TRABAJO INFANTIL

Nacer y crecer trabajando en la ciudad de Buenos Aires.
El Trabajo Infantil como problemática estructural

Por Maia Gosiker (Para Margen) *

Introducción:

El Trabajo infantil en nuestro país continúa siendo una deuda que aún no ha sido saldada. Si en la actualidad 6 de cada 10 chicos menores de 18 años que residen en el Gran Buenos Aires son pobres, y ante la falta de un ingreso a las familias de índole universal o un trabajo digno para los padres de estos niños trabajadores pobres, estamos en un callejón donde no se vislumbra una salida posible (Pojomovsky, 2008: 192).

Para poder entender al trabajo infantil como la consecuencia de años de exclusión es necesario dar cuenta del modelo neoliberal de la década de 1990 caracterizado por la concentración y transnacionalización del capital, el papel cada vez más significativo del sector financiero, el desguace del Estado Nacional, la privatización de los recursos estratégicos y la desindustrialización. Todo esto supuso mayor flexibilización laboral, es decir, mayor precarización de las condiciones de empleo y el desplazamiento de una gran masa de trabajadores hacia la desocupación. Esta profunda transformación en la organización del trabajo modificó valores, creencias, ideologías, con un alto costo social, englobado en la exclusión social, como pérdida de ciudadanía, de derechos humanos básicos e inalienables.

En este contexto la mano de obra infantil toma el carácter de soporte familiar, son los niños y las niñas los que tendrán que salir a cubrir las necesidades básicas insatisfechas, siendo en muchos casos, la única estrategia de supervivencia familiar.

“En esas condiciones, los hijos adquieren funciones diferentes […] Es decir, pueden significar una posibilidad de subsistencia para la familia. En un primer momento suelen aportar el complemento para el ‘pan’ diario; más tarde, su actividad se transforma en la única fuente de ingresos, pasando a ocupar por efecto de ese aporte el lugar de sustento familiar que antes cubrían los adultos” (Grimma, Le Fur, 1999:96).

Nos proponemos con este artículo desnaturalizar y dar cuenta de una problemática que muchas veces se ha intentado, tanto de organismos internacionales como en ciertos efectores estatales disociar el análisis del trabajo infantil de las condiciones estructurales de empleo, pobreza e indigencia en el contexto histórico social (Naddeo,2007:311) En efecto las acciones oficiales destinadas a la erradicación del trabajo infantil han evidenciado debilidades en cuanto a su efectividad en la solución de una problemática compleja, reduciéndolo a causas individuales y utilizando políticas publicas focalizadas para su abordaje.

El Marco Normativo. ¿El Estado interviene?

Pensamos a la infancia y a las leyes que la regulan como una construcción social, de esta manera existe una relación práctica y conceptual entre trabajo infantil y lógica de periodización de la vida que constituye las subjetividades de cada época. (Urocla, 2003:2).

El Trabajo infantil data desde fines del siglo XVIII. Los niños realizaban actividades productivas de carácter fabril o familiar y participaban del comercio (Pojomovsky, 2008: 183). Es a partir del siglo XX donde el trabajo infantil cobra otra dimensión y comienza a ser problematizado. Ingresa de alguna forma u otra en la agenda del Estado. El niño era visto como un ser peligroso que debía ser curado y reinsertado correctamente. El trabajo entonces, cobra el papel “encauzador” para el niño desviado.

“La infancia ‘peligrosa’ debía ser ‘readaptada’ a través de un ‘trabajo regenerativo’ en asilos, institutos de menores, escuelas industriales y agrícolas, con el aval jurídico de la patria potestad del Estado”. (Pojomovsky, 2008: 183).

Siguiendo a Foucault (2006) y tomando al niño como un cuerpo a ser intervenido, éste se convierte en uno de los grandes objetos de los que el propio Estado debe hacerse cargo. El paradigma predominante era el de “Patronato” que asociaba de manera estigmatizante a la infancia y al menor de edad como lo incapaz, lo inferior y distinto. La ley 10.903 sancionada en el año 1919 fue la respuesta a esa forma de concebir la infancia orientada a ser normalizada. De la misma manera se le adjudicaba al niño la identidad de menor anulando su condición de sujeto.

“[..] ¿Cual era el objetivo de la ley tutelar? Los legisladores respondían: la protección del sujeto definido como menor. La idea era evitar el mal mayor atacándolo desde su raíz, que era la niñez callejera. El niño en calle era el futuro delincuente”. (Grimma, Le Fur, 1999:158).

