Algunas reflexiones sobre Latinoamérica hoy (Editorial Margen N° 85)

Por Alfredo Juan Manuel Carballeda
La crisis por la que atraviesa el capitalismo en todo el mundo golpea a nuestro continente de manera singular. Genera inestabilidad política, social, incremento de la desigualdad y una extraña multiplicación de gobiernos que son directamente gerentes de los intereses del capital financiero.
Las corporaciones mediáticas han secuestrado a la verdad, la maltratan, manipulan y torturan, para luego matarla a través de múltiples formadores de opinión, sustituyéndola por una afirmación diferente día a día, según sus intereses y los del mercado.

“Todo pueblo colonizado -es decir, todo pueblo en cuyo seno haya nacido un complejo de inferioridad a consecuencia del enterramiento de la originalidad cultural local- se sitúa siempre, se encara, en relación con la lengua de la nación civilizadora, es decir, de la cultura metropolitana.”
Frantz Fanon
El Poder Judicial se encuentra a veces acorralado, otras veces cómplice, y en algunos casos luchando en soledad. Pareciera que un supuesto triunfo de la desigualdad nos acorrala generando angustia y desolación.

Los poderes económicos ya no ocultan su inmoralidad y su cinismo. Emborrachados de obscenidad y codicia destruyen a la sociedad, ahora sólo tal vez por el placer que les genera el dolor del Otro. O promueven su imposible desaparición.

Así lentamente, también van encegueciendo, perdiendo el contacto con la realidad y tratando de imponer -a través del terrorismo de mercado y de Estado- un orden que se siente en los cuerpos.
La política y la ideología -como únicas vías de salida posible de este proceso de dominación- son desprestigiadas por los amantes del odio y el dinero, sojuzgando pero a la vez construyendo su propio laberinto, el que que pareciera que va lentamente dirigiéndose hacia su propia implosión. Emborrachados de codicia tienden a enceguecer y, a veces, a luchar como cuervos entre ellos.

Quizá estos momentos sean útiles para visibilizar que no necesitamos “capitales” ni “saberes” externos para “desarrollarnos”, que podemos terminar con la desigualdad aprendiendo y seleccionando lo que nos conviene desde nuestra propia memoria histórica, en forma colectiva y solidaria. Que en el campo del Trabajo Social y las Ciencias Sociales debemos mirar nuestras realidades, nuestra historia, nuestra propia construcción de conocimiento y, desde allí, generar un giro cultural que nos haga salir de la ceguera que producen las nuevas-viejas formas de dominación.

Derrotar al colonizador, al dominador que llevamos dentro, implica reconocerlo, visibilizarlo y extirparlo; pero ese procedimiento sólo se hace con Otros, desde lo histórico, desde lo colectivo.
Salirnos de los límites que nos impone una subjetividad colonizada es tal vez una de las tareas de un Trabajo Social Implicado, consecuente y comprometido con el mundo que le toca vivir.

Publicado en la Revista Margen N° 85

Comentarios (1)

Verónica Damiánoctubre 28, 2017 en 17:01

“El hombre que olvida su historia, esta condenado a repetirla”, es así como el sector social tiene la responsabilidad de tomar decisiones importantes con base a sus necesidades, es ahí donde el trabajador social pude hacer inferencia sobre el equilibrio social/político.

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