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Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales
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Por Eric Toussaint
Bruselas, 23 agosto de 2001
La Argentina de hoy comparada a la de los años 1940-1950-1960 ha cambiado
fundamentalmente. Ha sufrido una regresión como potencia industrial periférica,
y hoy, la mayoría de la población argentina, vive peor que hace treinta años.
Entre el comienzo de la dictadura (marzo de 1976) y el año 2001, la deuda se
multiplicó casi por 20, pasando de menos de 8.000 millones de dólares a cerca de
160.000 millones. Durante ese mismo período, la Argentina rembolsó alrededor de
200.000 millones de dólares, o sea, cerca de 25 veces lo que debía en marzo de
1976 (ver tabla: )
Argentina demuestra hasta el extremo el carácter vicioso e infernal del
endeudamiento del Tercer Mundo (y el de la Periferia en general). A causa del
pago, y no a pesar de él, el país debe en el 2001 cerca de 20 veces lo que debía
a principios de la dictadura (gran parte de los préstamos han servido para
refinanciar deudas anteriores que vencían o para asegurar el pago de los
próximos vencimientos). Los pagos de la deuda argentina han sido y son todavía,
un formidable mecanismo de transferencia de riqueza producida por los
asalariados hacia los dueños del capital (sean argentinos o residentes de los
países más industrializados, comenzando por los EE.UU. y Europa occidental).
Más adelante en este texto veremos que los capitalistas argentinos se endeudaron
alegremente durante la dictadura y han colocado una buena parte de ese dinero en
el extranjero (vía fuga de capitales): La suma de los capitales colocados por
los capitalistas argentinos, en los países más industrializados y en los
paraísos fiscales, durante la dictadura es superior a los montos de las deudas
contraídas (se puede encontrar la explicación técnica de ese fenómeno en varias
obras de los autores: A. y E. Calcagno; Aldo Ferrer; M. Rappoport, 2001, p. 813
- 814, y en el fallo Ballestero, Poder Judicial de la Nación, 2000). Solo en el
período 1980-1982, las fugas de capital han llegado, según el Banco Mundial a
más de 21.000 millones de dólares (Rappoport, p. 825). Y un enorme regalo a los
capitalistas argentinos (y extranjeros): sus deudas fueron asumidas por el
Estado al final de la dictadura.
Desde entonces la deuda del Estado se ha agrandado con el peso de la deuda de
las empresas privadas ya que el mismo Estado asumió el compromiso frente a los
acreedores. A partir de esa época, los capitalistas argentinos han mantenido esa
política de evasión de capitales como si se tratara de un deporte nacional. A
tal punto, que se podría organizar un campeonato latinoamericano de evasión de
capitales y el equipo argentino podría intentar ganar el campeonato, pese a que
se encontrará con rivales importantes (los capitalistas brasileros, mexicanos y
venezolanos son peligrosos en la materia).
Por otro lado, las deudas de las empresas públicas que habían también aumentado
significativamente por decisión de la dictadura, no fueron canceladas salvo
cuando se emprendió su privatización. Los gobiernos posteriores a la dictadura
usaron el pretexto del endeudamiento de las empresas públicas para
privatizarlas, tomando la "precaución" de que el Estado asuma sus deudas antes
de privatizarlas (ver más adelante el caso de Aerolíneas Argentinas, la empresa
aérea argentina). Se trata entonces de otro regalo al capital argentino o
extranjero. ¡Es diabólico!
Después de un cuarto de siglo en ese escenario, el país está desangrado. Los
salarios y los beneficios sociales han caído terriblemente, el desempleo es
altísimo, los servicios públicos están en un estado lamentable, la pobreza se
extiende a sectores cada vez mayores de la población (incluyendo a sectores que
en el pasado vivían con un cierto confort), las cajas del Estado, están vacías,
una gran parte del aparato productivo está abandonado y el resto en manos
extranjeras. Ya no queda gran cosa a privatizar. La protesta social ya se
manifiesta (varias huelgas generales ya desde el 2000, cierre de rutas por los
"piqueteros", revueltas en ciudades pauperizadas y de barrios enteros).
Claramente, la Argentina es uno de los eslabones débiles de la cadena del
endeudamiento internacional. Posiblemente la cadena se romperá gracias a este
país. Pero no hay nada ineluctable. La crisis puede prolongarse durante años.
Los golpes que recibieron, durante la dictadura entre 1973 y 1983, las
organizaciones de trabajadores y los movimientos sociales en general todavía
marcan sus efectos, y si bien el pueblo argentino tiene cien razones para decir
"¡ya basta!", parece dudar ante un resultado imprevisible. La dirigencia
sindical no se juega a fondo en esta batalla fundamental. Sin embargo, visto
desde una perspectiva internacional, un cambio de actitud de Argentina respecto
de la deuda tendría repercusiones enormes.
¿La aprovecharán?
