP. Doctorando en Geografía UNS
Eleonora Verón: Licenciada en Geografía. Profesora en Geografía. Becaria Conicet. UNMDP. Doctoranda en Geografía. UNS

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