|
La masacre de Coronda y la
responsabilidad como sociedad
"Las cárceles actualmente son
lugares y máquinas de secuestro"
Osvaldo Marcón, un especialista en delincuencia
juvenil, analizó la realidad de los penales. Derribó
argumentos y buceó sobre el deber individual de cada
ser social para evitar estos desenlaces fatales.
Ivana Fux
¿Por qué catorce muertos? ¿Por qué
la muerte? ¿Por qué la saña? ¿Por
qué los jóvenes? "No sé qué es lo que conviene,
si tratar de descifrar cuál es el mensaje que ellos están
queriendo dar, o si lo que corresponde es tratar de entender
qué está pasando por detrás de estas víctimas".
Osvaldo Marcón es licenciado en Trabajo Social, psicopedagogo
y especialista en delincuencia juvenil. En diálogo con
El Litoral, intentó analizar la masacre en la cárcel
de Coronda, desde una perspectiva que nos involucra como sociedad.
"Creo que hay cosas de las que ni ellos ni nosotros
somos conscientes. En la sociedad hay como respuestas mecánicas
(se las pueden escuchar en las radios), y la reacción
emocional de los internos es la de justificar las conductas
propias y del otro. Pero hay más que eso, si logramos
tomar cierta distancia y dejar de `tirar piedrazos' de un lado
y del otro".
A su criterio, la cárcel en general, funciona como
una "máquina de secuestro", en este caso, de una de las
manifestaciones del conflicto social. El conflicto es con el
orden jurídico.
"La maquinaria está secuestrando en el sentido
estricto del término. Lo que hace es quitar (al interno)
del escenario social, de la vista de la gente, y esconderlo
dentro de cuatro paredes. Cuando lo quita, la gente piensa que
el conflicto deja de existir, pero sigue estando. Ahora, esa
máquina de secuestro de conflicto social necesita combustible".
El combustible no es más que "esta serie de explicaciones
que se comenzaron a dar sobre lo ocurrido, pero que no reflexionan
sobre lo que está pasando".
El combustible
"Necesitamos sentarnos a pensar". El especialista
repasó los fundamentos que se dieron desde el 11 de abril para
explicar lo ocurrido.
Lo primero fue `rosarinos vs. santafesinos'. "El
argumento se cayó a pedazos", resumió. Después,
se habló del hacinamiento, de una cárcel sin capacidad
para albergar a 1.400 internos. "Esto nos lleva a decir que
si ampliamos la capacidad de alojamiento, tendremos el problema
resuelto. Lo•c Wacquant en `Las cárceles de la miseria',
analiza la evolución del sistema carcelario desde que
se globaliza la doctrina de la tolerancia cero. Él sostiene
que los penales colmados aparecen en las décadas del '80 y
'90, aun en países desarrollados de Europa y en EE.UU. Entonces,
¿el problema es la saturación o es otro?".
Marcón se detuvo en otra advertencia de algunos
criminólogos: en América latina, la particularidad
es que la mayoría de los presos son pobres. "Entonces,
si ése es el problema, cuando seamos desarrollados vamos
a tener delincuentes en serio y no pobres como acá...".
El profesional rebatió también esta hipótesis. "Países
ricos o desarrollados como EE.UU. u otros de Europa tienen las
cárceles plagadas de negros y de inmigrantes; tampoco
ésta es la cuestión", sentenció. "Lo que
esto revela es que las cárceles siguen funcionando como
factores de control sobre los sectores que socialmente molestan.
Y así, en lugar de poner el conflicto en el escenario,
se lo secuestra y se lo pone detrás para que nadie lo
vea"..
Microfísica del poder
Marcón evitó responsabilizar a alguien en particular
por el funcionamiento de esta maquinaria. Más bien consideró
que todos, inconscientemente, somos partícipes de ello.
"Nosotros alimentamos permanentemente esto, desde lo
que Michel Foucault llama la `microfísica del poder'. Es
como decir que la culpa de Coronda la tiene el gobierno; es
cierto, en gran medida la tiene, pero ese gobierno hoy más
que nunca se maneja en función del mandato social. Lo
que la gente en general piensa es lo que el gobierno mira, y
opera en función de eso. Miran el resultado de la actuación
cotidiana de los ciudadanos. Y esa actuación es la base
a nivel micro del poder que luego se expresa a nivel macro".
Para Marcón, este aspecto es esencial. "Es necesario
analizar cómo hacemos las cosas cotidianamente para tener
estos resultados, porque siempre y en cada momento estamos haciendo
algo; todo aporta a una postura o a otra. El todo no va a cambiar
porque cambiemos una particularidad. Como dice Paulo Freire:
cambiar todo significa que cambiamos todos".
Éso es la microfísica del poder: "Las pequeñas
cosas; qué pensamos y cómo pensamos todos los
días"..
La violencia
La saña con la que actuaron los internos en Coronda
fue desgarradora. Marcón buscó una de las explicaciones
en la cultura. "Nuestras cárceles captan pobres; los
pobres, aunque suene feo, tienen un nivel bajo de escolarización.
