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Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales
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| NOTA DE OPINION
Por Eduardo Galeano
Año 1914, año 2001: Emiliano Zapata entra en el DF por segunda
vez. Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México.
Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas
están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos, y a la energía
creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.
Ante el mamarracho del proyecto de anexión y traición, ante el patético modelo de una Disneylandia de cuarta categoría, crece y crece este movimiento que sigue siendo local, con sus raíces hundidas en la tierra de la que brotó, pero que ya es, también, nacional. Puede cambiar, está cambiando, y en gran medida gracias al levantamiento indígena de Chiapas, este país que es de todos pero pertenece a poquitos y expulsa a sus hijos. Porque está muy bien que el gobierno quiera amparar a los mexicanos que se van, y que mueren al ritmo de uno por día por bala o por sed; pero más importante que el derecho de irse es el derecho de quedarse.
¿Y por qué tiene que meter la nariz un extranjero, vamos a ver,
en estos asuntos mexicanos, si ni siquiera tiene un pinche dólar invertido en el
petróleo ni en nada? Pues ocurre que este movimiento local, que se volvió
nacional, se ha saltado las fronteras hace rato. Nada de lo que en Chiapas ocurre, nada de lo que ocurre en México, nos es ajeno. En la patria de la solidaridad, no hay extranjeros. Somos millones los ciudadanos del mundo que ahí estamos sin estar estando. |