Violencia escolar

En la Provincia de Corrientes fueron numerosos los casos de violencia dentro del ámbito escolar que se dieron a conocer en diferentes medios de comunicación, radio, tv y online. Las opiniones fueron diversas... Por Laura Escobar La directora de Enseñanza Media, profesora Nélida Cedrolla de Lancelle reflexionó diciendo que es tarea de los adultos buscar la salida a la ola de violencia que golpea a todos. Entendió que el alumno de hoy se encuentra solo, sin ningún tipo de contención. Reconoció que en estos hechos de violencia que se presentan cada vez con más frecuencia, la escuela posee un alto grado de responsabilidad. “Los alumnos en las horas de clases, deben estar trabajando por que al estar desocupado busca llamar la atención” puntualizó. Pero aclaró que la tarea de las instituciones escolares no se puede reducir solo a las horas de clases, sino que se debe atender lo que pasa afuera, tratando de contener a la sociedad. Consultada sobre la problemática, la jueza de Menores de Corrientes, Rosa de San Lorenzo, informó que son llamativos los hechos de violencia que se están registrando y que sin dudas se está fallando en la prevención. Una metodología fundamental para frenar la violencia que no es tenida en cuenta. Explicó que los responsables directos de estos incidentes son los padres que no se interesan en sus hijos. “Si un chico es violento es porque el origen de la violencia es el entorno familiar. Los padres deben dialogar, prestar cuidado de las amistades de los menores, cómo piensan y cuáles son los problemas que los agobia”, indicó. También se refirió al desempeño de los docentes, al aclarar que existen indicadores que le permiten al maestro o profesor saber cuándo un chico es agresivo. “Son síntomas y actitudes que presentan, como ser comportamientos, rendimiento escolar que una vez detectados se debe trabajar con el alumno para superar esa instancia. Sin dudas el “alerta docente” no está funcionando como debería. La violencia se termina con prevención”, subrayó la magistrada. Investigaciones recientes sobre la violencia muestran elementos novedosos: el mayor porcentaje entre las víctimas y victimarios de actos violentos son jóvenes; los comportamientos violentos no arman patrones homogéneos de socialización juvenil; no se observa relación excluyente entre actos violentos y escolarización; finalmente, la escuela, institución tradicionalmente encargada de promover formas "civilizatorias" de relación social, es hoy un escenario frecuente de situaciones violentas. (Silvia Duschatzky) Dentro de este contexto y en relación a mi experiencia con niños y preadolescentes de bajos recursos que asisten a apoyo escolar en una asociación civil, pude observar detenidamente como un niño reemplaza la palabra por el golpe adquiriendo significaciones distintas: para pedir algo; para pedir afecto; para llamar la atención; para pasar el rato; para divertirse, para…….. ¿Para qué lo hace? Preguntarse o entender sobre el ¿para qué? tal vez seria mas fácil que cuestionarnos sobre porqué tanta violencia. Agredir y patotear a otro que tiene algo que el no puede tener (la bici que a el no le pueden comprar, una zapatilla que no le pueden comprar, la gorra con bicera, etc) es mostrarle al otro se es mas fuerte, que se tiene mas fuerza, que es mas hábil…….que se tiene fuerza y poder aunque no tenga la gorra...la bici...etc. Estamos frente a niños y jóvenes que expresan en la escuela lo que viven diariamente en su familia, en su barrio, en la sociedad misma. Transitamos nuestra vida sumergidos en la violencia arrasadora de un modelo neoliberal que lleva a la competencia y consumismo extremo sin dar lugar a ninguna tregua. Los jóvenes urbanos hoy transitan una sociedad que los invita constantemente al consumismo, –vales por lo que tenés- y vivimos sumergidos en este mundo...donde los valores como el “compromiso”,”la solidaridad”,”el respeto”,”la amistad” se han perdidos…porque ¿para qué tenerlos? Si vale más lo que tengo, que lo que soy…. ¿O será que también podremos comprarlos en algún lugar?. La sociedad de hoy con cada vez necesita mayores clasificaciones de tipo de familias: familias desestructuradas, numerosas, etc. Padres y madres que necesitan ambos salir a trabajar porque el dinero no alcanza, delegando responsabilidades en abuelas, niñeras y obligadamente por momentos ausentes. Padres y madres que ya no se ocupan de la educación de sus hijos porque el tiempo no alcanza, o el cansancio es mas fuerte y llega un momento entonces en que desconocen como educar a sus hijos. Y el estado también muestra su ausencia en las escuelas donde encontramos a docentes que también son padres , que se sienten abrumados, estresados, desesperados por esta “nueva situación” para lo cual también carecen de capacitación. Pensar entonces en intervenir en violencia desde la misma escuela es, tal vez, pensar en todos y cada uno de los actores: sociedad, barrios, familias, niños, escuelas, directivos, docentes, profesionales; a partir de un espacio que genere su participación activa y comprometida. Brindar herramientas y capacitación permanente para entender lo que nos acontece y de esta manera poder afrontarlo ya sin miedos….Elaborar estrategias de intervención desde la sociedad misma involucrando a todos los actores para la construcción social de un espacio que se sienta como propio adquiriendo así el significado de contención. Laura Escobar Corrientes Capital

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