Anteriormente, en 1907, se sanciona una ley que fija medidas de protección y control para los niños trabajadores y una edad minima para ser admitido al empleo: la Ley 5.291 sobre “Trabajo de mujeres y niños”, donde se fijaba la edad minima de diez (10) años. En diferentes periodos (1924, 1944, 1974) ésta ha sufrido modificaciones siempre vinculadas a la edad permitida para ingresar al ámbito laboral, sin abordar la temática como problemática en si misma, sino buscando instancias reguladoras, legitimantes en última instancia.

Paradójicamente en la década del ’90 hay un viraje en relación al paradigma vinculado con la niñez. Si anteriormente la forma de intervención era únicamente por medio de leyes que eran sancionadas para mejorar las condiciones laborales y de esa manera regular la edad minima de admisión a un empleo. Ese modelo comenzará a sufrir modificaciones como consecuencia de la Convención Internacional de los Derechos del Nino aprobada por las Naciones Unida en 1989, sancionada con fuerza de ley en nuestro país en 1990 y finalmente incorporada en la Reforma Constitucional realizada en el año 1994.
Este tratado plantea una nueva concepción de la infancia: pensar a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de Derecho y establecer que el Estado, las instituciones gubernamentales y la sociedad civil deberán garantizar el cumplimiento de esos derechos. (Naddeo, 2007:295). El viejo paradigma de “Patronato” es modificado radicalmente, anulando la idea estigmatizante de la minoría de edad como lo incapaz e inferior. Así mismo el trabajo infantil es puesto en agenda y comienza a ser una preocupación de Estado. Por su parte la OIT (Organización Internacional del Trabajo) intenta hacer visible la problemática, dejando en claro su postura en la cual considera fundamental escindir al trabajo infantil de cualquier fenómeno cultural.

“La OIT afirma que, hasta los años ’90 en el mundo no había conciencia de la existencia del trabajo infantil y era frecuente el menosprecio del problema considerándolo un fenómeno cultural inevitable” (Pojomovsky, 2008: 185).

Varias leyes fueron sancionadas e implicaron avances en cuestión de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes. En 1996, mediante la ley 24.650 se ratifica el Convenio 138 de la OIT donde se fija la edad mínima de admisión a un empleo en 15 años. En 1997 se crea la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), la cual se formaliza mediante el decreto 719 en el año 2000 y en el año 2002 se sanciona la ley 937 con aplicación en la Ciudad de Buenos Aires, sobre Erradicación del Trabajo Infantil, cuyos principales objetivos son la detección, prevención y erradicación del mismo. (Informe Ministerio de Trabajo, Unicef, 2005: 18). El organismo encargado de ser la autoridad de aplicación de esta ley es el Consejo de los Derechos de niños, niñas y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires. Este fue creado a partir de la sanción de la ley 114 de Protección Integral, en la Ciudad de Buenos Aires, reglamentación de la Convención Internacional de los Derechos del niño (CDN)

El Programa Contra Toda Forma de Explotación 1 se encuadra dentro de las obligaciones que le competen al Estado de acuerdo con la Convención de los Derechos del Niño, con jerarquía Constitucional a partir de la Reforma de 1994. De acuerdo con la normativa vigente para la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires debe, a través de las áreas competentes, garantizar la erradicación del trabajo infantil implementando los dispositivos y acciones adecuados para atender esta problemática y prevenir, detectar y asistir a la población afectada.

Atendiendo a las competencias específicas del Consejo de los Derechos, el programa asume las funciones de detección y derivación de dicha población, capacitación y sensibilización. Además, articula con áreas específicas del GCABA, organismos municipales y nacionales y organizaciones de la sociedad civil. Con este propósito ha estructurado su implementación a través de cuatro componentes: coordinación; detección, evaluación y derivación; observatorio sobre situaciones de explotación y monitoreo.

Su población objetivo son niños, niñas y adolescentes de menos de 15 años que realizaran alguna actividad económica en la Ciudad de Buenos Aires, y niños, niñas y adolescentes de hasta 18 años que se encuentran en situación de explotación sexual comercial en el ámbito mencionado.

Un problema, varias posturas

Pensar al Trabajo Infantil y al niño en situación de calle es un problema complejo que requiere varias interpretaciones y diferentes formas de análisis para su mayor comprensión. Seria interesante hasta repensar el por qué se le llama trabajo a esa actividad de intercambio y no se utilizan por ejemplo categorías como pedir, jugar, robar o cualquier otra cosa que englobe dicha actividad. Sin embargo más allá de la modalidad laboral que se adopte los niños asimilan dichas actividades como un trabajo al mismo tiempo que perciben el estigma social de la calle. (Grima y Le Fur; 1999: 71)

Desde el sentido común y el análisis espontáneo los niños y las niñas en calle son vistos como menores abandonados, victimas del maltrato familiar, institucional y social, sujetos afectados por su salud física y hasta delincuentes que gozan de inimputabilidad. (Grimma, Le Fur, 1999:20). De la misma manera los adultos son construidos socialmente como explotadores que viven del trabajo de sus hijos y que actúan así porque no desean trabajar, simplemente por una postura de comodidad o porque son parte de redes que explotan laborablemente a niños de su propia familia o de otras 2.

