La cosificación: un arma de dominación

Por José Luis Parra Los habitantes del cono sur americano somos muy contradictorios. Mientras nos llenamos la boca con referencias a nuestras raíces y características folclóricas, vamos abandonando nuestra cultura en forma imperceptible, pero lastimosa.
Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras. Pablo Neruda. “La palabra” (Confieso que he vivido)
Voy los sábados al ”Drugstore”, no sólo por estar in. Comemos chicles con drogas, es un Carnaby petit. Please, ofréceme una Pepsi, o no, prefiero una Sprite, aunque hay Orange Ginger Ale, – no sé qué voy a tomar. ¡Viva mi tierra chilena que no soporta cadenas! Un Manhattan para el cóctel, con un sándwich de paté, Hilton, Viceroy y Lucky para un feliz happy end. Vamos a bailar go-go en un drive in especial, tengo un póster de los Beatles y un long play sensacional. ¡La patria y la soberanía se defienden con la vida! Mi camisa es wash-and-ware y mi espíritu también, soy pro-yanqui, amigos míos, por eso I love el inglés. ¡Viva mi tierra chilena que no soporta cadenas! Ángel Parra, El Drugstore

La férrea campaña desarrollada principalmente en España en defensa de la Ñ logró que se respetara esta letra emblema de la hispanidad en los teclados de las computadoras personales. Según relata Gabriel Rubio (Agence France-Presse), “A principios de los años noventa, los 400 millones de personas que hablan español salieron a partir lanzas en defensa de una letra. A simple vista, nada parecía más quijosteco que la denominada “batalla de la eñe”. Fuera del idioma español, era difícil comprender esa campaña universal, que estaba destinada -en el fondo- a preservar nada menos que el alma y la identidad de la lengua: la letra eñe, que se utiliza de manera constante desde el siglo XV, aparece en palabras esenciales del idioma como “español” y “niño”. Esa auténtica guerra cultural estalló cuando la Unión Europea (UE) impulsó en forma imprudente el proyecto de algunos fabricantes de ordenadores, que pretendían comercializar teclados sin Ñ. ...la primera en reaccionar fue la Real Academia Española (RAE). La desaparición de la Ñ de los teclados, proclamó en un informe divulgado en 1991, representaría “un atentado grave contra la lengua oficial”. “Es escandaloso que la CE (Comunidad Europea) se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la eñe ( … ) sólo por razones de comodidad comercial”, afirmó entonces el premio Nobel de Literatura 1982, el colombiano Gabriel García Márquez. “Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas sigue expresándose con dos”, argumentó”. Como consecuencia de la firmeza del reclamo, a partir de 2007 el gobierno español debió autorizar el uso de la ñ (junto con las tildes o las diéresis) como parte del nombre de los dominios .es para los sitios de Internet. Esta medida fue copiada por el NIC.ar (organismo oficial argentino que regula los dominios web .ar). Así, a partir de 2008 se autorizaron los dominios que utilizan ñ, diéresis o acentos. Pero la contradicción propia de los argentinos es notable. El diseño de las matrículas (patentes) para automóviles en Argentina se modificó en 1995. Actualmente consta de tres letras y tres números. Pero no utiliza la letra “Ñ”. Durante 2014 saltó de la “N” a la “O”. Se me ocurre que la razón de evitar la Ñ es que podría confundirse con la N. Pero si siguiéramos ese razonamiento, se debería evitar la E porque se confundiría con la F, así como la G podría confundirse con la C. De igual modo la O con la Q, la U con la V, la J con la I o ésta última con la L. Pero más allá de las regulaciones o la presencia de los caracteres propios de nuestras lenguas oficiales, la práctica cotidiana confirma la pérdida de nuestra cultura a partir del uso de nuevas formas de comunicación, que reflejan nuevas formas de expresión cultural. Existe la letra Ñ en los teclados, pero muchas personas la evitan en sus mensajes. Para ahorrar tiempo, también se evitan los signos de interrogación y exclamación en el inicio de las oraciones. Y qué decir de las tildes. La neohabla de las redes sociales y las nuevas tecnologías han sepultado los acentos. Podría decirse que los acentos no son trascendentes. Que la letra Ñ tampoco lo es. Que no lo son la cantidad de palabras que refieren -como sinónimos- esa diversidad de expresiones que enriquecen con variedad de posibilidades nuestras representaciones y expresión de aquello que sentimos y pensamos. Así como el verbo “get” (y la expresión “fuck” que acompaña toda forma de verbalización) fue desplazando -especialmente en Estados Unidos de Norteamérica- a otros verbos simplificando la