Con el fin de facilitar la comprensión de cómo se llegó a la situación actual,
en lo que concierne al endeudamiento, a continuación se presenta una vista en
perspectiva histórica, que comienza con la dictadura.
ARGENTINA: ENDEUDAMIENTO Y DICTADURA MILITAR
ENDEUDAMIENTO FORZADO DE LAS EMPRESAS PUBLICAS
Casi ningún monto de esa deuda en divisas extranjeras fue a parar a la caja de
la empresa; quedaron en manos de la dictadura. Bajo la dictadura, la
productividad del trabajador de YPF aumentó un 80%. El personal se redujo de
47.000 a 34.000 trabajadores. La dictadura, para aumentar las entradas a su
caja, bajó a la mitad el dinero por comisiones que iba a YPF por la venta de
combustibles. Es más, YPF fue obligada a refinar el petróleo que extraía, en las
multinacionales privadas Shell y Esso, aunque podía, dada su buena situación
financiera al comienzo de la dictadura, dotarse de una capacidad de refinación
acorde a sus necesidades (complementando la de sus refinerías de: La Plata,
Luján de Cuyo y Plaza Huincul). En junio de 1982, todo el activo de la sociedad
estaba prendado por las deudas.
EL ENDEUDAMIENTO DEL ESTADO
Las reservas no eran ni administradas ni controladas por el Banco Central. De
manera general, los empréstitos por sumas fabulosas contratados con los
banqueros del Norte eran inmediatamente recolocadas como depósitos en estos
mismos bancos o en otros bancos competidores. 83% de estas reservas fueron
colocadas en 1979 en instituciones bancarias de fuera del país. Las reservas se
elevaron a 10.138 millones de dólares y los depósitos en los bancos exteriores a
8.410 millones de dólares. El mismo año la deuda externa pasaba de 12.496
millones de dólares a 19.034 millones de dólares (OLMOS, 1990, p. 171 y 172). En
todos los casos, el interés recibido por las sumas depositadas era inferior al
interés pagado por la deuda.
La lógica de esta política para las autoridades que la organizaron era
Por su lado La Reserva Federal de los EUA, estaba mas que inclinada a apoyar la
política económica de la dictadura argentina, cuando una gran parte del dinero
de la deuda estaba depositado en los cofres de los bancos norteamericanos. Desde
el punto de vista de la administración estadounidense y del FMI, el
endeudamiento argentino hacía volver al regazo norteamericano a un país que
durante décadas había afirmado un nacionalismo crítico y había conquistado un
cierto despegue económico durante el régimen peronista.
CONFUSION DE ROLES
LA POST-DICTADURA MILITAR: EL GOBIERNO ALFONSIN Y LA IMPUNIDAD
A pesar de todo, después de la caída de la dictadura, el nuevo régimen
presidencial de Alfonsín decidió asumir el conjunto de la deuda, tanto privada
como pública, contraída durante la dictadura. Cuando los militares torturadores
obtuvieron la impunidad, los responsables económicos de la dictadura se
beneficiaron de la misma clemencia. Más grave todavía, la mayoría de los altos
funcionarios de la economía y de las finanzas quedaron en el aparato del Estado,
algunos incluso fueron promocionados.
EL ESTADO ASUME LA DEUDA DE LAS EMPRESAS PRIVADAS
El Estado argentino paga a los acreedores privados de estas empresas: Renault
France, Mercedez Benz, City Bank, Chase Manhattan Bank, Bank of America, First
Nacional Bnak of Boston, Crédit Lyonnais, Deustsche Bank, Société Générale.
Sintéticamente, el contribuyente argentino paga la deuda contraida por las
filiales de las multinacionales con sus casas matrices o con los banqueros
internacionales. Se puede sospechar que las multinacionales en cuestión hayan
creado una deuda de sus filiales argentinas por un simple juego de contratos.
LA OLA DE PRIVATIZACIONES
Nota: el mismo banco norteamericano Merril Lynch fue encargado por el presidente
brasileño Fernando Henrique Cardoso para que en 1997 evalúe la principal
sociedad pública brasileña la Vale do Río Doce (empresa minera). Merrill Lynch
fue acusado por numerosos parlamentarios brasileños de haber devaluado en un 75%
las reservas de minerales de la empresa. (Fuente: O Globo, 8/4/97, Brasil).
Además de YPF (vendida a la multinacional petrolera española Repsol en 1999),
otra flor argentina fue liquidada; se trata de la empresa Aerolíneas Argentinas
(vendida a la compañía aérea española Iberia). Los Boeing 707 que eran parte de
su flota fueron vendidos simbólicamente por un dólar (¡U$S 1,54 exactamente!).
Algunos años después, siguen sirviendo en las líneas de la compañía privatizada,
pero Aerolíneas debe pagar un "leassing" para utilizarlas.
PROCESO CONTRA LA DICTADURA
A pesar de estos compromisos y evasivas, se inició un proceso judicial, como
resultado de una denuncia hecha en octubre de 1982 por un ciudadano argentino,
Alejandro Olmos, cuando Argentina vivía todavía bajo la dictadura. Pese a todas
las dificultades, el proceso acabó por definirse en julio de 2000.