Desde el ámbito académico y reflejado en diferentes investigaciones también se observan distintas posturas en relación al trabajo infantil. Por su parte la CONAETI define al Trabajo Infantil “como toda actividad de comercialización, producción, transformación, distribución o venta de bienes o servicios remunerados o no, realizada en forma independiente o no al servicio de otra persona natural o jurídica, por personas que no han cumplido los catorce años de edad”. Frente a esta definición preferimos tomar la de Kirchensky (Grima y Le Fur; 1999: 78) ya que refleja un aspecto más amplio y abarcativo de la problemática.

“Por trabajo infantil debe entenderse, cualquier actividad de un menor de edad que, no ejercida con prevalente intencionalidad de juego, entrenamiento o nivel simbólico (aunque las incluyera como efecto secundario), contribuye a la satisfacción de las necesidades materiales básicas, estas últimas relacionadas con el desarrollo físico-biológico y con los indispensable procesos de socialización, en un contexto no individual sino familiar. Es con estas características que se ha descrito hasta aquí el trabajo infantil: una estrategia de supervivencia familiar involucrada en el sector no formal de la economía urbana.”

Siguiendo estas definiciones habría que analizar, si los hubiera, que aspectos positivos adquiere el chico en situación de trabajo en calle. Y por qué hay posturas más “flexibles” en relación al trabajo infantil. Mucho se ha hablado de los beneficios indirectos que el chico percibe estando en calle, entendiendo como un medio-ambiente de sociabilización y contención en última instancia.
Además puede pensarse que si el niño o niña realiza determinadas actividades, es porque se encuentran trabajando dentro del seno de una estrategia familiar o en muchas ocasiones se piensa que “es mejor que el niño este trabajando”, “haciendo algo” ya que por el contrario se encontraría “consumiendo sustancias en su lugar de residencia”. Esta idea muchas veces reproducida en diferentes ámbitos termina invisiblizando lo estructural del problema y quitándole al Estado la responsabilidad que le corresponde.

La posición de “Protección” o “defensa” sostiene que es necesario evaluar el contexto de aguda pobreza y las condiciones socioeconómicas que se encuentran las familias del niño que trabaja. Afirmando que el trabajo es necesario para su subsistencia y reconociendo a los niños como sujetos trabajadores.
Resguardando la idea de que prohibir el trabajo infantil es en última instancia precarizar aun más la situación. No conciben al trabajo como malo en sí mismo sino que el problema radica en las condiciones en las que el trabajo se encuentra. A la luz de esta postura no podemos dejar de mencionar las consecuencias, desde de diferentes aspectos, que tendrá un niño que se encuentra la mayor parte de su vida trabajando en ambientes desfavorables y peligrosos.

“Si bien la evaluación de los efectos negativos de la actividad laboral en la calle admite la posibilidad de contrastar estos trabajos de alto riesgo con otros, más protegidos y estructurados, que supondrían una socialización positiva y adecuada a las normas sociales vigentes, consideramos que el análisis no debería obviar que el problema se está considerando en términos relativos. Con esto queremos sugerir el posible riesgo de legitimar el trabajo en la infancia – en caso de realizarse bajo ciertas condiciones de protección familiar y/o legal – como un ámbito de socialización particular para un sector de la población infantil”. (Macri y otros; Jornadas de investigación social e infancia)

Otro tipo de consecuencias vinculadas a la salud pueden acarrear los niños que trabajan. Para mencionar sólo algunas: dolores, enfermedades crónicas y cansancio serán parte de su cotidiano. Este desgaste se ve acompañado por un desconocimiento significativo de los riesgos a los que los expone la actividad laboral, en función de la ausencia de los recursos simbólicos que les permitirían pensar críticamente la situación en la cual se encuentran inmersos.
Las diferentes actividades (visibles) que los niños realizan en calle pueden identificarse como venta ambulante, cartoneo, mendicidad, limpiavidrios, abre puerta, malabarismo, etc. Así mismo, podemos identificar al trabajo infantil (no visible) como el de servicio domestico, talleres y explotación sexual comercial entre otros. Todas y cada una de las actividades tienen características cualitativamente distintas pero causas y consecuencias no muy disímiles. La deserción escolar, trastornos en el aprendizaje y la irregularidad en su permanencia son una de las tantas consecuencias que gran cantidad de las niñas y los niños que trabajan padecen en su vida diaria.

