"Esta es una Cumbre
secuestrada por las corporaciones transnacionales". Lo advirtieron
antes y lo confirmaron durante la Cumbre Mundial de Desarrollo
Sustentable (CMDS) que concluye el 4 de septiembre en
Johannesburgo. Ambientalistas y movimientos sociales han
expresado su profunda preocupación por el peso y la gran
influencia que han ganando los lobbies empresariales para torcer el
proceso de la Cumbre a favor de sus intereses privados.
Informaciones periodísticas dieron cuenta que varias empresas
transnacionales (ETN) figuraron como patrocinadores de la
Cumbre. Hewlett Packard, transnacional informática, con asiento
en Estados Unidos, puso a disposición de los centros de prensa
centenares de computadoras y la gigante automotriz, Daimler
Crysler, "prestó" 1000 vehículos de lujo destinado a las
delegaciones oficiales. ¿Ayuda desinteresada?
Varios representantes de empresas transnacionales formaron parte
de las delegaciones de los países industrializados. Así por
ejemplo, el gobierno británico de Toni Blair incluyó en su delegación
a directivos de Río Tinto y Anglo American, dos empresas mineras
inculpadas por desastres ambientales en distintas partes del
mundo, incluyendo Inglaterra y Sudáfrica. Paradójicamente, en
principio, la delegación británica excluyó al ministro de Medio
Ambiente, Michael Meacher, quien solo fue integrado luego de
fuertes críticas de las organizaciones ecologistas Greenpeace y
Amigos de la Tierra, según la revista mexicana Proceso.
De contaminadoras a ecologistas
Las ETN "son las principales generadoras de contaminación y
extracción de recursos del mundo, así como también son
responsables de crear modelos de consumo insustentables",
sostuvo el investigador Martín Khor de la Red Tercer Mundo. Sin
embargo, ahora las ETN trataron de convencer de que no forman
parte del problema sino de la solución. Algunas empresas
petroleras, mineras, etc, conocidas por sus actividades destructivas
del medio ambiente, se han vuelto "verdes" y han asumido un
lenguaje "ecologista". Hablan frecuentemente de "desarrollo
sustentable" y se presentan como abanderados de la protección
ambiental y hasta preocupadas por la pobreza y el hambre en el
mundo, que ellos mismo ayudan a generar.
La British Petroleum, acusada de complicidad de violación de
derechos humanos en Colombia, se presentó en la CMDS como
líder mundial en la fabricación de paneles solares y como
promotora de proyectos de energía solar en comunidades rurales
de Filipinas.
La Shell, a la que una ONG le adjudicó el gran premio de "la más
mentirosa", no estuvo presente, pero si asistió a Johannesburgo la
estadounidense Texaco, recientemente fusionada con la Chevron.
La Texaco tiene pendiente en tribunales de Nueva York un juicio por
daños ambientales causados en la Amazonía formulado por
comunidades indígenas del Ecuador. Esta corporación extrajo, en
los últimos 25 años, unos 1 300 millones de barriles de petróleo de
la Amazonía, pero solo dejó una zona selvática contaminada por el
vertido de miles de barriles petróleo, utilizando, para ahorrar
costos, una tecnología denominada de no-inyección no permitida en
los países desarrollados.
La agenda corporativa
Desde la Cumbre de Río, las transnacionales no solo han crecido
en número sino en poder e influencia. "De las 100 mayores
economías del mundo, 51 son corporaciones globales y 49 son
países. Noventa por ciento de esas corporaciones se encuentran
en los países industriales, son responsables del 70 por ciento del
comercio mundial y poseen el 90 por ciento de toda la tecnología y
productos patentados", dice un comunicado de las Agencias
Ecuménicas de Ayuda y Desarrollo.
En la Cumbre de la Tierra, las grandes corporaciones participaron
con el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sustentable, creado
por el suizo Stephan Schmidheiny en 1990 con 48 dirigentes de
empresas de todo el mundo. Este Consejo trabajó codo a codo
con la Cámara de Comercio Internacional en una agenda que
priorizaba el libre mercado, las nuevas tecnologías y el crecimiento
económico como condiciones para lograr el "desarrollo
sustentable".
