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Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales
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Por Enrique Sdrech
Buenos Aires, 22 de marzo (por Enrique Sdrech para ANC-Utpba).-
En América latina el primer país donde la Antropología Forense se comenzó a aplicar en forma intensiva fue la Argentina. A partir de 1984 y con el Advenimiento de la democracia comienza a investigarse el destino de las casi 20.000 personas desaparecidas entre 1976 y 1983. Por toda la valiosa evidencia recogida por la CONADEP, los organismos de Derechos Humanos y por un sector de la Justicia, empieza a conocerse el destino de miles de personas.
¿Por qué esta referencia hoy, en marzo de 2001, cuando la Utpba se dispone a recordar al centenar de periodistas desaparecidos durante el negro período -entre 1976 y 1983- cuando en medio del accionar de los Grupos de Tareas impulsados por la dictadura militar se secuestraba y se asesinaba diariamente?
"Por comentarios confidenciales teníamos la certeza de que en ese lugar del Cementerio de Avellaneda se encontraban sepultados los restos no sólo de Rafael Perrotta, sino los de Haroldo Conti", comentó en su momento el licenciado Alejandro Inchaurregui, que encabeza el Equipo Argentino de Antropología Forense.
"Frente a ese hallazgo nosotros recomendamos a la Cámara Federal llevar a cabo un trabajo de rigor científico, ya que entendíamos se imponía allí un relevamiento completo, un trabajo con rigor científico. Teníamos la certeza de que bajo ese pequeño recuadro de sólo 10 metros por 24, cubierto de yuyos, se escondía algo siniestro, de magnitud", comentó el licenciado Alejandro Inchaurregui.
Y no se equivocó. El permiso definitivo fue otorgado por el entonces juez penal de La Plata Angel Nelky Martínez. La idea, en principio, era que independientemente de los restos óseos de Perrotta y de Conti, podían encontrarse allí los de otros periodistas, como el de María Teresa Cerviño, una muchacha tucumana que estudiaba Ciencias de la Comunicación en La Plata, cuyo cuerpo apareció un día de 1977 colgado en un puente de Lomas de Zamora.
Al mes y medio de labor habían sido exhumados 365 esqueletos enteros, todos con impacto de bala, la mayoría en la nuca. Hasta hoy fueron identificados tan sólo una decena. Es un trabajo ímprobo, titánico. Se deben cotejar causas judiciales, recortes periodísticos y testimonios de familiares de desaparecidos.
"Decidí que, de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor es el que más me convenía", escribió Rodolfo Walsh, en un texto autobiográfico de 1964.
Luis Guagnini, Héctor Oesterheld, Marcelo Gelman, Enrique Raab, Helado Marucco, Edgardo Sajón, Ignacio Iconicoff, María Bedoyan, Héctor Demarchi, son sólo algunos del más de centenar de compañeros periodistas desaparecidos. Cabe recordar que los escuadrones de la muerte creados por López Rega, precursores de los "Grupos de Tareas" de la dictadura militar, habían asesinado en febrero del ´74 al fotógrafo Julio César Fumarola -dirigente de la entonces Asociación de Periodistas-, cuyo cuerpo, con 60 perforaciones de bala, apareció en los bosques de Ezeiza, muy cerca de las piletas populares, predio del Ministerio de Bienestar Social. En setiembre del mismo año y casi en el mismo lugar que Fumarola, apareció acribillado a balazos el cuerpo de Silvio Frondizi, que al igual que Fumarola había sido secuestrado horas antes.
Nos parece que como cierre de esta nota, nada mejor que recordar una frase de Hernán Invernizzi, quien expresó en junio del ´86, al recordar el Día del Periodista: "A pesar de los serios problemas laborales hemos reclamado por nuestros colegas sin perder el entusiasmo que de ellos aprendimos y que ellos todavía nos alientan" (ANC-Utpba).
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