ARGENTINAZO


  • CINCO MUERTOS EN PLAZA DE MAYO, 22 EN TODO EL PAIS
    Publicado en Página 12 (Argentina)

    Fernando de la Rúa se fue como quien desangra

    En sólo 740 días de mandato, al ordenar una represión sin límites y dilatar su renuncia generando un vacío institucional, De la Rúa logró consumar el final más sangriento de la última etapa democrática.

    UN DIA SANGRIENTO

    • Las últimas dos jornadas de crisis social dejaron, en todo el país, 26 muertos. Por lo menos. Ayer, los fallecidos fueron 22 y los heridos se contaron de a cientos en Buenos Aires, la Capital, Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Corrientes, Chubut, Neuquén y Tucumán. En los más de cincuenta asaltos y saqueos a supermercados y comercios hubo quince muertos.
    • Un matrimonio coreano se suicidó en la desesperación por haber perdido su local, en Ciudadela.
    • Un joven de 21 años, identificado como Víctor Enrique, murió de un balazo en el cuello cuando participaba del saqueo a un supermercado en el barrio bonaerense Don Orione. A pocas cuadras, Roberto Gramajo, de 19 años, moría al sufrir un balazo en la frente.
    • Un adolescente de 15 años, Julio Flores, fue asesinado a balazos durante el asalto a un supermercado de Merlo.
    • Un chico de 14 años, Damián Ramírez, y Ariel Maximiliano Salas, de 30, murieron baleados durante un saqueo en Laferrère.
    • En San Francisco Solano, Quilmes, murió en un saqueo Pablo Marcelo Guías, de 23 años.
    • En Villa Centenario, Lomas de Zamora, fue asesinada una joven de 29 años.
    • Romina Iturain, de 15, falleció de un balazo cuando estaba en su casa, en Paraná, mirando cómo la policía reprimía una manifestación. Rosa Paniagua, de 13, murió por un disparo mientras la policía perseguía a saqueadores.
    • Otro adolescente fue asesinado en Córdoba cuando intentaba entrar en un supermercado del barrio Villa Allende.
    • En Rosario, cinco personas murieron, entre ellas dos mujeres. Otras 46 fueron heridas en saqueos y enfrentamientos. Los muertos fueron identificados como Claudio Lepratti, de 38 años; Graciela Acosta, 35; Juan Alberto Delgado, 28; Yanina García, 18; y Rubén Pereyra, 20.
    • En Cipolletti una mujer de 46 años murió tras un gresca con efectivos policiales que intentaban reprimir un saqueo.
    • En Corrientes hubo una persona muerta y quince heridas de bala.

  • Sangrienta represión. Tras los enfrentamientos hay por lo menos 23 muertos en todo el país
    Publicado en Diario Hoy de La Plata

    Es el saldo de los dos días de estallidos. Hubo cinco muertos en los enfrentamientos de la Capital Federal. El resto se produjo en otra jornada de saqueos en todo el país. Hubo centenares de heridos. Acciones legales contra el Gobierno renunciante por la represión. Indagaron a Mathov

    Cinco manifestantes asesinados a balazos, unos 25 heridos también por disparo de bala, y por lo menos 150 civiles y 50 policías que debieron ser hospitalizados, fue el saldo de la violencia desatada ayer en Plaza de Mayo y frente al Congreso Nacional.
    Pero las cifras negras del estallido crecieron en todo el país. En total fueron por lo menos 23 las personas asesinadas (ver recuadro), entre ellos cuatro menores, desde que comenzó el estallido social el miércoles pasado.
    En Capital Federal, el ex presidente Fernando de la Rúa, el hasta hoy ministro del Interior Ramón Mestre, y el saliente secretario de Seguridad, Enrique Mathov, fueron acusados como presuntos responsables de los asesinatos cometidos en los operativos contra manifestantes.

    Tanto es así que la jueza federal María Servini de Cubría citó a declarar a Mathov, y el fiscal Luis Comparatore definía anoche acciones contra Mestre y De la Rúa. Servini reprocha en su actuación que el Gobierno incumplió una orden expresa que había dado para “poner fin a la represión indiscriminada”. Una de las víctimas fatales murió al recibir un balazo en la espalda, otra al ser impactada en la cabeza y las restantes dos al ser baleadas en el pecho.