Esto significa bajo nivel de cultura, y ello a su vez, la incorporación
de muy pocas herramientas -como el lenguaje- que le servirían
al sujeto para relacionarse y resolver conflictos".
Un ejemplo: cualquier universitario diría "seamos
civilizados" para determinar quién se sienta a la mesa
de café. "Pero esto de `civilizados y grandes' no funciona
así en los sectores menos instruidos. En realidad, lo
que hay es una utilización mucho más inmediata
del cuerpo y de lo físico para relacionarse. Nosotros
disponemos de palabras para hacernos entender; ellos no las
tienen, entonces, usan el cuerpo". Se trata de un "capital simbólico"
al que no pueden acceder para manejarse..
Los valores
¿Qué valores rigen, entonces, sus vidas? "Los
valores también se reprimen, dice Viktor Frank; de lo
que se trata es de generar condiciones para que pasen a ser
conscientes", sostuvo Marcón. "Estos pibes no es que
no los tengan, pero es necesario rastrear en profundidad sus
historias para despertarlos. Mi libertad, por ejemplo, no es
la misma que la de ellos; si yo no la tengo, pierdo mucho; ellos
no pierden nada. La vida para ellos no vale nada porque la línea
divisoria con la muerte está allí nomás.
Si sale de caño (a robar), sale a exponer la vida. Su construcción
del valor de la vida es distinta de la que podemos hacer nosotros".
Pero si se pretende una recuperación, aclaró,
es necesario ofrecerle al joven un horizonte que justifique
vivir por esos valores. "A veces decimos que cómo no
reparan en el valor de la familia. Pero qué familia;
para qué va a querer volver un chico a su casa si deberá
convivir hacinado con 15 hermanos, con su padrastro borracho
o pegándole a la madre; si será testigo de las relaciones
sexuales de sus padres...".
"Si no hacemos el esfuerzo de ponernos en esos
lugares, es difícil entenderlos. A veces, ellos comprenden mejor
nuestro discurso que es hegemónico y dominante; nosotros
no los vemos porque son subalternos. Cómo pedirles entonces
que no reaccionen frente a tamaña injusticia. Nosotros
somos los dueños del discurso, y ellos miran desde abajo
y dicen, `está muy bien, pero no llegamos.."', concluyó.
La nueva cuestión social
"El sistema tiene que permitir que el pasaje por
adentro de la cárcel tenga algún significado positivo".
Marcón consideró que es necesario actualizar algunas
concepciones.
El trabajo puede ser dignificante, pero puede haber
otras cosas que permitan darle sentido a la historia del interno,
que le permitan reflexionar sobre lo que pasó. Si logramos
que el sistema dé respuestas en ese orden, entonces será
eficaz.
Pero cómo aplicar la singularidad entre 1.400
internos... "El problema es que aquí nos seguimos rigiendo
por la vieja lógica de la cuestión social -respondió-,
donde se pensaban problemas típicos de una sociedad organizada
como la industrial. Allí aparecía una serie de
problemas, los estudiábamos estadísticamente y
en función de eso, adoptábamos soluciones. Y por
ese lado sigue yendo el razonamiento de la cárcel: a todos los
internos hacemos trabajar porque entonces a todos les resolvemos
el problema".
Marcón se detuvo en lo que se denomina "la nueva
cuestión social", que critica aquella vieja mirada, esa
intervención estadística que "ya no nos dice nada
porque la sociedad que vivimos ha cambiado".
El caso lo trasladó a los menores de la calle. "Muchos
sostienen que los chicos que duermen en la terminal deben ser
sacados de ahí y puestos en un instituto, pero ésa
es la respuesta vieja. Hoy, muchos de esos chicos tienen adónde
ir, pero no quieren volver. Y ése es el chico que posiblemente
va camino a Coronda. Sobre ese chico hay que intervenir y también
sobre quien está ya en el penal, pero de otra manera".
A su criterio, las soluciones viejas de la sociedad
industrial -educación para todos; trabajo para todos- ya no
sirven para la generalidad.
"En lugar de analizar las problemáticas masiva y
estadísticamente, deberíamos tratar de evaluar la
historia de cada uno desde una perspectiva social, desde la
singularidad de la historia de ese sujeto, y en función
de ello, ver qué es lo que se puede y conviene hacer",
aseveró.
El dato
No es casual, dijo Marcón, que en Estados Unidos
exista saturación de cárceles y se promuevan explicaciones
desde algunos sectores de poder que, en realidad, "quieren hacer
negocios". La tolerancia cero, que pretendía aplicarse
por seguridad sólo en Nueva York, "impregnó todos
los ámbitos y arrancó con un sistema penitenciario
privado que en 1983 tenía 0 plazas disponibles y en 2001
llegó a tener 280 mil plazas para ofrecer". Se trata de la
"privatización del sistema, cosa de la que también se
habló aquí en algún momento". El miedo
es la materia prima de las prósperas industrias de la
seguridad privada y del control social, dice Eduardo Galeano
en su libro "Patas Arriba".
|