A partir de entonces, algunas corporaciones han experimentado una
metamorfosis increíble: de contaminadores se han transformado en
socios del "desarrollo sustentable". En 1995 reorganizaron el
Consejo Empresarial para el Desarrollo Sustentable, que pasó a
denominarse Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo
Sustentable, integrando a 150 empresa transnacionales de 27
países.
La Cámara Internacional de Comercio y el Consejo Empresarial
Mundial para el Desarrollo Sustentable crean, en abril del año
pasado, un nuevo instrumento: la Acción Empresarial para el
Desarrollo Sustentable que participó en el proceso preparatorio y
en la Cumbre de Johannesburgo. Este organismo es dirigido por
Mark Moody-Stuart, ex presidente de la Royal Dutch/Shell, una
compañía que ha llevado las fronteras del camuflaje ambientalista
más lejos que ninguna, según señala Corporate Europe
Observatory (CEO), organización con sede en Holanda, miembro
de Amigos de la Tierra Internacional.
Las ETN, sin embargo, no han presentado un bloque monolítico en
la arena internacional. Los más duros grupos de presión de las
corporaciones de Estados Unidos han trabajado por salvaguardar
sus propios intereses y han pugnado por frenar cualquier avance en
material ambiental para salvar el planeta. Con ocasión de la
Cumbre de Johannesburgo, 31 organizaciones y dirigentes
conservadores de Estados Unidos (entre las cuales se puede
mencionar al Instituto para la Competitividad Empresarial,
Estadounidenses por la Reforma Impositiva, Alianza por la Libertad,
Estadounidenses contra el control de la ONU) presionaron para que
George Bush, el presidente del país que es responsable de una
cuarta de las emisiones que provocan el calentamiento global, no
vaya a Río + 10.
Cabe recordar también que algunas de las ETN que hoy se han
declarado partidarias del desarrollo sustentable como la Shell,
Texaco, Amoco, Chevron, Chrysler, Dow Chemical, Du Pont, Exxon,
General Motors, Ford formaron parte del Global Clima Coalition
(GCC, por sus siglas en inglés) creado para oponerse a cualquier
reglamentación sobre las emisiones de gases de efecto
invernadero, prevista en el Protocolo de Kyoto. Teniendo como eje
central este último propósito, la GCC financió una campaña
publicitaria de 13 millones de dólares llevada a cabo por la
Asociación Americana de Fábricas de Automóviles.
En el limbo de la desregulación
En la última década, las ETN han ganado un enorme terreno para
influir en las decisiones de los diversos organismos de Naciones
Unidas. Las puertas de la ONU se les ha abierto de par en par a
las sociedades transnacionales con el llamado "Global Compact",
inaugurado el 25 de julio del 2000, en la sede de la ONU, en Nueva
York con la participación de 44 grandes sociedades
transnacionales y algunos otros "representantes de la sociedad
civil", sostienen la Asociación Americana de Juristas y el Centro
Europa Tercer Mundo en el folleto"¿Las Naciones Unidas harán
respetar a las sociedades transnacionales las normas
internacionales en materia de derechos humanos?".
"Entre las transnacionales que participan en el Global Compact,
agregan, se encuentran, entre otras, la British Petroleum, Nike,
Shell, Río Tinto y Novartis, con densos 'curricula' en materia de
violación de los derechos humanos y laborales o daños al medio
ambiente".
Cabe señalar también que la Cámara Internacional de Comercio fue
un participante muy activo en la Comisión de las Naciones Unidas
sobre Desarrollo Sustentable, el organismo que monitoreó la
aplicación de los compromisos de Río y que preparó Río+10.
Igualmente esta organización patronal lleva a cabo un cabildeo muy
activo en la Organización Mundial de Comercio y últimamente en las
reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad
de la Información, convocada por la ONU y la Unión Internacional
de Telecomunicaciones para fines del 2003.