    Por lo menos otras 15 personas permanecían anoche internadas en distintos centros asistenciales porteños con lesiones de bala de plomo y al menos tres se encontraban en estado de “extrema gravedad” en el los hospitales Argerich y Ramos Mejía. Pero se calcula que los heridos superan los 150. Según informaron fuentes del SAME, los balazos que recibieron tanto las víctimas mortales como otros 25 lesionados son de plomo.
    Todos los muertos y heridos a balazos eran manifestantes que habían concurrido a protestar contra el Gobierno nacional a la Plaza de Mayo y frente al Congreso.
    Uno de los crímenes ocurrió frente al 701 de la avenida de Mayo, donde se encuentra el edificio del banco HSBC. Allí cayó un joven que recibió un impacto con ingreso en la zona delantera del cuello y salida en la nuca. Según testigos del episodio, el disparo habría partido de una pistola calibre 9 milímetros, ya que en ese lugar se hallaron cerca de 30 vainas servidas de ese tipo de proyectil.
    Otro de los asesinatos ocurrió en el cruce de las Rivadavia y 9 de Julio, donde otro joven fue baleado en la espalda. Al igual que el anterior, murió cuando era trasladado en una ambulancia del SAME al hospital Argerich. En medio de los mismos enfrentamientos, otra persona fue baleada en el pecho y falleció cuando era intervenida quirúrgicamente en el mismo hospital.

    Finalmente, en el cruce de Lima y avenida de Mayo, murió la cuarta víctima al ser alcanzada por un proyectil de plomo. En este caso, el cadáver quedó en el lugar por largo rato, ya que los médicos que acudieron fueron atacados por un grupo de manifestantes.

    A raíz de los enfrentamientos ocurridos en la Plaza de Mayo y frente al Congreso nacional, otras tres personas fueron heridas de gravedad y fueron asistidas en los hospitales Argerich y Ramos Mejía. Fuentes del SAME informaron que durante las protestas otros 25 manifestantes fueron baleados y cerca de 150 sufrieron lesiones de distinta consideración. La mayoría por piedrazos, palazos y golpes de distinta naturaleza. Los cálculos del servicio de emergencia mencionaban que se realizaron más de un centenar de traslados, entre heridos de bala, a golpes e intoxicados por los gases lacrimógenos.
    La Policía Federal, por su parte, informó que 50 efectivos de esa fuerza fueron internados en el hospital Churruca, aunque ninguno de ellos con heridas de gravedad.
    Según explicaron desde la Comuna porteña, “todos los móviles del SAME estuvieron afectados al operativo y sus intervenciones fueron a pedido de los manifestantes”.

    Los jóvenes fueron víctimas
    Al menos 17 personas fallecieron en distintos puntos del país por episodios de violencia registrados en los saqueos que continuaron ayer, y que junto a las víctimas del miércoles suman por lo menos 23. Ocho de las personas muertas se registraron en la provincia de Buenos Aires, seis en Santa Fe, una en Corrientes y la última en Río Negro.

    En el conurbano bonaerense un chico de 15 años fue asesinado de un tiro; otro adolescente de 14 años y un hombre recibieron balazos mortales en una carnicería de Laferrere; y un joven de 23 murió por un disparo en la cabeza en otro comercio de San Francisco Solano.
    En Don Orione ocurrieron dos homicidios: un muchacho de 19 años y otro de 21 fueron baleados cuando pretendían saquear sendos supermercados. También murió un chico de 20 años en Merlo y otro de 24 en Villa Fiorito. En Entre Ríos una chica de 15 años falleció en los enfrentamientos que efectivos de la fuerza mantuvieron con indigentes.

    En Santa Fe, la policía confirmó ayer la identidad de cinco personas muertas en saqueos e incidentes ocurridos en esa provincia, aunque no se difundió el nombre de un menor de 15 años asesinado de un balazo en la capital. En Corrientes, un enfrentamiento con armas de fuego entre indigentes y policías dejó como saldo un muchacho sin vida, por un disparo de itaka en el barrio Nuevo de la capital provincial, mientras que en Cipolletti, Río Negro, una mujer de 46 años que recibió un balazo en medio de los enfrentamientos entre la policía local y personas que saqueaban un supermercado.
    En cada provincia se produjeron centenares de heridos y varios miles de detenciones, mientras que sólo en Buenos Aires, se confirmaron a 2.400 personas demoradas.

OPINION
Esa costumbre de matar

Por Miguel Bonasso Con Ana, mi compañera, nos hemos pasado las últimas cuarenta y ocho horas entre la Plaza del Congreso, la Plaza de Mayo, la Plaza de la República y las calles interrumpidas, iluminadas por las hogueras, de una Buenos Aires a la vez cruel y redimida de tanta mierda como tuvo que trasegar en estos años.
En la madrugada de ayer, caminando por Diagonal hacia Plaza de Mayo, vimos cómo un policía -.bajo, retacón y nazi– se bajaba de un patrullero, pelaba la Itaka y le disparaba a quemarropa a un manifestante que le había arrojado una piedra. La agilidad del muchacho y el instinto de sus 17 o 18 años lo salvaron del impacto en la espalda desnuda. ¿El proyectil era de goma o de plomo como los que asesinaron horas después a cinco ciudadanos? Por suerte no lo sabré nunca porque el tiro no dio en el blanco.