Este periodista valiente e infatigable consiguió que el tema de las
responsabilidades del endeudamiento del país, fuese objeto de investigación por
parte de autoridades judiciales. Múltiples audiencias a los responsables
económicos de la dictadura y a los responsables de las empresas públicas han
tenido lugar. El estudio de Guillermo Klein fue objeto de investigaciones y gran
cantidad de documentación relativa al período de la dictadura fueron embargadas
y colocadas en los cajas fuertes del Banco Central.
El fallo del 13 de julio de 2000 no produjo ninguna condena a personas
(fundamentalmente en razón de la prescripción) pero reveló la magnitud del
escándalo que constituye la deuda argentina.
Mientras la dictadura endeudaba al Tesoro Público y a las empresas públicas,
ella misma permitía a los capitalistas argentinos colocar en el extranjero
cantidades bien considerables de capital. Entre 1978 y 1981: más de 38.000
millones de dólares habrían salido de Argentina de manera "excesiva o
injustificada", ello estaba permitido fundamentalmente por el hecho de que cada
residente argentino podía comprar 20.000 dólares por día -que podían a
continuación ser colocados en el extranjero (p. 56-58).
En pocas palabras, el Estado se endeudaba mientras que los capitalistas
descapitalizaban alegremente al país. "Aproximadamente el 90% de los recursos
provenientes del exterior vía endeudamiento de empresas (privadas y públicas) y
del gobierno fueron transferidos al exterior en operaciones financieras
especulativas" (p. 102). Importantes sumas tomadas prestadas de bancos privados
de los Estados Unidos y Europa occidental, fueron a continuación depositadas en
esos mismos bancos.
Las empresas públicas como YPF han sido sistemáticamente puestas en dificultades
(p. 130).
Un ejemplo preciso de convivencia entre un Banco privado del Norte y la
dictadura argentina: entre julio y noviembre de 1976, el Chase Manhattan Bank
recibió mensualmente depósitos de 22 millones de dólares (esos montos aumentaron
posteriormente) recibiendo un interés del 5,5%, durante ese período, y al mismo
ritmo, el Banco Central argentino tomó prestamos de del mismo banco de Estados
Unido, el Chase Maniatan Bank a un interés del 8,75% (p. 165).
Las conclusiones del fallo son demoledoras para la dictadura, para los regímenes
que la han sucedido, para el FMI, para los acreedores privados...
La sentencia emitida por el tribunal enuncia claramente que: "la deuda externa
de nación (...) ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976
mediante la instrumentación de una política-económica vulgar y agraviante que
puso de rodillas el país a través de los diversos métodos utilizados, que ya
fueran explicados a lo largo de esta resolución, y que tendían, entre otras
cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados -nacionales y
extranjeros- en desmedro de sociedades y empresas del estado que, a través de
una política dirigida, se fueron empobreciendo día a día, todo lo cual,
inclusive, se vio reflejado en los valores obtenidos al momento de iniciarse las
privatizaciones de las mismas" (p. 195).
El fallo debería servir de base para una acción decidida para el no pago de la
deuda exterior pública argentina y para su anulación. Esa deuda es odiosa e
ilegítima. Los acreedores no tienen derecho a continuar recibiendo el servicio
de ese tramo de la deuda. Sus créditos son nulos.
Como las nuevas deudas contraídas desde 1982-1983 sirvieron esencialmente para
rembolsar las anteriores, ellas mismas están teñidas de ilegitimidad. Argentina
puede apoyarse perfectamente en el derecho internacional para justificar la
decisión de no pagar su deuda externa. Varios argumentos jurídicos pueden ser
invocados, entre los cuales cabe citar: la noción de deuda odiosa (la deuda
argentina fue contraída por una dictadura culpable de crímenes contra la
humanidad (los acreedores no pueden alegar desconocimiento de ello); la fuerza
mayor (al igual que los otros países endeudados, Argentina se confrontó a un
cambio brutal de situación a causa de la decisión de aumentar las tasas de
interés en forma unilateral por parte de los Estados Unidos a partir de 1979); y
el estado de necesidad (las finanzas argentinas impiden la prosecución del
pago, ya que éste imposibilita el cumplimiento de las obligaciones asumidas con
la firma de pactos internacionales en lo que respecta a los derechos económicos
y sociales de sus ciudadanos).
La suspensión de los pagos de la deuda debe ser completada por otras medidas
esenciales. He aquí algunas propuestas para el requerido debate.
Las distintas propuestas que anteceden constituyen pistas sobre una alternativa
al modelo neoliberal. No se trata de un programa para tomar o dejar. Se trata de
mostrar que existen soluciones si se desea dar la espalda a la lógica infernal
del endeudamiento eterno y a la dependencia que cada vez más acentuada.
Eric Toussaint
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