Retomando las diferentes posiciones, frente a la de “Protección” encontramos a la Posición “Abolicionista”, en esta se postula la completa eliminación del trabajo infantil por provocar todas las causas negativas arriba mencionadas. Cabe recordar que los que propugnan esta posición son en la mayoría organismos internacionales como la OIT, UNICEF, etc. Y muchas veces su “intención” abolicionista puede confundirse con posturas punitivas y persecutorias frente a los niños y sus familias.

“Las acciones de prohibición del trabajo infantil que se han aferrado a una lógica correccionalista de eliminación y sanción del mismo, derivaron la mayoría de las veces en una persecución hacia el niño que trabaja en vez de denunciar y transformar el sistema de explotación en el que se inserta como trabajador. Así, el niño explotado es perseguido sin una propuesta que dé solución genuina y digna a su necesidad de trabajar para vivir” (Urocla, 2003:5).

A modo de conclusión:

A principio del siglo XX el Estado tenía una posición estigmatizante frente a la infancia y frente al niño, el trabajo era visto entonces como lo “correctivo” frente al niño desviado. Hoy nuestros debates radican entre abolir o legitimar al trabajo infantil, desde esa postura dicotómica se intenta pensar una problemática demasiado compleja que nos exige un mayor análisis del que le estamos dando. Pensando así continuamos invisibilizando las grietas, y poniendo un velo a las falencias que las políticas públicas no cubren.

Nos estamos encontrando con una tercera generación de niños y niñas que trabajan gran cantidad de horas en las calles de nuestra ciudad y que han introyectado la naturalización de la problemática junto con sentimientos de conformismo y resignación. Al igual que en el Siglo XX se continua estigmatizando y considerando como peligroso al niño en la calle. El Estado, desde un discurso esquizofrenizante, promulga leyes vanguardistas que protegen a los niños frente a cualquier vulneración de derechos, cuando toman cuerpo se transforman en políticas publicas focalizadas o criminalizantes frente al pobre, utilizando la violencia física y simbólica para controlar a través del miedo.

La desigual distribución de ingresos, de la riqueza, de la salud y de la educación, y la no existencia de una política de Estado que garantice una distribución más equitativa, son los factores que marcan, y que continuarán estando presentes en la vida cotidiana de los más pobres. Mientras esta situación no se modifique y no exista un política publica universal continuaremos compartiendo las calles con niños, que serán padres, luego abuelos y ahí estarán…

Bibliografía:

  • Foucault, Michel, 2006. Los Anormales, FCE, Buenos Aires.

  • Grimma, Jose Manuel, Le Fur, Alicia, 1999. ¿Chicos de la calle o trabajo chico?, Lumen/ Hvmanitas, Buenos Aires.

  • Macri, Mariela, Ford, Myriam, Berliner, Carolina. Ponencia presentada en “Pluralidades. Quintas Jornadas Nacionales de Investigación Social de la Infancia y Adolescencia, la Convención de los Derechos del Niño y las Prácticas Sociales”.

  • Naddeo, Maria Elena, 2007. Situación de los derechos de niños, niñas y adolescentes: Aportes para la discusión de las políticas publicas en la Ciudad de Buenos Aires, Cap 13 en Colombo, Jorge (editor), 2007. Pobreza y desarrollo infantil: Una contribución multidiscipliaria, Paidos, Buenos Aires.

  • Pojomvsky, Julieta, 2008. Cruzar la calle: niñez y adolescencia en las calles de la ciudad, Espacio Edtiorial, Buenos Aires

  • Unicef, Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad social, 2005. Despertando conciencia junto a la sociedad civil: para la prevención y erradicación del trabajo infantil, Buenos Aires.

  • Urocla, Marcos, 2003. El trabajo infantil en el escenario actual del mundo del trabajo, Publicación de Internet, www.jursoc.unlp.edu.ar/infancia/1aportes/comision2/URCOLA_ponencia. Rosario.


NOTAS

1 La descripción del Programa fue elaborada por todos sus integrantes. No es esta la versión completa sino un recorte adaptado para el articulo.

2 Gran parte de los llamados provenientes de la línea 102 del CDNNYA cuando se refieren a trabajo infantil lo informan diciendo: “hay chicos explotados por uno o varios adultos”.


* Maia Gosiker
Lic. en Sociología (UBA). Integrante del Programa de Erradicación del Trabajo infantil (PETI). Consejo de Derechos de niños, niñas y adolescentes perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.