Tengo hambre, tengo frío. La atención de las personas en situación de calle desde el dispositivo de la guardia.

Por Victoria Camp (Lic. En Psicología) y Dolores García (Lic. En Trabajo Social) En los últimos tiempos se presentan con mayor frecuencia en la guardia del hospital pacientes con problemáticas de salud mental cuyas demandas de atención no se encuentran vinculadas con este aspecto, sino con necesidades de aseo, alimentación, vestimenta, falta de vivienda, medicación, etc. Estas demandas son expresión de problemáticas complejas que involucran diferentes dimensiones de la salud y que interpelan a los modelos asistenciales tradicionales: ¿cuáles son las demandas consideradas pertinentes para una guardia?, ¿qué es considerado urgente o prioritario a ser atendido en una guardia desde la perspectiva de las personas que solicitan atención y desde las/os agentes de salud?, ¿cómo pensar el abordaje del proceso de salud enfermedad atención contemplando al mismo tiempo las prácticas instituidas y la singularidad de la persona? Estas preguntas son expresión del desafío que implica para los equipos de salud la atención a personas en situación de calle para lo cual la noción de "sujeto inesperado" que postula Alfredo Carballeda resulta útil para dar cuenta del encuentro de los sujetos y las instituciones. El autor, al referirse a este encuentro, señala que el sujeto que emerge no es el esperado por los viejos mandatos institucionales, lo cual lo ratifica en el lugar de objeto no anhelado. Agrega que las instituciones no se fundaron en contextos donde la exclusión social sobresalía como problema, lo cual suscita confusión y azoramiento para los modelos clásicos de intervención -1-. Consideramos que el dispositivo de la guardia, por sus características particulares, resulta estratégico para la atención de las personas en situación de calle. La atención inmediata sin turno y la apertura del mismo las 24 horas resulta más accesible para esta población, debido a que las actividades que realizan a fin de cubrir necesidades de subsistencia (cartoneo, cuidado de coches, etc.) se desarrollan generalmente en horarios nocturnos lo que invierte el ciclo sueño vigilia y el ritmo de circulación habitual de la mayoría de los ciudadanos en la calle, resultando poco probable que puedan responder al circuito institucional establecido para la atención (solicitar un turno, presentarse en el horario indicado, etc.). Asimismo, durante las épocas invernales muchas personas acuden al hospital en búsqueda de refugio, constituyéndose el mismo en un lugar de circulación y pernocte frente a las inclemencias climáticas, generándose una oportunidad de atención para la persona y para el equipo de salud. Oportunidad en tanto la apertura a la posibilidad de trabajar en la restitución de derechos vulnerados (derecho a la identidad a partir de la gestión del DNI), articulación con comedores de la zona, el ingreso a Programas Sociales (subsidio habitacional, programas vinculados con el acceso a la alimentación, Asignación Universal por Hijo), contacto y revinculación familiar, el armado de una red social y la concreción de la accesibilidad a la atención de su salud. Desde una perspectiva integral de la salud, las demandas vinculadas con las necesidades de subsistencia son consideradas pertinentes y legítimas en tanto derecho que deben ser garantizados para todas las personas y nos convocan a diseñar estrategias diferenciales que respondan y se adecuen a las necesidades reales de las mismas. Asimismo, alojar estas demandas pueden en algunos casos, dar lugar a ir constituyéndonos como referentes significativos para las personas e identificar y visibilizar otras problemáticas subyacentes al motivo inicial de consulta. Este es el caso de Fernando que acude a la guardia solicitando permiso para bañarse porque necesita presentarse en un trabajo de cuidacoches. Este requerimiento puede interpretarse como una demanda que no corresponde ser resuelta en el hospital o como una manifestación saludable que lo pone en relación a los otros y a una tarea; también como un aspecto de su identidad y de la dignidad que se pone en juego en ese acto a partir de su pedido. Poder dar lugar a esa demanda, habilitó a que en ocasiones posteriores Fernando comenzara a solicitar un espacio donde poder tomar decisiones vinculadas a su historia familiar de padecimiento. Cabe destacar que no siempre fue aceptada esta primer demanda -higienizarse- con lo cual fue identificando referentes institucionales con quienes pudiera trabajar estos aspectos. En el caso específico de las personas que padecen problemáticas de salud mental vinculadas con patologías reactivas al abandono, al desamparo temprano o rechazo del otro, el hecho de no tomar la demanda con la que se presenta podría, en ocasiones, actualizar y redoblar este rechazo. Lo paradójico es que, de esta manera, la persona queda confrontada con el vacío y sin sentido vital que les provoca el rechazo, lo que puede generar actuaciones que culminen con la indicación de una internación que pudiera haberse evitado. Finalmente, otro aspecto de la atención tan importante como la interpretación de la demanda es que las indicaciones que realizamos se adecuen a las posibilidades reales de los/as pacientes de ser concretadas (accesibilidad a los turnos, a la medicación, a las curaciones, entre otros). El desafío es achicar esta brecha que muchas veces existe entre la indicación y su concreción lo que nos convoca a trabajar en la adecuación de las indicaciones y la creación de las condiciones de viabilidad de las mismas. Esto constituye la responsabilidad del equipo de salud tanto a nivel asistencial, como a nivel de la gestión hospitalaria. Desde este trabajo los/as invitamos al diálogo, a la reflexión, a la elaboración de estrategias creativas e interdisciplinarias entre diferentes actores involucrados en los procesos de salud enfermedad atención desde una perspectiva integral, integradora y que apunte a mejorar la calidad asistencial y la calidad de vida de las poblaciones vulneradas allí donde los abordajes tradicionales y los circuitos habituales de atención requieren ser repensados y flexibilizados. Notas -1- Carballeda, A. Los cuerpos fragmentados. La intervención en lo social en los escenarios de la exclusión y el desencanto. Ed. Paidós, Bs. As., 2008

Comentarios (1)

Vanesaabril 4, 2015 en 21:33

Como trabajadora social me desempeño en una institución educativa, y esta interpelación a los circuitos “tradicionales” de las instituciones es constante, conllevando a una permanente revisión y desafío a la creatividad de las estrategias a diseñar e implementar, y cuánto valor tiene una escucha activa del Otro que interpela!???

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