¿Pena más dura aún?

“Milagros había salido de su casa al mediodía del domingo. Poco después fue encontrada con golpes y ahorcada. Ayer, un nene de 7 años, vecino del lugar, contó que la había matado con su hermano de 9. Ambos están detenidos. Marcha en reclamo de justicia.” Este es un fragmento de una de las notas publicadas el martes 20 de mayo, por Página 12, en relación a lo sucedido en Rafael Calzada. A partir de este acontecimiento se emitieron numerosas y diversas opiniones al respecto, entre ellas hubo pedido de penas más duras para los niños de 7 y 9 años; se habló también de pérdida de inocencia; se exigió el encierro y aislamiento de estos niños con su consecuente juicio de culpabilidad, etc. A partir de estos planteos, nos hicimos algunos interrogantes, intentando reflexionar sobre esta situación, los cuáles, compartiremos a continuación. Por Silvana Rodríguez ¿Existe pena más dura que aprehender a matar a una persona como juego, a los 7 y 9 años?; ¿no es inocente que los niños hayan contado lo que pasó de inmediato a su familia? ¿es la solución encerrarlos y aislarlos como si ellos, con tan sólo 7 y 9 años fueran responsables de lo acontecido? ¿no existe alguna relación con el contexto particular y general en el que fueron socializándose?, ¿se podrá establecer alguna vinculación de lo acontecido con la constante vulneración de derechos de los que son víctimas esencialmente los niños, y más quiénes se encuentran bajo la línea de indigencia y/o pobreza, hasta incluso desde su concepción?. Sin dudas, el contexto en el que vivimos, potencia la incorporación de la violencia como forma de vida, de comunicación, de expresión, en tanto que la misma se manifiesta en todos los ámbitos, comenzando por la vulneración de derechos. Partiendo de allí, ambas familias son víctimas de esta primera forma de violencia. En este sentido, nos debemos una primera reflexión acerca de las condiciones en las que los niños/as, familias viven, y las implicancias de ello para el desarrollo integral del niño en particular y del grupo familiar en general; siendo imprescindible para ello, un análisis micro y macro social que permita la articulación de las diferentes variables puestas en juego en esta situación. Desde esta perspectiva, amerita un análisis o bien un intento de reflexión en particular lo acontecido entre estos niños. En principio habría que preguntarse que factores, circunstancias, formaron parte del proceso de socialización de estos chicos, en que contexto fueron creciendo, con quienes, desde que vínculos, con qué contención (en caso de que hubiese), en el marco de que instituciones, si tienen o no red familiar o de contención comunitaria, poder ahondar en las situaciones (seguramente terribles) que tuvieron que atravesar estos niños, para jugar a matar una nena de 2 años; o bien “necesitar” generar dolor y lastimar a otro como forma de expresión. Asimismo pensar que el aislamiento, el encierro, la culpabilización es la solución, es una forma de individualizar un problema de carácter social, general; y evadir así, la reflexión obligada que nos y les debemos, como adultos y responsables de su niñez, como garantes de sus derechos (aún desde la exigibilidad de los mismos), como responsables de su contención, crecimiento, desarrollo. ¿Se puede hablar de pérdida de inocencia cuando estos niños, fueron de inmediato a contarles a sus padres lo que había sucedido? ¿Tendrá alguna vinculación con la necesidad de hacerse ver, hacerse notar, dar cuenta de que existen, viven, tienen necesidades, que son sujetos que requieren y deben ser escuchados? ¿Será la única forma que encontraron para poder comunicarse, y que el mensaje sea recepcionado?. ¿Hay alguna pena más dura que esto? ¿No podían ser evitadas estas situaciones si se hubiese actuado antes, si se conocería las condiciones en las que la gente vive, si se actuara realmente en la resolución de sus necesidades?. Si las condiciones de vida fueran más justas, si la distribución de la riqueza fuera más igualitaria, si las instituciones contuvieran, si los lazos sociales estuvieran fortalecidos, ¿esto hubiese pasado?. Pues bien, ahora hay que actuar (en esta situación en particular) en las consecuencias, desde el acompañamiento interdisciplinario, desde el trabajo comunitario para abordar estas situaciones, y trabajar para prevenir, evitar, que estos hechos se repitan; y rever asimismo el diseño e implementación de políticas sociales y públicas, que respondan a las necesidades reales de la gente, potenciando la exigibilidad y propiciando el diálogo como forma de comunicación y el protagonismo como aspecto inherente a la construcción conjunta de una sociedad más justa. Es hora de además de horrorizarnos, empezar a preocuparnos y fundamentalmente ocuparnos de esta sociedad de la que somos, formamos y debemos tomar parte, comenzando por una lectura crítica de lo que se dice en los diferentes medios de comunicación, superando la mirada inmediastista y superflua que nos trasmiten a diario, para analizar desde el compromiso y la responsabilidad que nos incumbe la esencia de estas manifestaciones, realizando así la obligada autocrítica de nuestro papel en ello y pensar consecuentemente como actuar, y efectivamente actuar para revertir estas situaciones y evitar nuevas iguales o peores que éstas. Silvana Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-104509-2008-05-20.html

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