actividad de pensar, en el cono sur de nuestra América Latina estamos presenciando la desaparición de expresiones de honda raíz cultural. Pero lo alarmante no es el cambio, la transformación o la revolución. Lo terrible es que los cambios se produzcan a partir de la penetración cultural que se consolida -en forma más o menos evidente- desde los medios de comunicación, la música, los insumos tecnológicos, etc., con los que se bombardea a nuestras sociedades. El fenómeno de nuestra época podría ser el “todo me da igual”. La cosificación, entendida como la reducción a la condición de cosa de todo aquello que no lo es. La reducción del lenguaje, la utilización de cada vez menos palabras, el uso de palabras extranjeras fuera de contexto o mal traducidas, son aspectos del drama de nuestra modernidad marcada por un colonialismo invisible pero implacable. Por ejemplo, en estos últimos tiempos se ha generalizado -especialmente por los comunicadores sociales- el mal uso de la palabra “bizarro” con la intención de señalar algo “retorcido”, “deformado”, “oscuro”, “extraño” o “extravagante”. Se la utiliza porque suena como la palabra española “bizarro”, por lo que se la castellaniza sin dudar. Es evidente que quienes la utilizan no conocen el verdadero significado de “bizarro”, esto es, en español, “valiente, esforzado”. Las lenguas se nutren y enriquecen con el uso de nuevas palabras, que se integran al acervo de cada pueblo por razón de la globalización y el avance de la tecnología. El uso de estas palabras, en nuestro caso castellanizadas, no significa una derrota cultural. Se trata de un proceso de enriquecimiento de la lengua. Sin embargo, la repetición sin sentido de expresiones que no se acaban de comprender señalan al fin una situación de alienación, es decir un “proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”. El proceso de neocolonización nos aliena, nos enloquece, nos confunde, nos aleja de la realidad. Como afirmó Neruda, los conquistadores españoles destruyeron culturas, millones de personas murieron, cientos de lenguas se perdieron. Luego, otras culturas se levantaron desde las ruinas. La letra Ñ no es importante en sí misma, pero sí lo es en significado. No olvidemos. No perdamos lo que tanto le costó a nuestros padres y abuelos. Utilicemos las palabras para sostener nuestros esfuerzos y plasmar nuestra libertad. Y para finalizar con la cuestión de la Ñ, recordemos aquello que con tanta claridad nos dejó María Elena Walsh:
LA EÑE La culpa es de los gnomos, que nunca quisieron ser ñomos... Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio... Todos evasores de la eñe... Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños!... ¡No nos dejemos arrebatar la eñe!... Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración... Ya nos redujeron hasta el apócope... Ya nos han traducido el pochoclo (pop corn)... Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe, con su gracioso peluquín. Quieren decirme, ¿qué haremos con nuestros sueños?... Entre la fauna en peligro de extinción, ¿figuran los ñandúes y los ñacurutuces?... En los pagos de Añatuya, ¿cómo cantarán Añoranzas?... ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo?... ¿Qué será del Año Nuevo... El tiempo de ñaupa... Aquel tapado de armiño, y La ñata contra el vidrio?... ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?... 'La ortografía también es gente', escribió Fernando Pessoa... Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones... Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K... Otros , pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda; la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados, después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui... A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo... Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta... Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada, también por pereza y comodidad... Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños... ¡Impronunciables nativos!... Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece... Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido, porque así se nos canta... No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio... Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda, y vuelva a llamarse Hispania... La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software... Luchemos para no añadir más leña a la hoguera, donde se debate nuestro discriminado signo... Letra es sinónimo de carácter... ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet!...


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