En cambio sí llegamos a ver que el hombre que bajaba sentado las escalinatas del Congreso, como si tuviera miedo a pararse por la granizada de balazos que sonaba a sus espaldas, estaba herido. Malherido. Cuando se desplomó, su pecho se alzaba y bajaba por el shock y las ansias de la agonía. Más tarde, en casa, por la tele, supimos que se había muerto, desangrado. Como un símbolo de la ciudadanía, inmolado en la escalinata de un edificio vacío de contenido histórico y humano; habitado diz que por los representantes del pueblo de la Nación Argentina.

No pudimos acercarnos: dos metros adelante nuestro cayó una granada de gas lacrimógeno dentro de una empalizada. Y luego otra, detrás nuestro, en la acera de Avenida de Mayo. Por algún pudor especial no quisimos correr junto a otros manifestantes; caminamos lentamente hacia Rodríguez Peña, donde la multitud se iba encajonando perseguida por los balazos a granel de la Policía Federal. Un gas picante, más agresivo que el de nuestra época, ya nos perforaba las mucosas.
El sabor a cosa vieja, conocida, que nos traía el humo, las sirenas, las siluetas recortadas contra la neblina y el estampido de los escopetazos, nos arrebató la alegría feérica que habíamos experimentado horas antes frente al edificio de avenida Libertador donde vive (o vivía) el jubilado Domingo Cavallo. Nos arrancó de la mente la percusión extraordinaria del cacerolazo generalizado y hasta el reírnos de esa treta de García Márquez que el ex ministro había adoptado para huir del edificio, consistente en ponerse una máscara de goma con su propia efigie. Curiosa estratagema de un cobarde que, para no dar la cara, usa la propia.

Igual que en los setenta me pregunté por qué en este matadero de Esteban Echeverría las alegrías populares duran tan poco y son castigadas con décadas de silencio y oscuridad. Por qué en medio de los festejos debo ver un hombre con el pecho desnudo y el rostro destrozado de un escopetazo sobre las baldosas de la Plaza de Mayo que evocan, precisamente, la blanca sombra de los desaparecidos. ¿Por qué -.me digo– tengo que volver a ver toda esta sangre encima? Que no me llena de temor ni llanto sino de una cólera infinita y eterna, que me trascenderá.
Mientras el hijo le escribe el discurso -.que sigue siendo estólidamente “de campaña”– me pregunto si Fernando de la Rúa sabe que va a quedar en la historia como uno más de nuestros múltiples asesinos seriales. Y si lo entiende. Y si le importa. Y si se ha enterado, preocupado como está por el diálogo con los malandras más simpáticos del partido de enfrente, que a pocos metros de su despacho la Gestapo del gobierno radical sigue asesinando ciudadanos y golpeando Madres, como no lo hiciera -.allí al menos– la mismísima policía de la dictadura militar.

Recuerdo entonces lo que me decía el ex radical Arturo Jauretche (que los conocía bien), sobre la Semana Trágica, la Patagonia Trágica, el bombardeo del 16 de junio de 1955, los fusilamientos de junio de 1956, la complicidad de Ricardo Balbín con el fusilador Aramburu. Y la de Fernando de la Rúa con el desaparecedor Videla. Me pregunto a quién se le ocurrió resucitar al monstruo que, en tiempos de Massaccesi estaba en el pulmotor,y brindarle la Alianza, el poder y las nalgas. Tal vez el hombre cuyo domicilio fue atacado a balazos esta mañana por los “desconocidos de siempre”.

Veo, con pavor, que no solo tiran tiros, que también se quitan la máscara de periodistas amplios y tolerantes a que obliga la democracia y vuelven a los buenos tiempos del Batallón 601, como Enrique Llamas de Madariaga, que ayer distinguió tres clases de manifestaciones: la de los saqueadores subdivididos en quienes roban harina y quienes roban calefones; la de las familias pacíficas del cacerolazo y la de las “banderas rojas”, debajo de las cuales con vista de Guardia Civil vio desfilar a Rafael Bielsa.

Me indigna, pero pienso que no importan estas regurgitaciones del pasado oneroso porque, les guste o no les guste a todos estos señores que huelen a naftalina, lo que ha ocurrido se inscribirá para siempre en la historia de las grandes gestas populares. Como el día en que los argentinos dejaron de mirar para el suelo.