Las grandes corporaciones se sienten muy a gusto con acuerdos
tipo Global Compac porque son de carácter voluntario y no implican
asumir normas obligatorias y vinculantes. Lo que apuestan las ETN
es a la autorregulación, mediante códigos voluntarios de conducta.
Para ellos basta con la "responsabilidad social de las empresas"
para lograr "un mundo mejor para todos".
Un código de conducta es un conjunto mínimo de principios y
normas ambientales, sociales y laborales que una empresa se
compromete a cumplir, asociándose a veces con observadores
externos (una ONG o una empresa auditora) que muchas veces
ellos mismos contratan y pagan. Estos códigos han proliferado en
la última década y han demostrado ser totalmente insuficientes
para frenar las violaciones de los derechos laborales y humanos o
impedir el deterioro ambiental del planeta.
Como son de carácter
voluntario, la empresa no está obligada a cumplir con lo que allí se
estipula, conociendo de antemano que no va a ser sancionada. La
principal crítica que hacen organizaciones de la sociedad civil es
que estos códigos no son mas que instrumentos de relaciones
públicas de las ETN, cuyo principal propósito es tranquilizar a los
consumidores del Norte preocupados por las espantosas
condiciones de trabajo y salarios de miseria que pagan a los
trabajadores las empresas subcontratistas de las transnacionales
en el Sur del planeta.
Ambientalismo de mercado
Varias redes ecologistas, organizaciones sociales, representantes
de iglesias y parlamentarios se pronunciaron en Johannesburgo en
contra del "ambientalismo de mercado" que proponen las ETN y por
la creación de instrumentos internacionales de carácter obligatorio
que encuadren la conducta ambiental y social de las grandes
corporaciones.
El reverendo Martín Robra, del Consejo Mundial de
Iglesias, señala que el lenguaje del proyecto de declaración de la
CMDS cambió en los últimos días. Por ejemplo, algunas
referencias con respecto a la responsabilidad corporativa han sido
eliminadas o debilitadas.
Robra expresa sus temores de que los
intereses del comercio global se impongan sobre el esfuerzo de
combatir la pobreza y de proteger el medio ambiente. "Se debe
adoptar un marco obligatorio para que rindan cuentas las
corporaciones para asegurar que la gobernanza económica global
sirva a todos y no solo a los ricos y poderosos", enfatiza. Por
último, dice que la ONU debe restituir la Comisión de Empresa
Transnacionales, bajo el mandato del ECOSOC, para que
establezca mecanismos regulatorios que aborden las relaciones
entre las prácticas corporativas y las obligaciones internacionales.
Una red de 222 parlamentarias críticas con el neoliberalismo,
creada en el marco Foro Social de Porto Alegre, se pronunció por
la creación de un sistema contractual internacional de
responsabilidad de las empresas, que exigiría a los inversores
privados a atenerse a las normas sobre el empleo y el medio
ambiente definidas por la legislación nacional y el derecho
internacional así como la instauración de un mecanismo de control
independiente.
Un primer paso en esta dirección sería la obligación de publicar un
informe sobre el comportamiento social y medioambiental así como
el reforzamiento de las directivas existentes para las
multinacionales. Además, todos los acuerdos multilaterales sobre
el medio ambiental deberían contener cláusulas sobre la utilización
de los recursos naturales y el control de las inversiones. Un código
de conducta voluntario no es suficiente para garantizar los derechos
de los ciudadanos y de las comunidades y el deber de las
empresas, agregaron.
Finalmente, Ricardo Navarro, presidente de la Red Amigos de la
Tierra, dijo a la publicación Tierra América, que el proceso oficial de
la Conferencia ha sido secuestrado por las grandes empresas y
que las ONGs tuvieron poca incidencia en la Cumbre porque a los
gobernantes les faltó voluntad política para contrariar los intereses
de las compañías transnacionales.